ROBERT W. GEE, THE NEW YORK TIMES
En Israel, todo el mundo tiene una historia: algunas de penurias, otras de triunfo, y, con mayor frecuencia, de ambas cosas. Juntas, entretejen una narrativa diversa y rica que refleja el nacimiento y el crecimiento del Estado judío.
Israel comenzó a celebrar su 60 aniversario el jueves 8 de mayo. Estas son las historias de tres israelíes comunes, de la misma edad que su país. Son tres historias de Israel.
EL SABRA. Yossi Vardi nació en diciembre, en el primer año de Israel. Es un "sabra", un nacido judío israelí, el hijo de un inmigrante polaco y nieto de pioneros rusos que fundaron un kibutz en 1910, en tierras que habrían de convertirse en Israel.
Nació, creció y aún vive en ese kibutz, llamado Degania, una aldea idílica de 500 habitantes, en el lugar donde el mar de Galilea fluye en el río Jordán.
Las comunidades colectivas, basadas en la agricultura, que fundaron inmigrantes judíos que llegaron de Europa, promovieron el concepto de redimir la tierra por medio del trabajo duro, y se convirtieron en el centro del punto de partida del Estado judío.
Creció cultivando naranjas, bananas, dátiles y aceitunas. Posteriormente, operó una fábrica, y después fungió como jefe del kibutz. Desde 2002, ha sido el líder elegido de un consejo regional de 22 comunidades judías, incluidos 17 kibutzim (el plural hebreo de kibutz).
No obstante, su concepción del mundo adquirió forma en 1967. Cuando estaba en el último año de enseñanza secundaria, los hombres adultos de Degania combatieron en la Guerra de los Seis Días, una derrota rotunda de sus vecinos árabes. Entre los territorios que capturó Israel están: el este de Jerusalén, Cisjordania y la Franja de Gaza.
En la actualidad, Vardi califica el resultado de una victoria vacía, porque le planteó a Israel un dilema aún no resuelto: quería tierras mas no a la gente, los palestinos.
Durante su servicio militar obligatorio, Vardi sirvió como oficial de inteligencia en la Guerra con Egipto, de 1968 a 1970. Posteriormente, combatió en la guerra árabe-israelí en 1973, conocida en Israel como la Guerra de Yom Kippur.
Cruzó el Canal de Suez en una división blindada, bajo el comando de Ariel Sharon, que décadas después fue primer ministro. Muchos israelíes consideran la ofensiva un momento decisivo de la guerra.
Vardi retornó al ejército en 1999 para trabajar como asesor de Ehud Barak, que era primer ministro y ministro de Defensa. Barak también creció en un kibutz, y sus padres eran amigos de los de Vardi.
El segundo levantamiento palestino estalló un año después, y Barak tuvo que dejar el cargo en 2001 tras una votación desfavorable para él. Desde entonces, se ha vuelto más distante la perspectiva de la paz con los palestinos.
A Vardi le inquieta el futuro del kibutz y la naturaleza judía del país. Los jóvenes están abandonando los kibutzim.
Al igual que muchos kibutzniks e israelíes seglares, él apoya una solución de dos Estados y responsabiliza a los extremistas en ambos lados por no haber podido hacer la paz.
"Si nosotros no hacemos ninguna concesión nos va a derrotar la demografía palestina", dice sobre la tasa de natalidad comparativamente más elevada entre los árabes. "Y esa es la mayor amenaza para el Estado de Israel, más que el programa nuclear iraní, más que Hezbollah, más que Hamas".
LA INMIGRANTE. Leah Brosh nació en el barrio judío de la ciudad medieval de Fez en Marruecos, como la hija de un orfebre prominente.
Sin embargo, en 1955, en medio de las inquietudes por el sentimiento antijudío y la asimilación de la comunidad judía allí, su padre dejó detrás sus posesiones y llevó a su esposa y seis hijos en un viaje de dos meses a Israel.
"Recuerdo que estaba muy triste por tener que irme", dice Brosh. Estaban entre los casi 25.000 judíos marroquíes que se mudaron a Israel ese año.
Durante los 50, la mayoría de los judíos que vivía en el mundo árabe migró a Israel de conformidad con la Ley del Retorno, que otorgaba a todos los judíos el derecho a la ciudadanía israelí. Conocidos como judíos mizrahi, o del Este, hoy en día constituyen casi la mitad de la población israelí judía, de 5,4 millones de habitantes.
No obstante, el país no estaba preparado para la gran cantidad de personas que llegó. La mayoría vivió en campamentos levantados precipitadamente antes de mudarse a viviendas permanentes.
Leah recuerda haber estado hacinada con su familia durante cuatro meses en una choza de cinc de un solo cuarto, sin electricidad ni instalación sanitaria. "Fue muy traumático. Mis padres se esforzaron muy duro para hacer que las cosas parecieran estar bien en la superficie, pero creo que muy dentro, sintieron que habían cometido un error enorme".
Las autoridades israelíes habían prometido a su padre, Eli El-Alouf, una casa en Jerusalén; en su lugar, les ofrecieron un departamento modesto en Sderot, un así denominado pueblo urbanizado designado para los inmigrantes. Está ubicado en el desierto, lejos de Jerusalén.
En las últimas décadas, escritores y activistas mizhrahis han criticado al Estado por lo que percibieron como prácticas discriminatorias, en particular durante los años cincuenta. "Ahora comprendo que no había ashkenazim (judíos europeos) en el campamento", dice Brosh.
Su padre encontró trabajo cavando un refugio antibombas en un kibutz cercano. Después del primer día, regresó cubierto de tierra, con ampollas en las manos. "Todos nos sentamos y lloramos. Parecía que nos había ocurrido un verdadero desastre". Su padre nunca se dedicó a la orfebrería en Israel. "Cada vez que hablábamos de Marruecos, se le encendían los ojos", dijo sobre su padre ya fallecido. "Por otra parte, al final, estaba feliz de estar en su país. Siempre recuerdo que mi padre decía que si todo el mundo hubiera dicho que era demasiado duro, que era demasiado difícil, entonces los judíos nunca habrían tenido un país".
Brosh y sus hermanos aprendieron hebreo en la escuela. Era tan desesperado el deseo de sus padres de que sus hijos se integraran que sólo hablaban hebreo en su casa, aun cuando ellos lo estaban aprendiendo por sí solos.
Brosh se casó con Shalom Brosh, también marroquí, cuando ella tenía 16 años, y trabajó como administradora de una escuela de enseñanza media por 31 años. Tienen cuatro hijos que ahora viven en el área de Tel Aviv; ella y su esposo aún viven en Sderot, una ciudad de obreros con casi 20.000 judíos, en su mayoría de ascendencia marroquí, rumana y rusa.
A últimas fechas, esta ciudad se ha distinguido por ser el frente más reciente de Israel en su conflicto en curso con extremistas palestinos. Miles de cohetes de fabricación casera lanzados de la cercana Gaza han dado en el blanco, en Sderot. Han muerto 11 israelíes por esos cohetes desde 2001, 10 de ellos ahí.
Brosh, al igual que muchos en Sderot, responsabilizan a Hamas y al gobierno israelí por no haber protegido al pueblo.
EL ÁRABE. Sabri Abu Haykal no escogió ser israelí; más bien, dice, el país llegó a él. Nació meses después de que sus padres huyeron de su hogar ancestral -la aldea de Beit Neqouba, en las montañas al oeste de Jerusalén- durante los combates más duros de la guerra árabe israelí de 1948.
El Estado de Israel, recién formado, repelió los ejércitos árabes invasores y cuando los aldeanos de Beit Neqouba regresaron, la encontraron ocupada por inmigrantes judíos. Aún sigue en pie la casa de piedra que construyó su padre; desde 1948 ha sido el hogar de judíos israelíes.
"Entraron en nuestra aldea, incluso con todas nuestras pertenencias todavía ahí. Nuestras cosas todavía estaban en la casa", dice.
Unos 700.000 palestinos que huyeron o a los que obligaron a abandonar sus casas se convirtieron en refugiados en países árabes vecinos. Otros 160.000 permanecieron en el Estado judío. De estos, cerca de una cuarta parte perdió su casa, y se convirtieron en desplazados internos, según el conteo de la ONU de ese entonces.
"Se quejan todo el tiempo del Holocausto, pero también nos infligieron una gran tragedia a nosotros", dijo Abuy Haykal. Entre los palestinos, el día de la independencia de Israel se conmemora como Al-Nakba o catástrofe.
En la actualidad, hay 1,45 millones de árabes en Israel, en su mayoría ciudadanos, que comprenden casi 20 por ciento de la población total.
El padre de Abu Haykal renunció en 1957 a reivindicar su antigua casa cuando aceptó aproximadamente 9.300 dólares del gobierno, así como 3.75 acres en una aldea nueva llamada Ein Neqouba, parcelada cerca, y el derecho a comprar un departamento ahí.
La mayoría de los propietarios de terrenos de la aldea aceptó términos similares; algunos no lo hicieron y aún reclaman sus derechos sobre sus antiguas casas. Antes de la guerra, su padre, un campesino, era propietario de 53 hectáreas en la aldea y áreas adyacentes. "El Estado se aprovechó de nuestra ingenuidad".
Al igual que muchos árabes con ciudadanía israelí, él se aferra a capas múltiples de identidades. "Antes que todo, soy musulmán, y después soy un ciudadano israelí", dijo.
Durante la guerra árabe-israelí de 1973, Abu Haykal ingresó voluntariamente en el servicio nacional entregando alimentos y calentando aceite para los judíos en Jerusalén. "Sentí que quería ser parte del país que estaba en guerra", dijo.
Está casado, y tiene cuatro hijos y 25 nietos que viven en Ein Neqouba. Durante 20 años, trabajó como chofer de ómnibus, y ahora tiene su propia compañía que vende suministros para la construcción y alquila espacio para almacenar. La mayoría de sus clientes es judía, dijo, y considera a los judíos como amigos.
Sin embargo, se queja del gasto gubernamental desigual en educación y del acceso limitado a empleos en el gobierno, así como de la discriminación. "Decir que se es árabe es un problema``, dice en un hebreo fluido, pero con acento.
"Pero aun con todas las desventajas, es mejor que vivir en un campo para refugiados", agrega.
Y prosigue: "El Estado de Israel es un hecho. No es algo que se pueda combatir. Si los otros países árabes se dieran cuenta de eso e hicieran la paz con Israel, entonces prosperaría todo el Medio Oriente".
Las cifras
20.400 Pib en dólares por habitante que tiene Israel, el 18° a nivel mundial. El 21% de su población está bajo el umbral de pobreza.
34 porcentaje de israelíes que, según el diario Haaretz teme la "nuclearización de Irán, la mayor preocupación de la población.
22.145 área en kilómetros cuadrados del país; es más o menos lo que miden los departamentos de Rocha y Durazno sumados.
1.634 cantidad de civiles muertos por atentados en Israel desde la creación del Estado, en 1948; fueron homenajeados el jueves.