Socialistas a un paso del regreso

Francia. Hoy votan con Hollande como gran favorito; Sarkozy luchó hasta último momento pero los sondeos no lo acompañaron

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Ni una encuesta sugiere que ganará las elecciones. Sin embargo, Nicolas Sarkozy no contempla la derrota. Entra majestuosamente para un encuentro con trabajadores de una planta de energía solar en el Este de Francia, elogiando la proeza industrial del país, mientras está rodeado de trabajadores con cascos. Más tarde, ante los vítores de una multitud que agita banderas en un acto en Nancy, declara que está "peleando por Francia".

Hace tres meses, los sondeos para las elecciones de dos etapas -tendrán lugar hoy domingo y el 6 de mayo- sugerían que hasta el segundo lugar del presidente Sarkozy podría estar en riesgo, debido a que Marine Le Pen, abogada de 43 años y candidata del Frente Nacional, de extrema derecha, le pisaba los talones. Francois Hollande, el retador del Partido Socialista, tenía una ventaja considerable en la primera vuelta, aprovechando la ola anti Sarkozy y el deseo popular de cambio después de 17 años de presidentes de derecha.

Sarkozy no ha podido dar vuelta las encuestas para el balotaje: siguen señalando a Hollande como claro favorito con hasta 16 puntos porcentuales de ventaja. La última encuesta de CSE, conocida el miércoles, da 58% a Hollande y 42% al mandatario. Pero, esta acortando la diferencia para la primera vuelta. La encuesta de CSA indicó que Hollande obtendría en la votación de hoy 29% contra 25% de Sarkozy, seguidos de Marine Le Pen con 17%, el candidato de la extrema izquierda, Jean-Luc Mélenchon con 15% y el candidato centrista, Francois Bayrou con 10%. Otros relevamientos de opinión pública sitúan la diferencia de Hollande sobre Sarkozy, en primera vuelta, en apenas dos puntos y una señala solo 0,5% de ventaja para el candidato socialista.

De alguna manera, Sarkozy prospera al ser descartado como una persona sin esperanza. Fue exiliado por su partido durante años, después de pobres resultados en las elecciones europeas de 1999, solo para resurgir con más fuerza. No hay nada que le guste más que apelar al apoyo popular contra la estructura política. En 2007, hizo campaña contra la trayectoria de su antecesor (y colega gaullista) Jacques Chirac. Al describirse a sí mismo como "un pequeño francés de sangre mixta", Sarkozy, quien es hijo de un inmigrante húngaro, prometió que los franceses tendrían más trabajo y menos impuestos. Su mensaje fue profundamente anti conservador y por ello, más refrescante.

La dificultad actual es que hasta sus votantes tienen sentimientos encontrados sobre lo que logró. Nadie duda que su presidencia ha sido audaz, como lo demostraron su manejo de la crisis financiera y de la campaña armada en Libia. Sin embargo, pese a algunas reformas útiles, incluyendo el aumento de la edad de jubilación y la liberalización de las universidades, esa prometida "ruptura" nunca ocurrió. Una tormenta de ideas produjo una gestión dispersa y la persistente confusión respecto de qué ha consistido la presidencia. Haciendo que Francia sea competitiva o protegiéndola de la competencia. Alentando la iniciativa o castigando a los banqueros y aplicando impuestos a los ricos. La campaña no aclaró las cosas, si bien Sarkozy prometió que su nuevo manifiesto inyectaría cierta coherencia.

Hay consternación, así como confusión. El hombre puede haber parecido refrescante y juvenil. Pero, los franceses en poco tiempo sintieron que el estilo de habla callejera de Sarkozy, y la exposición de su vida privada, arruinaron la dignidad del cargo. "Al comienzo, se comportó como un primer ministro británico", dijo un asesor. "Se olvidó que en Francia, él también tenía que ser el monarca".

FIRMEZA. En ese aspecto, su campaña equilibró con habilidad lo solemne con lo familiar. Liberado del protocolo, Sarkozy aparece como más auténtico, ya sea por televisión o en las calles. Lo más sorprendente fue cuando los hechos lo obligaron a volver al papel formal de presidente, el mes pasado, tras los asesinatos terroristas en Toulouse: pareció mucho mejor también en el manejo de esa situación. El drama jugó a favor de sus fortalezas como el duro exministro del Interior que sigue una línea férrea en materia de seguridad, y como un líder que no pierde la cabeza ante una crisis. "Lo que nos gusta es que es muy fuerte", indicó un admirador en Nancy.

Los asistentes de Sarkozy argumentan que, esta vez, su campaña es sobre la autenticidad. Su vocera, Nathalie Kosciusko, explicó que su estrategia es decir: "Conmigo, ustedes saben lo que reciben". Los franceses no sienten afecto por él, pero tampoco tienen ilusiones. Esto puede no ser suficiente para que desafíe a las apuestas en su contra y se asegure la victoria.

MODERADO. Su rival, y líder en las encuestas, el socialista Hollande hace un buen papel al aparecer comprensivo y solemne, ya sea cuando discute sobre los anticonceptivos para adolescentes en una mesa redonda con grupos de mujeres en un complejo habitacional, o cuando debate sobre la política impositiva con propietarios de pequeñas empresas. Con lapicera y papel prontos, frunce el ceño, hace anotaciones y lanza un curioso compromiso: sí, las adolescentes deben tener acceso gratuito a los anticonceptivos; sí, las pequeñas empresas deben pagar tasas de impuestos menores que las grandes. Contra todas las apuestas, una semana antes de la primera vuelta electoral, Hollande se convirtió un candidato serio. Las encuestas lo dan como vencedor en el balotaje. Si bien estremeció a la multitud al declarar la guerra al "mundo de las finanzas", en su acto de inicio de la campaña, en enero, Hollande no logra inspirar. El afiche oficial de su campaña le da un aire de gerente provincial de un banco. El público en sus actos, en gimnasios municipales, en el Este de Francia o con el entorno de palmera bajo el sol del Mediterráneo, aplauden con calidez, pero no con fervor.

Hollande nunca fue el candidato natural de los socialistas. Muchos de los que dirigen su campaña esperaban trabajar para Dominique Strauss-Kahn, el ex director gerente del FMI, antes de que fuera derribado por un escándalo sexual. Criado en Normandía por un médico y una asistente social, Hollande ha pasado la totalidad de su carrera dentro del PS, dirigiéndolo durante once años. Nunca desempeñó un cargo ministerial y hoy es presidente de Correze, un pequeño departamento rural. Pese a su audaz plan para una tasa impositiva máxima del 75%, es visto por muchos como un moderado impreciso y que busca el consenso.

Por tanto, Hollande ha intentado convertir estas elecciones en un voto de confianza respecto de la presidencia de Sarkozy. Señala los puntos negativos de los últimos cinco años: el aumento de la deuda pública, la suba del desempleo y los empleos industriales que se perdieron. Se mofa del esfuerzo de Sarkozy por prometer que será un presidente "diferente".

"Por la mañana, la tarde y la noche, el presidente saliente plantea una nueva idea. ¡Se olvidó de aplicarlas durante los últimos cinco años!", clamó Hollande en un acto en Niza. Contra la política divisionista de Sarkozy, él promete unidad; contra su extravagancia, promete ser un presidente "normal".

Ese enfoque tiene atractivo. "Hollande es menos arrogante, menos divisionista y escucha a la gente", comentó Christophe Estrada de Tourniel, un docente de Reims, a medida que Hollande saludaba a la multitud cerca de la catedral. "Lo atractivo es el estilo diferente de gobernar". El problema es que, debido a que Sarkozy está dando energía a la derecha, eso no resulta suficiente para acelerar el pulso del electorado.

INCENDIARIO. Para ocupar el vacío emocional de la derecha, irrumpió Jean-Luc Mélenchon, un ex senador socialista y antiguo trotskista, quien se postula a la presidencia con el respaldo de los comunistas. Durante la campaña, los discursos incendiarios, puños cerrados y promesas utópicas de Mélenchon conquistaron la imaginación de la izquierda. Prometió una "insurrección cívica", el retiro de Francia de la OTAN, un incremento del 20% en el salario mínimo, una tasa impositiva máxima del 100% y la edad de retiro para todos a los 60 años. Sus actos en las plazas públicas, incluyendo la Bastilla, terminan con el canto de la Internacional.

Mélenchon ascendió en las encuestas, pero aparece en cuarto lugar con el 15% de la intención de voto. Todo indica que llegó a su tope. De alguna manera, el voto por él es una protesta romántica antes de que golpee la realidad. Pero, se encuentra en una posición fuerte para negociar con vista al balotaje. Hollande afirma que no negociará entre la primera y segunda vueltas. Pero, será difícil que descarte ese apoyo.

La deuda se estima en un 90% del PIB

PARÍS | La deuda del gobierno de Francia se estima en 90% del PIB este año, la quinta más alta de Europa y muy por encima del 78% calculado para Alemania, según el FMI.

El presidente Nicolas Sarkozy no vaciló en hacer algunos planteos populistas para contraatacar a Francois Hollande durante su campaña. En uno de sus últimos actos, en París, el mandatario sorprendió a los mercados financieros y Alemania, cuando dijo que si fuera reelegido abriría el debate respecto de la ampliación del mandato legal del Banco Central Europeo para que promueva el crecimiento mediante el estímulo monetario. Se supone que esa facultad está fuera del alcance del BCE. Esa promesa de campaña irritó a sus aliados alemanes. Un vocero de la canciller Angela Merkel recordó en público al presidente francés que el banco necesita mantenerse independiente y que la obligación de cada país de la eurozona es administrar sus propias finanzas.

Uno de los puntos centrales de Hollande, en materia económica, es la necesidad de restablecer el equilibrio económico que, según sostiene, fue alterado por los beneficios impositivos que Sarkozy dio a los ricos.

En materia económica, en lo único que coinciden Sarkozy y Hollande es que el presupuesto debe ser equilibrado a corto plazo. El mandatario dice que su programa permitirá lograrlo en 2016 y Hollande, un año después. Los dos están de acuerdo en abatir el déficit del 5,2% actual al 3% del PIB. The New York Times

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