RIO DE JANEIRO | AP, ANSA y O´GLOBO/GDA
Los cariocas le llaman "golpe de Estado". El sábado, la policía brasileña mató a Bem-Te-Vi, el jefe del narcotráfico en la favela Rocinha, la más grande de América Latina, con 150.000 habitantes.
Después de un emotivo funeral tomó su lugar el cuñado del difunto, Orlando José Rodrigues (alias Soul), que sin embargo, fue acribillado ayer en un tiroteo que se extendió durante toda la madrugada y que además, provocó la muerte de otras cuatro personas.
Hay dos posibilidades: o Soul fue traicionado por miembros de la propia banda de Bem-Te-Vi o un grupo de narcotraficantes de otra favela aprovechó la oportunidad para hacerce con el control de las drogas en la Rocinha.
En ambos casos, el lugar está al borde de la "guerra civil", la que se extenderá hasta que se establezca un nuevo jefe.
Por lo pronto, la policía no interferirá en la batalla para no tensar aun más los ánimos y ha dicho que sólo ingresará en la favela a retirar los cadáveres.
Entre ellos, el cuerpo de Soul, que como aún no apareció, las autoridades no han confirmado su muerte, que fue reportada por moradores de la favela y por la prensa.
Además, la policía anunció que acordonará la favela en un intento por evitar el peor escenario de todos: la invasión.
Sebastiao José Filho, presidente de la asociación de habitantes de la Rocinha, dijo al diario O Globo que el tiroteo se mantuvo hasta ayer a la mañana y que entre los moradores corre el temor de que la invasión de una banda rival de narcos se producirá en cualquier momento.
Otras invasiones han provocado cientos de muertos.
Bem-Te-Vi primero y Soul por dos días controlaron un negocio que arroja ingresos por U$S 200.000 semanales, o sea, U$S 1 millón al mes, un quinta parte de las ganancias que obtiene la empresa UTE en ese mismo lapso.
LIDERES. Los jefes del narcotráfico en la favelas operan como verdaderos "intendentes" de su territorio. Bem-Te-Vi, que asumió el control de las drogas en abril de 2004, después de que la policía asesinara al anterior jefe, Luciano Barbosa (alias Lulu), se esforzaba por mantener una comunidad fiel a sus intereses.
Organizaba comidas, prestaba dinero y daba solución a los problemas cotidianos de los vecinos.
En el último Día del Niño, por ejemplo, regaló una torta gigante y cientos de juguetes a los niños de la favela.
La mayoría de los moradores de la favelas de Rio de Janeiro mantienen una confianza mayor en los narcotraficantes que en la propia policía, que cuando ingresa, por lo general lo hace con estampidas violentas que provocan pánico en la población.
Bem-Te-Vi, que en verdad se llamaba Erismar Rodrigues Moreira, tenía 29 años y solía ostentar sus armas: tenía dos pistolas y una metralleta bañadas en cobre, por lo que parecían de oro.
Fue asesinado el sábado en una operación de la policía que implicó la participación de unos 200 efectivos.
"En 25 años de policía, nunca vi tantos tiros", aseguró el oficial Luiz Antonio Ferreira, al describir el tiroteo.
Soul era el encargado de la contabilidad de la banda. Joven, atlético y de buena apariencia, frecuentaba discotecas, gimnasios y otros lugares caros de la zona sur de Río, y llegó a inscribirse en una facultad de administración, en la que cursó algunas materias.
CRITICAS. Ante el riesgo de una guerra de narcos que estaría a punto de comenzar, los partidos de oposición al gobierno de Luiz Inacio Lula da Silva lanzaron ayer duras críticas a la estrategia policial para combatir el narcotráfico en las favelas.
La concejal Andrea Gouvea Vieira, del Partido Social Democracia Brasilena (PSDB), alertó que los habitantes de la favelas "se están acostumbrando a vivir bajo el comando de los narcos".
Y agregó: "Llegó la hora de que tengamos una política de seguridad eficiente, que no puede restringirse a la matar cada tanto al jefe del narcotráfico de turno".
Día de luto
El sábado por la mañana, los habitantes de la favela Rocinha conocieron la noticia: Bem-Te-Vi, el jefe del comercio de drogas en el lugar, había muerto tras un intenso tiroteo con la policía durante la madrugada. Su cuerpo fue sepultado esa misma tarde en un cementerio de Rio de Janerio y de la Rocinha salieron cuatro ómnibus que transportaron a 300 moradores al entierro. En la salida hubo incidentes cuando integrantes de la banda del difunto, lanzaron tiros al aire. Los comercios de la favela amanecieron cerrados y en algunas cosas se exhibieron banderas negras.