OPINIÓN

Análisis de la revuelta en Cuba: una situación inevitable

"Hoy los regímenes cubano y venezolano no solo constituyen una amenaza para sus sociedades, sino que también son una amenaza para la región", opina Luis Fleischman.

Manifestaciones en Cuba. Foto: AFP
Manifestaciones en Cuba. Foto: AFP

Después de más de 62 años de autoritarismo, control totalitario y reducción de las libertades civiles a cero, el pueblo cubano ha optado legítimamente por la sedición contra el mal gobierno en nombre del bien común.

El pueblo cubano sabe que el gobierno reprimirá con todas sus fuerzas, pero la gente ha perdido el miedo brindando un escenario parecido a las imágenes presenciadas en 1989 en los ex países comunistas y también en la última década, durante la Primavera Árabe.

Las personas han llegado a un punto en el que ya no consideran su situación sostenible, y tanto es así que la muerte es mejor opción que la esclavitud. El lema de los movimientos independentistas del norte y sur de América “Libertad o Muerte” se ha vuelto más relevante que nunca.

Un régimen que siempre ha afirmado ser una potencia médica para exportación se encontró en una situación en la que los cubanos se enfermaban cada vez más y las muertes se iban multiplicando. Pero esa fue la gota que colmó el vaso. Los cubanos han vivido bajo severas restricciones en sus actividades económicas, en su libertad de expresión y en sus derechos civiles y humanos. El gobierno ha instruido a su gente sobre cómo pensar, ha definido lo que está bien y lo que está mal, ha inundado sus mentes con propaganda falsa y ha dejado a la mayoría de la población en un estado de pobreza y miseria. Y cabe aclarar que esto último no fue el resultado del embargo estadounidense, como lo ha destacado un largo segmento de la izquierda latinoamericana incluyendo voces dentro del Frente Amplio. Esta privación masiva es el resultado de que el gobierno despojó a sus ciudadanos de sus energías creativas naturales y existenciales y se apoderó de todos los recursos economicos desde una fábrica, pasando por granjas agrícolas y hasta el manejo de negocios de venta minorista. No solo que esta concentración de funciones suele desembocar en ineficacia e improductividad. En estos casos la represión se torna inevitable. El adoctrinamiento de las masas y el terror se vuelven necesarios para suprimir al individuo pensante e inquieto que cuestiona la legitimidad del orden político.

Así, Cuba, desde los inicios de su revolución se convirtió en un gobierno de verdugos y fusileros gobernada por una elite dominante y corrupta mientras sus ciudadanos nadaban en la abyección.

Después de la caída de la Unión Soviética, cuya protección y apoyo fueron cruciales para la supervivencia del régimen, Cuba permaneció aislada durante aproximadamente una década, negándose a adoptar las reformas promovidas por Mijaíl Gorbachov. Entonces tuvo lugar la revolución bolivariana de Hugo Chávez. Cuba no solo se benefició de la bonanza petrolera de Chávez, sino que el régimen cubano brindó todo su asesoramiento y sus conocimientos al gobierno venezolano para que éste pudiera consolidar una dictadura totalitaria. Hasta el día de hoy, el régimen de Maduro en Venezuela cuenta con asesores cubanos y sus implacables tácticas aprendidas de la Policía Secreta de Alemania Oriental “Stasi”. La Stasi se nutrió originalmente de ex miembros de las SS, la Gestapo y otros criminales nazis.

Hoy los regímenes cubano y venezolano no solo constituyen una amenaza para sus sociedades, sino que también son una amenaza para la región. Ambos gobiernos están asociados con grupos terroristas, estados forajidos y delincuencia transnacional. La caida del regimen castrista podría tener un efecto dominó que sería de mucho beneficio para los derechos humanos, la seguridad y la salud de la región.

* Profesor de Sociología en el Palm Beach State College y co-presidente y fundador del Palm Beach Center for Democracy.

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