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La Cristiandad estuvo de duelo por la muerte de un Papa en el 2005. Desastres naturales trajeron caos y muerte, y los terroristas atacaron desde Gran Bretaña hasta Bali.
Las tragedias naturales y los horrores causados por el ser humano compitieron en los encabezados de los periódicos durante el 2005. El año comenzó en medio de la desesperación, al lidiar el planeta con las consecuencias de una enorme devastación causada por un maremoto en el Océano Indico, y concluyó con la esperanza de una mejora en Irak, al elegir sus ciudadanos un nuevo parlamento.
El mundo comenzó 2005 las secuelas del tsunami del 26 de diciembre que causó más de 220.000 muertos o desaparecidos en el océano Indico. Hubo otros desastres naturales en rápida sucesión, y el 8 de octubre fue el día más sombrío del año, cuando un sismo afectó nuevamente el sudeste de Asia matando a 87.000 personas y dejando a millones sin hogar.
Una seguidilla implacable de poderosos huracanes destrozó numerosas poblaciones a lo largo de la costa del golfo de México. Nueva Orleans desapareció bajo las aguas, extensas zonas de Cancún fueron devastadas y las tormentas tropicales dejaron una secuela de muertos y de destrucción en el Caribe y en América Central.
Durante semanas, huracanes como el Katrina, el Wilma, el Rita y el Stan, destruyeron urbanizaciones completas. Los meteorólogos dijeron que 2005 será recordado como el año más tormentoso, el más caliente y el más seco en siglos, reavivando el debate sobre el calentamiento global de la atmósfera, y sus causas, especialmente el lanzamiento a la atmósfera de gases industriales, algo que la Casa Blanca se obstina en negar.
Luego que cedieron los embates climáticos, surgió el temor de una pandemia causada por la gripe aviar. La enfermedad pasó de Asia a Europa, y las autoridades sanitarias adoptaron medidas de prevención, incluidas cuarentenas, para impedir su diseminación.
Los terroristas atacaron el subterráneo de Londres y un autobús de doble cubierta, matando a 56 personas y convirtiendo el 7 de julio en un equivalente del 11 de se-tiembre del 2001 para los estadounidenses. Los británicos quedaron estremecidos por los primeros ataques suicidas en su territorio, y por revelaciones de que los terroristas eran radicales islámicos nacidos en el país, no agentes infiltrados por Al Qaeda.
Un ataque en la isla indonesia de Bali transformó un restaurante en un sangriento sepulcro de comensales. Tres atentados casi simultáneos destruyeron hoteles en Amman, Jordania. Fueron los primeros ataques terroristas en que participaron iraquíes procedentes de zonas controladas por la insurgencia.
El ex primer ministro del Líbano Rafik Hariri murió en un atentado en el centro de Beirut, junto con otras 20 personas. Altos funcionarios de la seguridad siria fueron implicados en el ataque. Demostraciones de protesta obligaron a Siria a retirar todos sus soldados del Líbano.
Entre tanto, la Unión Europea soportó uno de sus momentos más difíciles cuando su constitución fue rechazada por los electorados de Francia y en Holanda.
Millones de personas en todo el mundo rindieron homenaje al papa Juan Pablo II, uno de los papas más influyentes de la historia. Lo reemplazó Benedicto XVI, el primer Papa alemán en varios siglos.
Hubo otros prominentes fallecimientos en el 2005, entre ellos, el del príncipe Rainiero de Mónaco y el de Simon Wiesenthal, cazador de genocidas y portavoz de seis millones de judíos asesinados.
Y también fue el año de los amantes. El príncipe Carlos de Gran Bretaña, vilipendiado por sus extrañas maneras y sus súbitos arranques de furia, logró casarse con su compañera de muchos años, Camilla Parker Bowles, en tanto la princesa Sayako, única hija del emperador de Japón Akihito y de la emperatriz Michiko, decidió abandonar su título y su vida de lujo palaciego para casarse con un plebeyo que era un amigo de su infancia.