Ayer, martes 3 de febrero, se cumplió un mes desde la captura de Nicolás Maduro en un operativo militar estadounidense en Caracas. La caída del dictador, ahora preso en Nueva York donde enfrentará un juicio por narcotráfico y otros cargos junto a su esposa, Cilia Flores, cerró una etapa en Venezuela, y abrió otra. Quedó atrás la irracionalidad que arruinó la economía del país con las mayores reservas petroleras del mundo -los consejos del pajarito de Hugo Chávez no dieron resultados-, y comenzó la del alineamiento con Estados Unidos por la fuerza de los hechos de lo que sigue del régimen chavista. La de Delcy Rodríguez -y sus laderos, su hermano Jorge y Diosdado Cabello- es una administración interina tutelada desde la Casa Blanca; el mensaje que recibieron fue claro: o hacen lo que se les dice o pueden correr el mismo destino que su exjefe.
En este mes Venezuela ha vividos cambios que hasta la caída de Maduro no estaban en la agenda del chavismo. Destaquemos tres: comenzó un proceso de restablecimiento de relaciones diplomáticas con Estados Unidos, cortadas desde 2019 -Rodríguez recibió el lunes a la nueva jefa de la misión diplomática estadounidense, Laura Dogu-; liberó a presos políticos y anunció una amnistía general -hasta la caída de Maduro ni siquiera admitía, como tampoco lo hace la dictadura en Cuba, que tenía personas privadas de libertad por motivos ideológicos-; y aprobó una reforma de la ley petrolera para abrir el sector a las empresas privadas. Tres decisiones dictadas desde Washington a las que los hermanos Rodríguez y Cabello dijeron amén.
¿La caída de Maduro es el fin del régimen chavista en Venezuela? No, por ahora no. Pero sí el inicio de una transición -que no está claro cuánto llevará- hacia una democracia.
Pero este mes no solo ha sido un punto de inflexión para Venezuela. Toda América Latina sintió el impacto de la caída de Maduro. Dos ejemplos bastan: el colombiano Gustavo Petro dejó atrás el discurso de trinchera contra Trump y ayer martes fue recibido en la Casa Blanca -“ha cambiado mucho su actitud”, dijo el republicano-; y Cuba ahora está en conversaciones con Estados Unidos, ya que tiene el agua al cuello porque dejó de recibir el petróleo que le enviaba Venezuela.
Además, Trump y Lula pasaron de la tensión a una relación distendida, al punto que se prepara una visita del brasileño a la Casa Blanca. Y el vecino de Estados Unidos clave para la región, México, también bajó un cambio.
El mes de la caída de Maduro ha sido tan vertiginoso, que ha dejado casi en shock a la izquierda regional.