Una multitud acompañó el cortejo

| Despedida. Bajo la lluvia, miles de ciudadanos escoltaron el féretro del ex presidente | Cristina rogaba a los médicos para que lo salvaran

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BUENOS AIRES | AFP Y LA NACIÓN/GDA

Como en otros tiempos políticos, miles de ciudadanos corrieron y cantaron por Néstor Kirchner bajo la lluvia durante horas, después de pasar por su velorio. El cuerpo del ex presidente abandonó Buenos Aires acompañado por la mandataria.

De mañana la presidenta Cristina Fernández volvió a la Casa Rosada para el velorio de su marido, mientras comenzaba a llover a Buenos Aires. Un aplauso cerrado la recibió cuando llegó con sus hijos, Máximo, de 32 años, y Florencia, de 19, y al ingresar en la sala vestida de negro y con lentes oscuros.

Al igual que el día anterior, miles de personas pasaron ayer ante el féretro de Néstor Kirchner. Algunos cantaban cánticos políticos, otros recitaban poesías o daban discursos, embanderados con los colores celeste y blanco, dejando además flores y cartas para el líder muerto.

Con amigos, familiares, compañeros de militancia o en pareja; así, acompañados, co-mo suelen moverse, los jóvenes se convirtieron estos días en protagonistas en la Plaza. Apenas se conoció la noticia, se mudaron al centro porteño, y pasaron días enteros a la espera de un contacto con Cristina, a la espera de la despedida. Casi todos tenían menos de 30; habían llegado por separado pero estaban juntos. Muy cerca, a medida que la lluvia arrasaba. Muchos habían llegado con sus parejas o con amigos. Algunos se animaron a ir con sus hijos.

"Esto es lo mejor que nos dejó Néstor: la pasión", afirmó una joven. Cargaba a una beba en un brazo; con la otra mano la cubría para que no se mojara.

Ayelén Flores se alejaba hacia la calle Reconquista. Todavía emocionada por haber estado cerca de los restos de Néstor Kirchner, y bajo la contención de su madre, contó: "Cuando me enteré, sentí una gran desesperanza. Pensé que todo se venía abajo. Pero sé que vamos a seguir adelante; Cristina no nos va a dejar solos", dijo, con palabras entrecortadas, mientras secaba sus ojos ocultos por unos lentes oscuros.

"Lo que tuvo de bueno Kirchner es que volvió a abrir el debate e impulsó la militancia de los chicos", dijo Tomás. Estaba con un amigo, Nahuel, y se reconoció cercano al Gobierno desde la primera hora. Su compañero, en cambio, es mucho más reciente: "Ahora soy kirch-nerista. Desde la muerte de este tipo, soy kirchnerista".

Después de las 13, el caos de la Plaza se organizó al paso de los autos oficiales. Miles de jóvenes comenzaron una maratón entre policías, motos, periodistas y curiosos que se iban cruzando en el camino. Corrían y cantaban bajo la lluvia. Eran la multitud que anticipaba la llegada de los restos del ex presidente.

Eran Pasión. Cientos de jóvenes, con banderas, venían gritando. Encabezaban el cortejo, abrían paso al coche fúnebre que trasladó el cuerpo del ex presidente desde la Casa Rosada hasta Aeroparque. Acompañaron a Cristina al trote, mientras miraban de reojo al automóvil negro que llevaba los restos del líder justicialista. Cantaban con entusiasmo y así anticipaban el paso de la caravana.

Otras muchas personas tiraban papelitos desde las ventanas de los edificios, donde había gente con más carteles saludando el paso del cortejo. Los empleados públicos abandonaron sus oficinas y bajaron a la calle para saludar el coche a su paso.

Al final, cuando la caravana llegó a Aeroparque, la última imagen que quedó en Buenos Aires del político argentino más influyente de la década fue la de un ataúd cubierto con una bandera y llevado a pulso por la escolta presidencial hasta el avión. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner caminaba detrás, con sus hijos, protegida por un paraguas negro.

Otros funerales que también hicieron historia

La muerte de Néstor Kirchner convirtió la semana que pasó en una de esas que la historia registrará en sus páginas principales. Su funeral se sumará a los de otros líderes que marcaron la historia argentina de los últimos 77 años. El 3 de julio de 1933 murió Hipólito Yrigoyen. El 26 julio de 1952, Eva Perón. El primero de julio de 1974 murió Juan Domingo Perón y el 31 de marzo del año pasado, Raúl Alfonsín.

Cuando Yrigoyen murió sus restos fueron acompañados hasta el cementerio por miles de personas, que se volcaron a las calles de manera espontánea y sorpresiva, llamativa para los tiempos que corrían.

En julio de 1952, tras el muerte de Evita, el gobierno de Perón decretó un duelo nacional de 30 días. Su cuerpo fue velado durante 14 días, hasta el 9 de agosto. La procesión final fue seguida por millones de personas. Flores lanzadas desde los balcones acompañaron el paso del féretro.

Las imágenes del velorio de Alfonsín están frescas en la memoria. La ceremonia duró casi 24 horas. Dirigentes de todo el arco político se acercaron para despedirlo. Los restos del ex presidente radical fueron llevados por las calles acompañados por miles de personas en lenta procesión.

La lluvia enhebra los recuerdos. Los paraguas, los cielos grises y las caras empapadas aparecen en las imágenes de 1974 y en las de abril del año pasado. También en las del largo adiós a Eva Perón y en las que, a partir de hoy, se acumularán en el archivo. LA NACIÓN / GDA

LOS MOMENTOS DE LA DESPEDIDA

El fervor crecía al paso de la caravana

Decenas de miles de personas se volcaron a las calles al paso del cortejo. A medida que avanzaba iba creciendo el fervor popular. Bajo la lluvia, miles de partidarios aplaudieron y entonaron cantos peronistas en homenaje al ex mandatario, mientras depositaban flores y otros recuerdos sobre el féretro.

La última foto de Kirchner en Bs. As.

En el vuelo donde trasladaron los restos del ex presidente Néstor Kirch-ner viajaron su viuda, la presidenta Cristina Fernández, sus dos hijos, Máximo y Florencia, y más familiares y altos funcionarios del gobierno. Al menos tres aeronaves acompañaron el viaje del ex diputado a su tierra natal, Río Gallegos.

Cientos de miles fueron al velorio

Antes de que los restos del ex presidente Néstor Kirchner fueran trasladados hacia Río Gallegos, cientos de miles de personas pasaron por la capilla ardiente y dieron un mensaje de optimismo a la presidenta Cristina Fernández. Hubo cánticos políticos, rezos y gritos de todo tipo.

Últimos minutos en la sala de shock

EL CALAFATE | Lo tuvo entre sus brazos. No quiso que se le escaparan los últimos minutos de vida sin su presencia. Él ya no pudo sentir su mano. Ella nunca lo dejó de tocar. Lo acariciaba. Con una mano agarrada a la de él, con la otra en el pelo, la frente, la cara. Y se le fue. Así, en sus brazos.

Durante 50 minutos, con el esfuerzo de los médicos volcados sobre el cuerpo de Néstor Kirchner para reanimarlo, fue la presidenta la que estuvo a su lado en aquella sala de emergencias en la que la vida de su esposo se esfumó para siempre.

No podía hablar. Apenas balbuceaba. "No me dejes. Vas a poder", le decía Cristina en un llanto, con la espalda encorvada sobre el cuerpo inmóvil que yacía sobre la camilla.

Frente a ella, Kirchner se desmayó en la casa, y frente a ella se murió. Rodeada por 12 médicos, dos cardiólogos y cuatro terapistas. Le inyectaban drogas, le bombeaban su corazón manualmente. Nada.

Al llegar, la presidenta había bajado corriendo detrás de la camilla y se metió en la sala de emergencias. Nadie se animó a insinuar que no estuviera allí. Nadie se animó a interrumpir la escena de profundo dolor en la que vieron a la jefa del Estado.

En esa hora que duró la reanimación, los testigos privilegiados de la dolorosa escena coincidían en destacar el fuerte estado de shock en el que había entrado Cristina Fernández.

"Todavía estamos a tiempo", le rogaba a los médicos la jefa del Estado, esperanzada aún en revertir la historia. LA NACIÓN / GDA

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