WASHINGTON | Praga será el escenario donde el presidente ruso, Dimitri Medvedev y el norteamericano, Barack Obama, firmarán mañana un nuevo tratado sobre la reducción de armas atómicas de largo alcance que reemplazará al actual. Con este acuerdo Rusia espera recuperar su influencia perdida en el mundo y restaurar una situación de "igualdad" con EE.UU., afirman los analistas.
El jefe de la diplomacia rusa, Sergei Lavrov, subrayó ayer que la firma del acuerdo refleja "el nuevo nivel de confianza entre Moscú y Washington".
Durante las negociaciones de varios meses los representantes rusos insistieron a cada paso en que el principio de la igualdad ruso-estadounidense fuera reconocido, señaló Evgueni Volk, analista de la Fundación Heritage en EE.UU. "Era uno de los principales objetivos del Kremlin", indicó. "Es un éxito para ellos haber logrado que EE.UU. reconozca a Rusia como socio de igual nivel".
La dirigencia política rusa juzgaba que los tratados firmados por los dos países durante los años 90 eran desfavorables para Moscú, incluyendo el START, que venció el 5 de diciembre de 2009. Este acuerdo preveía la presencia permanente de inspectores estadounidenses en la fábrica rusa de Votkinsk, donde se fabrican armas estratégicas. La presencia de dichos inspectores irritaba a Moscú, que retiró en 2001 los suyos de un sitio similar en EE.UU. Pero Rusia no pudo conseguir que los estadounidenses partieran hasta finales de 2009, al vencer el START.
El consejero diplomático del presidente ruso, Sergei Prijod-ko, dijo alegrarse de que las inspecciones estadounidenses no se reinicien una vez que el nuevo acuerdo entre en vigor. Por su parte, Lavrov indicó ayer sentirse satisfecho por el fin de las medidas "discriminatorias".
Otros funcionarios rusos señalaron que el nuevo tratado tendrá en cuenta preocupaciones relacionadas con el proyecto de escudo antimisiles estadounidense en Europa. Moscú juzga que el sistema podría constituir una amenaza para su fuerza de disuasión nuclear. Lavrov previno que Moscú se reservaría el derecho de retirarse si el escudo restringiese el potencial estratégico ruso.
Moscú esperaba imponer límites en materia de defensa antimisiles, pero debió contentarse con un compromiso por parte de Washington que reconoce la existencia de un "vínculo" entre las armas nucleares "ofensivas" y los sistemas antimisiles. Si bien el Kremlin se alegra del reconocimiento de dicho "vínculo", los analistas señalan que el tratado no impone ningún límite al proyecto antimisiles.
Rusia no logró concesiones en otros temas importantes, pero logró posicionarse como socio de EE.UU. AFP, ANSA Y AP