Los islamistas talibanes, determinados a impedir las elecciones del próximo jueves en Afganistán, amenazaron el domingo por primera vez con atacar oficinas de voto, después de haber atentado la víspera contra el cuartel de la OTAN en el centro de Kabul.
La amenaza apareció en panfletos clavados o arrojados en aldeas del sur del país.
Unos 17 millones de afganos fueron convocados a las urnas para elegir el jueves, por segunda vez en la historia, a su presidente, así como a 420 consejeros provinciales, en comicios que plantean enormes desafíos de seguridad y logística.
"A través de este mensaje informamos a los habitantes de que no deben participar en las elecciones, para no convertirse en víctimas de nuestras operaciones, porque vamos a emplear nuevas tácticas", dice una de las octavillas distribuidas en Kandahar, vista por la AFP.
El volante -firmado por el mulá Ghulam Haidar, presunto jefe de operaciones de los talibanes en Kandahar- afirma que los votantes serán considerados aliados del gobierno afgano y de las fuerzas extranjeras y enemigos del islam.
"La población debe saber que no debe alquilar locales para instalar centros de voto y que si alguien lo hace, afrontará problemas, incluso después de las elecciones", advierte.
La amenaza fue confirmada a la AFP por el portavoz talibán Yusuf Ahmadi.
"Usaremos nuevas tácticas contra los centros de voto. Si alguien resulta herido en esos centros o en sus inmediaciones, será responsable de lo ocurrido, pues habrá sido informado de antemano", dijo Ahmadi.
"Intensificaremos nuestras acividades el día de la elección y el día previo", indicó.
"No puedo hablar de las nuevas tácticas que emplearemos", agregó, aunque aclaró que "los ataques contra las oficinas de voto no se limitarán al sur", sino que se llevarán a cabo "en todo el país".
Hasta ahora, los talibanes se habían limitado a llamar a los afganos a boicotear los comicios y a unirse a una guerra santa para "liberar" el país.
Las amenazas talibanas generaron también la inquietud de que el número de abstencionistas, por miedo a los atentados, sea tan elevado que reste legitimidad a los resultados.
Funcionarios vinculados a la organización de los comicios indicaron que la inseguridad compromete la votación en nueve de las 365 circunscripciones y podría obligar a cerrar un 12% de los 7.000 centros previstos para recibir urnas.
La proclama talibana del domingo contradice el reciente anuncio de Ahmed Wali -el polémico hermano menor del presidente saliente y candidato Hamid Karzai- de haber alcanzado un acuerdo con jefes islamistas del sur para garantizar la seguridad de la jornada electoral.
Agha Jan, un joven de 24 años que vive en Haji Arab, en las afueras de Kandahar, refirió a la AFP haber visto las octavillas en las seis mezquitas de su aldea, pero afirmó que estaba decidido ir a votar y que nada podría amedrentarlo.
Los insurgentes recordaron el sábado su capacidad de operar con impunidad, en un atentado suicida con coche bomba que dejó siete civiles muertos y 91 heridos frente a la entrada del cuartel general de las fuerzas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), en pleno centro de Kabul.
Miles de soldados estadounidenses fueron enviados al sur, para reforzar la seguridad.
Los talibanes fueron expulsados del poder a fines de 2001 por una coalición extranjera liderada por Estados Unidos. Karzai, instalado en el poder con apoyo occidental, fue electo en los primeros comicios del país en 2004, y ahora busca su reelección.
La violencia de la insurrección islamista repuntó en los últimos años, provocando un número creciente de bajas en las tropas aliadas.
Un soldado británico falleció en una explosión al paso de su patrulla en el sur de Afganistán, elevando a 201 los militares de ese país muertos en el conflicto, indicó el domingo el Ministerio de Defensa. El umbral simbólico de las 200 bajas británicas se había alcanzado el sábado. (AFP)