MOSCÚ | EL PAÍS DE MADRID Y AP
Rusia conmemoró ayer un día de duelo por las 39 víctimas de los atentados suicidas del lunes en el metro de Moscú, mientras el presidente Dimitri Medvedev propuso intensificar la lucha contra el terrorismo y prometió "aniquilar" a los responsables.
Los ataques del lunes asustaron a una Rusia que creció acostumbrada a que tal violencia estuviese confinada a una esquina intranquila del sur del país y marcó el retorno del terrorismo a la vida cotidiana de los moscovitas tras un descanso de seis años. La bandera rusa fue izada a media asta en los edificios gubernamentales y en el Kremlin al comenzar el duelo nacional. Las actividades y los programas de espectáculos en la televisión fueron cancelados. En varios templos hubo servicios religiosos.
Los dirigentes rusos quieren hacer más eficaz la lucha contra el terrorismo tras los atentados en el metro, que, según políticos y expertos, evidenciaron las deficiencias de los órganos de seguridad. El balance de víctimas se elevó a 39 muertos y 73 heridos, algunos de los cuales están graves. El metro funcionaba ayer con normalidad, sin medidas de vigilancia llamativas, pero el número de pasajeros era inferior a lo habitual.
El presidente Dimitri Medvedev consideraba ayer posibles enmiendas legales para intensificar la lucha contra el terrorismo. En una reunión inicialmente dedicada a la reforma del sistema judicial, Medvedev pidió considerar cambios legislativos para "prevenir el terrorismo" y explicó que se refería al "trabajo exacto de diferentes departamentos que deben investigar estos delitos", dando a entender que pretende una mejor organización. De sus palabras no puede inferirse que las eventuales enmiendas, si se producen, supongan restricciones para la sociedad civil. También se refirió a la legislación que reglamenta procedimientos de seguridad en el transporte y en lugares donde hay aglomeraciones. El terrorismo en Rusia es castigado con penas de 20 años y de hasta cadena perpetua, ya que la pena de muerte no se aplica de forma indefinida por decisión del Tribunal Constitucional.
Medvedev se reunió ayer con Ella Pamfílova, la jefa del consejo para el desarrollo de la sociedad civil, entidad formada por defensores de derechos humanos que se caracterizan por su actitud crítica ante cualquier restricción de los derechos cívicos. La tarea de las autoridades rusas, dijo el líder, es crear una "vida normal para la gente, con independencia de que resida en el centro de Rusia, en el Cáucaso o en cualquier parte". Esta tarea, subrayó, "es mucho más difícil que buscar y aniquilar a los terroristas y destruir la clandestinidad delictiva". "A los terroristas los hemos aniquilado y los seguiremos aniquilando", subrayó Medvedev, e insistió en que "es mucho más difícil crear buenas condiciones modernas para la educación, los negocios y para luchar contra las relaciones de clanes que se han formado en el Cáucaso durante siglos y la corrupción".
Mientras tanto, el jefe del gobierno, Vladimir Putin, debatió sobre medidas concretas para incrementar la vigilancia en el transporte público. Capturar a los terroristas, dijo, es una "cuestión de honor". "Sabemos que están escondidos, pero es una cuestión de honor para las fuerzas del orden público arrancarlos del fondo de las cloacas y sacarlos a la luz del día", afirmó el jefe de gobierno.
"Es evidente que en primer lugar hay fallos de los servicios de seguridad y los órganos de orden público que no supieron evitar los trágicos acontecimientos", manifestó Guennadi Gudkov, vicepresidente del comité de seguridad de la Duma (Parlamento). La tragedia en el metro mostró, según Gudkov, fallos en las labores de espionaje de los órganos de seguridad de las redes terroristas. Por su parte, Alexandr Jinshtein, diputado del partido gubernamental Rusia Unida, escribió que los uniformados rusos "se han enlodado tanto en la corrupción y en las intrigas que no tienen tiempo para dedicarse a su trabajo principal". "Ya estamos acostumbrados a que ninguno de nuestros generales no responde nunca por nada", señaló.
Rebeldes del cáucaso
Los servicios especiales rusos atribuyeron los atentados a mujeres kamikazes relacionadas con grupos rebeldes del Cáucaso Norte, una región de mayoría musulmana.
Ayer los atentados no habían sido aún reivindicados, aunque expertos los vinculaban al movimiento islamista "Emirato del Cáucaso", que sufrió dos grandes pérdidas en las últimas semanas con las muertes de Anzor Astemirov y Said Bouriatski.
Las dificultades económicas endémicas que afectan a las repúblicas del Cáucaso ruso son un terreno fértil para la rebelión: los jóvenes en particular, víctimas del desempleo y de la corrupción, son sensibles a los mensajes de los islamistas.
"Los que empuñan las armas y van al combate piensan verdaderamente que la única manera para ellos de obtener justicia, de triunfar en la vida y escapar a la arbitrariedad del Estado, es crear un Estado islámico independiente. Y para eso están dispuestos a correr riesgos", dijo Timur Akiiev de la ONG Memorial de Nazran (Ingusetia).
Uruguay expresó su solidaridad
El gobierno uruguayo manifestó ayer su solidaridad con Rusia y condenó el doble atentado suicida perpetrado en el metro de Moscú.
Uruguay "transmite sus sentidas condolencias a los familiares de las víctimas y expresa su total solidaridad con el pueblo y gobierno de la Federación Rusa", señala un comunicado divulgado por la cancillería. Asimismo "reafirma su rechazo expresado reiteradamente, así como su repudio al terrorismo en cualquiera de sus formas y manifestaciones", agrega la misiva.
El Grupo de Río, cuya secretaría ejerce Chile, condenó los atentados y expresó su "más enérgica condena a los actos terroristas, cualquiera que sean sus formas y motivaciones".
El papa Benedicto XVI expresó su "profundo dolor y firme reprobación por los feroces ataques de violencia en la capital rusa", según una nota enviada a Medvedev.