JOAQUÍN ALMUNIA

"Trump no es un socio fiable para los europeos"

El próximo jueves 28, Almunia, referente de la política europea, dictará una conferencia en Montevideo. Será en el WTC Auditórium y se titulará “Los desafíos de la Unión Europea”.

Joaquín Almunia. Foto: AFP
Joaquín Almunia. Foto: AFP

En sus respuestas a un cuestionado que le hizo llegar El País, el político socialista español analiza el fenómeno migratorio en Europa, el proceso del Brexit, la relación del bloque europeo con Donald Trump y el futuro de un acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la UE, además de lo que espera de las próximas elecciones legislativas en España. “Los europeos —dice Almunia— no estamos blindados contra las amenazas que se ciernen sobre los valores y principios de la democracia liberal”.

—El título de su conferencia en Montevideo será "Los desafíos de la Unión Europea". Podríamos incluir en la lista el engorroso proceso del Brexit, las trabas de algunos países a los inmigrantes, el surgimiento de gobiernos populistas, los nuevos movimientos nacionalistas o los conflictos con Estados Unidos en la era Trump. ¿Cuáles son para usted los tres principales desafíos que tiene hoy el bloque europeo?

—La mayoría de los países miembros de la Unión Europea se vieron golpeados muy duramente por la crisis que estalló hace más de una década. Incluso hubo en algún momento riesgos de que nuestra moneda única, el euro, pudiese verse afectada, lo que hubiese significado un cataclismo económico y político. Hoy lo peor de aquella crisis forma ya parte del pasado, pero seguimos necesitando una estrategia de crecimiento sostenible e inclusivo. Junto a ello, Europa necesita recomponer el contrato social que nos permitió durante muchas décadas mejorar simultáneamente nuestras cotas de bienestar material y de cohesión social. Y por supuesto, los europeos no estamos blindados contra las amenazas que se ciernen sobre los valores y principios de la democracia liberal. La Unión Europea está fundada en esos valores, sin cuyo respeto y profundización nuestro proyecto colectivo carece de fundamento.

—Gobiernos como los de Italia, Austria y Hungría, entre otros, están marcando claramente una política antiinmigrantes en la UE, en contra de la posición de países como Alemania, Francia y España. Usted declaró a fines de 2018 que en Europa hay un "miedo irracional a que nos invadan los inmigrantes". ¿En qué basa esta afirmación? ¿Quién o qué fomenta esos miedos?

—La población de la Unión Europea necesita recibir flujos de inmigrantes para compensar nuestro declive demográfico. Sin las personas que vinieron a Europa para vivir y trabajar dentro de nuestras fronteras, estaríamos perdiendo población. Eso ya sucede en una serie de países de la UE. Y la tendencia al envejecimiento no se puede contrarrestar en el corto plazo con estrategias de recuperación de tasas de natalidad, sin duda necesarias. Por lo tanto, la llegada de inmigrantes no es una amenaza, sino una oportunidad. Pero es cierto que algunas voces de signo populista, cuando no puramente xenófobo, intentan crear miedo entre nuestros ciudadanos. Miedo a la pérdida de nuestra identidad, o a la ocupación de empleos en detrimento de los trabajadores nacionales. Hay que combatir esos miedos con determinación, antes de que se produzcan fracturas sociales de difícil reparación.

En Alemania reciben a miles de inmigrantes. Foto: Reuters
Inmigrantes en Alemania. Foto: Reuters

—El Brexit ha resultado ser para el Reino Unido más problemático de lo que se preveía cuando el referéndum de 2016. ¿A qué atribuye usted el actual bloqueo político británico, cuyo parlamento no logra aprobar el acuerdo alcanzado entre la primer ministra Theresa May y la UE? ¿Cree que los británicos están de alguna manera arrepentidos de haber aprobado la salida de la UE?

—El referéndum británico de 2016, que abrió las puertas del Brexit, fue una iniciativa absolutamente irresponsable. Los intereses británicos se han visto mucho mejor protegidos desde su pertenencia a la UE que ahora, en el momento en que atraviesan la puerta de salida. Durante las negociaciones con los 27 miembros de la Unión, ni el gobierno ni el parlamento británicos han podido encontrar una posición que contase con un apoyo mayoritario, todas las posibles alternativas se han visto rechazadas hasta ahora. Yo pienso que tras unos años de reflexión sobre los errores cometidos, el Reino Unido reflexionará con serenidad y pragmatismo y volverán a considerar la posibilidad de reingresar en la UE.

—¿Teme que si se concreta la salida del Reino Unido de la UE, otros países sigan ese camino?

—En absoluto. La penosa experiencia británica en estos años ha actuado como un factor de unidad de los demás miembros de la UE, y ha disuadido a quienes pudiesen entrar a considerar seguir la senda del Brexit.

—La canciller alemana, Angela Merkel, ya anunció su retiro de la política. Por años, Merkel ha sido una de las voces referentes en Europa. ¿Quién se perfila para ocupar ese lugar? ¿Ve a Emmanuel Macron en ese papel?

—En los próximos meses se van a renovar los liderazgos en las instituciones europeas. Empezando por la elección del nuevo parlamento europeo, siguiendo por la del presidente de la Comisión Europea, del presidente del Banco Central Europeo, del Consejo Europeo, etc. A finales de este año tendremos un panorama más claro para responder a su pregunta. Emmanuel Macron ya viene desempeñando un papel de liderazgo importante, con sus múltiples iniciativas para relanzar y reforzar el proyecto europeo, y sin duda seguirá siendo una referencia imprescindible. Quien suceda a Angela Merkel al frente de Alemania también lo será, sin duda alguna. Y junto a ellos, otros responsables nacionales deberán sumarse a esa tarea, pues Europa es un territorio político suficientemente extenso como para contar sólo con una o dos personalidades al frente.

Angela Merkel y Emmanuele Macron. Foto: EFE
Angela Merkel y Emmanuele Macron. Foto: EFE

—El presidente Donald Trump ha tenido varios choques con la UE, o al menos con los países referentes del bloque por cuestiones comerciales y hasta por los aportes a la OTAN. ¿Sigue siendo Estados Unidos un socio confiable para la UE? Merkel ha insinuado que no.

—Desde luego, Trump no es un socio fiable para los europeos. Sus propias palabras lo atestiguan. La UE está tomando conciencia de que debemos asumir sobre nuestros hombros responsabilidades que desde el final de la Segunda Guerra Mundial las habíamos delegado a Estados Unidos. Preservar nuestra alianza transatlántica es perfectamente compatible con la aspiración de que la UE juegue un papel mucho más activo y autónomo en el plano global. Europa tiene que asumir la iniciativa para recomponer las piezas del orden multilateral que se han deteriorado seriamente en los últimos tiempos. Debemos liderar las acciones encaminadas a avanzar en la gobernanza de la globalización pensando en las necesidades de los ciudadanos, y no subordinando éstas a los intereses de las grandes empresas multinacionales.

—El Mercosur y la UE están embarcados desde hace años en negociaciones sobre un acuerdo de libre comercio, sin que los sucesivos gobiernos en ambos bloques hayan avanzado mucho. ¿A esta altura, cree viable un acuerdo? ¿A la UE le interesaría más negociar con la Alianza del Pacífico que con el Mercosur?

—Desgraciadamente, la historia de las relaciones entre el Mercosur y la UE está plagada hasta ahora de expectativas frustradas y de negociaciones infructuosas. Quiero creer que el deseado acuerdo es posible. Es más, a la vista de cómo evolucionan las relaciones económicas internacionales entre las grandes superpotencias, pienso que el éxito de esas negociaciones es más necesario que nunca. La UE tiene relaciones comerciales, económicas y de cooperación con prácticamente todas las regiones del mundo, así que no veo ninguna razón para relegar a un segundo plano nuestro interés en lograr un acuerdo con el Mercosur.

Legislador, ministro y comisario europeo

Joaquín Almunia (70) es miembro del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y tiene una larga trayectoria como legislador, ministro y en organismos de la Unión Europea. Sus orígenes se remontan a la década de 1970, primero como dirigente sindical en la UGT y luego como diputado socialista por Madrid, cargo que ejerció hasta 2004. Durante los gobiernos de Felipe González fue ministro de Trabajo y Seguridad Social (1982-1986) y de Administraciones Públicas (1986-1991). También fue portavoz del PSOE en el Congreso por tres años y secretario general del partido. En política internacional, fue comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios entre 2004 y 2010, y vicepresidente de la Comisión Europea y comisario europeo de Competencia entre 2010 y 2014. Almunia acaba de ser designado por la UE para una evaluación independiente del programa de rescate financiero a Grecia, que concluyó el año pasado. Deberá presentar un informe en junio de 2020 para valorar "la relevancia, la eficacia y la cooperación y coordinación" con la que se ejecutó el rescate. Ha publicado varios libros. En los dos últimos —"Ganar el futuro" de 2018 y "Europa como espacio económico: un proyecto innovador y posible" de 2008— desarrolla su visión sobre el continente europeo. Licenciado en Derecho y Ciencias Económicas en la Universidad Comercial de Deusto, completó sus estudios de posgrado en lÉcole Pratique des Hautes Études en París.

"Sin acuerdo entre bloques, la gobernabilidad será difícil"

A mediados de febrero, con apenas ocho meses en el gobierno, el presidente español, el socialista Pedro Sánchez, se vio obligado a convocar elecciones anticipadas, que se realizarán el próximo 28 de abril. Sánchez tomó esta decisión ante el bloqueo político en el congreso que hizo fracasar la votación de los presupuestos. Los independentistas catalanes, que habían apoyado a Sánchez en el voto de censura que hizo caer al gobierno de Mariano Rajoy (Partido Popular), esta vez no lo acompañaron y junto al PP y Ciudadanos forzaron al presidente a adelantar las elecciones. Una de las expectativas para abril es si Vox, el partido de extrema derecha que sorprendió en Andalucía y se unió al PP y Ciudadanos para desplazar a los socialistas en esa región, seguirá ganando terreno en la política española.

—Recientemente España ha vivido varias crisis políticos: la movida independentista en Cataluña, la caída del gobierno de Mariano Rajoy y ahora el adelanto de las elecciones bajo el gobierno de Pedro Sánchez ante la falta de apoyo parlamentaria. El surgimiento de Vox en Andalucía ha sido una novedad para la política española, y se maneja una alianza con el PP y Ciudadanos. ¿Ve esto posible? ¿En España se llegó al fin del bipartidismo entre el PSOE y el PP?

—Las elecciones legislativas se celebrarán en unas pocas semanas, el 28 de abril. Es difícil predecir un resultado, pero me atrevo a avanzar que la suma de las derechas —PP, Ciudadanos y Vox — no va a poder repetir un acuerdo como el que lograron recientemente en Andalucía. En España el sistema de partidos ha pasado en estos últimos tiempos del "bipartidismo imperfecto" a un sistema de bloques: por un lado, la izquierda de PSOE y Podemos, por otro las derechas y alejados de unos y otros, los representantes del independentismo catalán, que no están dispuestos a apoyar a unos u otros. Si esos bloques no empiezan a dejar resquicios para establecer acuerdos entre miembros de unos y otros, la gobernabilidad va a ser muy difícil, como se ha demostrado con la imposibilidad de Pedro Sánchez para mantener un apoyo suficiente en el Parlamento.

—En su libro Ganar el Futuro, usted analiza el papel de la socialdemocracia europeo en el proceso de integración, pero subraya que ha llevado el momento de renovar el modelo. ¿Hacia dónde debe dirigirse? ¿Qué amenazas ve al modelo socialdemócrata?

—La socialdemocracia, tal como la hemos conocido en el último cuarto del siglo XX, está sometida a la necesidad de renovarse en profundidad, como ya lo hizo en el pasado. Su estrategia económica no está suficientemente adaptada a la globalización y a los cambios tecnológicos. Sin ella, pierden eficacia sus instrumentos para avanzar en la actualización del Estado de Bienestar obligada por los cambios sociales, muchos de ellos promovidos por las propias políticas socialdemócratas. En fin, las bases electorales de la izquierda han sufrido una profunda transformación. La identidad de clase ya no es el factor decisivo para delimitar los apoyos políticos y electorales. Todo ello requiere una visión transformadora, no conservadora. Las nostalgias de un pasado glorioso no pueden ser la referencia de los cambios necesarios. Pero si estos se producen, como espero, el futuro de la socialdemocracia será tan brillante como su historia pasada.

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