Por Fabiana Culshaw
Niall Ferguson, en su libro “Desastre, historia y políticas de las catástrofes”, plantea que muchos desastres son difíciles de prever, pero que actualmente deberíamos estar mejor preparados contra las catástrofes que los romanos cuando el Vesubio entró en erupción o que los italianos cuando la peste negra asoló Europa. Sin embargo, a pesar de los avances de la ciencia, la respuesta de la mayoría de los países sigue siendo bastante torpe.
Una y otra vez los sistemas de gobernanza son incapaces de afrontar las crisis. Tal es el caso de Turquía y Siria que, a la fecha, llevan más de 25.000 muertes y 85.400 heridos en ambos países, por los tremendos terremotos del 6 de febrero.
Todavía recuerdo vívidamente a la ciudad de Alepo, Siria, en el año 2004. En aquel momento se mantenía intacta como patrimonio de la humanidad, con la ciudad vieja en pie y sus callejones de piedra. Había cierta esperanza de que el país, castigado por los regímenes duros de Medio Oriente y la intolerancia de grupos religiosos, se preparara para adoptar un nuevo rol en la convulsionada región, bajo el liderazgo de Bashar al-Assad, quien había asumido la presidencia pocos años antes (en el 2000) y aún no se conocía bien el temple que le daría a su gobierno.
Solo pocos años después de emprender algunas reformas de modernización que sorprendieron al mundo occidental gratamente, el líder sirio dio un giro, mostró su mano dura, impuso restricciones al internet, tomó nuevamente como prisioneros a quienes había liberado al principio de la década y terminó lanzando sus efectivos contra los insurgentes, lo que arrasó también al pueblo mismo.
Ya en 2012, las imágenes “del antes y el después” de Alepo y de otras partes de Siria evidenciaban dolor y destrucción.
Las infraestructuras frágiles, que gritaban ausencia de inversión desde siempre, se caían a pedazos por la guerra. Muchos sirios se han exiliado en países vecinos, para evitar el caos, la pobreza, el hambre. Y ahora, estos terremotos no han hecho sino sumar desgracias a la zona.
Desde Turquía, Recep Erdogan atribuyó los terremotos a los “planes del destino”, una expresión que en otras latitudes hubiera despertado absoluto rechazo en la opinión pública, por la responsabilidad diluida que encierran esas palabras.
“Tal y como han mostrado paciencia nuestros ciudadanos ante tragedias similares, también la mostrarán ante esta tragedia”, dijo el mandatario.
Por supuesto que el principal partido de oposición en Turquía, el socialdemócrata Partido Republicano del Pueblo culpó al gobierno de no haber preparado al país para terremotos, en sus más de dos décadas en el poder, pero cabe preguntarse qué costo político tienen realmente las tragedias en determinados países, en especial en Turquía donde habrá elecciones el próximo 14 de mayo.
Sin duda las tragedias agravan las crisis económicas que ya sumergían a los países, y analistas proyectan ahora un fuerte deterioro de los votos a favor de Erdogan, pero probablemente no tanto como para arriesgar su reelección. Dependerá de cómo Erdogan juegue sus cartas en estas semanas, qué tanto lo salvará la ayuda internacional y cómo reaccionará una sociedad que no termina de ser totalmente europea en su funcionamiento y reacciones.
Pasar o no factura
“El pueblo turco tiene una forma de hacer las cosas y de inercia que hace que los ciudadanos sufran en silencio. Es un pueblo acostumbrado a un tipo de política en la que el ciudadano siempre es el perdedor. No ocurre como en otros países, por ejemplo, Alemania o los países nórdicos, donde realmente se le pasa factura al gobernante. Vamos a ver si esta actitud de cierta aceptación del “destino” por parte de los turcos se mantiene con la gran cantidad de víctimas mortales y damnificados que hay”, opinó para El País desde España Susana Mangana, directora de la Cátedra de Islam de la Universidad Católica de Uruguay e investigadora de la Universidad de Deusto en Bilbao.
Lo cierto es que Erdogan acusa desgaste en el ejercicio del poder y su gestión es señalada por algunos en esta desgracia, pero los nacionales ven que también ha sabido colocar a Turquía otra vez en la escena internacional, el país es miembro de la OTAN, y sienten ese orgullo y patriotismo que los hace leales a la imagen que proyecta el líder de hombre de política fuerte.
“Erdogan, además, ha sabido rodearse de personas leales a su figura después de la limpieza política de opositores y de quienes podían convertirse en sus contendientes. Hay hartazgo y el desgaste propio del ejercicio del poder, pero no creo que pierda las elecciones”, redondeó Mangana.
De ahora en más, habrá que ver el impacto real de la caída económica de las arcas del Estado y si hay -o no- una oposición fuerte creíble que pueda desbancar al partido de Erdogan, lo que no es nada fácil.
En cuanto a Siria, la tragedia de los terremotos no le cambia el panorama político a Bashar al-Asad, con un gobierno sostenido desde Irán y Rusia desde hace muchos años.
El pueblo sirio seguirá arrastrando sus problemas, empeorados, y rezando por una ayuda que su presidente ha prometido aun cuando el país no cuenta con maquinaria ni con la gente entrenada que se necesita para dirigir eficazmente voluntariados improvisados en casos de siniestros.
No hay manera de saber a ciencia exacta cuál va a ser el siguiente desastre. “El modesto objetivo que deberíamos marcarnos es que nuestras sociedades y sistemas políticos sean más resilientes que hoy en día”, dice Ferguson, no sin dejar de señalar que los peores desastres de la historia de la humanidad que se describen en su libro fueron causados por regímenes totalitarios, o empeoradas gravemente por sus lastimosas prácticas.
Causas de falta de inversión en infraestructura antisísmica
La falta de inversión en infraestructura y en sistemas antisísmicos en Turquía se debe, según analistas, a que su gobierno ha desagregado gastos para cubrir una serie de temas que le interesan a Erdogán, como es mantener una intensa actividad diplomática en el continente africano y cooperar con esos países y con América Latina, para extender su poder a otras latitudes y ganar apoyos.
“Es un país que ha querido dar un salto en la geopolítica mundial, erigiéndose como mediador en conflictos bélicos en curso, como el de Rusia y Ucrania; ha sido actor clave en el conflicto bélico en Siria; y ha estado al calor de las revueltas árabes en Oriente Medio. Todo eso se lleva mucho dinero, así como lo hacen las corruptelas que están a la orden del día en ese país”, señaló Mangana.
Otro factor que se maneja es que la zona castigada por los terremotos en Turquía (el sur), está poblada mayormente por kurdos, por lo que es probable que la tensión latente entre las autoridades turcas y los kurdos allí haya hecho que esta no sea la prioridad del oficialismo en cuanto a mantenimiento o inspección de infraestructuras antisísmicas.
Ayuda a cuentagota en ciertas regiones
El presidente sirio, Bachar al Asad, cargó contra Occidente por “politizar” la situación en Siria, en medio del debate sobre el impacto de sus sanciones en la ayuda para los afectados por el terremoto, que a su vez sigue llegando con cuentagotas a las áreas opositoras.
Al Asad rompió el silencio que mantenía desde el seísmo del pasado lunes durante una visita a las áreas afectadas en Alepo, en el noroeste del país, donde acusó a los países occidentales de tener en cuenta solamente el lado “político” de la situación en Siria y de ignorar el aspecto “humano”.
En los últimos días, su Gobierno ha denunciado en varias ocasiones que el envío de asistencia humanitaria tras los seísmos se está viendo obstaculizado por la miríada de sanciones internacionales que pesan sobre Damasco, muchas de ellas en vigor desde hace más de una década y otras impuestas de forma más reciente.
Desde la brutal represión de las revueltas populares iniciadas contra Al Asad en 2011, Estados Unidos, la Unión Europa y varios otros países han impuesto castigos económicos y restricciones al presidente sirio y su entorno, acusados de corrupción o violaciones de los derechos humanos.
Muchos expertos coinciden en que, como ocurre en otros lugares, algunas de estas medidas van en detrimento de la población siria y además tienen efectos limitados sobre la cúpula del país, que lleva aferrada al poder más de medio siglo, contando los mandatos de Hafez al Asad y su hijo, Bachar.
En lo que algunos interpretan como una admisión de su impacto indirecto en los civiles, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos anunció que permitirá durante 180 días todas las transacciones a Siria relacionadas con la respuesta a la tragedia, de forma que las sanciones no entorpezcan el envío de ayuda.
Hasta el momento, han llegado a las zonas controladas por Damasco más de 40 aviones con asistencia humanitaria procedentes sobre todo de países aliados o neutrales, mientras que naciones sin lazos con Siria como Francia han hecho hincapié en que su ayuda será enviada a ONG, entre otros modos de sortear al Gobierno de Al Asad.
La Comisión Europea ha negado que las sanciones comunitarias afecten a los envíos para las víctimas de los sismos y ha activado el Mecanismo de Protección Civil de la UE para facilitar la respuesta.
Fuente: EFE