RAFAEL MÉNDEZ | EL PAÍS DE MADRID
Después que se desató la crisis nuclear en la planta de Fukushima, Japón anunció que revisará sus objetivos de reducción de gases que producen el efecto invernadero, ensombreciendo la lucha contra el calentamiento global. En Europa sube el precio de los derechos de dióxido de carbono por el cierre nuclear alemán, y los expertos avisan que las energías renovables y el carbón crecerán como fuentes de energía.
Tras el terremoto y posterior tsunami y accidente nuclear del pasado 11 de marzo en Japón, la Bolsa de Valores ofreció evidentes signos de cómo interpretaban los inversores lo ocurrido. Areva, el gigante nuclear francés, cayó un 12%, mientras que Vestas, fabricante danés de aerogeneradores, subió aún más que eso en los primeros días. Simplificando: lo que es malo para la energía atómica es bueno para las renovables.
Pero no sólo eso. La realidad rara vez es tan sencilla. Aunque las renovables crezcan a mediano plazo, la forma de sustituir la energía nuclear es el uso de gas natural o de carbón -combustibles fósiles que emiten dióxido de carbono- lo que lastra aún más la lucha contra el cambio climático.
En la Cumbre del Clima de Cancún, en diciembre pasado, Japón tuvo un papel estelar. Entre los 190 países reunidos, los delegados nipones destacaron sobre el resto por la firmeza con que apoyaban una idea: Japón no admitiría una prórroga del Protocolo de Kioto, cuyo primer período de cumplimiento expira a fines de 2012.
Ni el hecho simbólico de ser el país en el que en 1997 se pactó el histórico tratado contra el cambio climático le haría moverse. Japón había visto ya cómo China lo superaba como segunda economía del mundo, así que tomó la decisión de no ir más allá de su oferta de recortar sus emisiones un 25% en 2020 respecto a 1990.
Si Japón era el principal obstáculo de la negociación del clima -ya de por sí un mar de dificultades- el accidente en la planta nuclear de Fukushima no hizo más que empeorar la situación. En la negociación que se celebró esta semana en Bangkok, Hideki Minamikawa, representante de Tokio, ha declarado, según la prensa japonesa: "Es cierto que nuestro objetivo de reducción de emisiones se verá severamente afectado". Esto fue luego matizado por el portavoz del gobierno nipón, Yukio Edano, cuando dijo que aún es pronto para conocer el impacto que tendrá el accidente de Fukushima en la estrategia del país contra el cambio climático.
Aunque en efecto es pronto, el impacto es evidente. Japón tiene parados un tercio de sus 59 reactores nucleares y, hoy por hoy, no tiene perspectivas de poder abrirlos en mucho tiempo. Los seis de Fukushima I se dan por perdidos, pero siguen paradas las centrales de Fukushima II y Onagawa.
La prueba de lo complicado que resulta reabrir una nuclear afectada por un sismo de tal magnitud es que la planta de Kashiwazaki-Kariwa, de siete reactores nucleares, cerró en 2007 por un terremoto que superó las bases de diseño de la central y aún no ha reabierto del todo. Hasta ahora, un 30% de la energía de Japón procedía de la nuclear, y Tokio pretendía elevar el porcentaje al 40%. Pero, ahora mismo, los planes para construir reactores están en el aire o enterrados.
El negociador jefe de la Comisión Europea en Bangkok, el transparente Artur Runge-Metzger, ha afirmado: "Ciertamente Fukushima es algo que tiene un impacto en las negociaciones sobre medio ambiente (…). Por una parte podrías decir `no puedo usar energía nuclear porque podríamos tener desastres nucleares`. Pero por otra parte creo que todos en la mesa también están diciendo `no podemos tener un cambio climático porque también llevará a desastres naturales`".
El economista jefe de la Agencia Internacional de la Energía, Fatih Birol, ha lanzado una advertencia similar: "Habrá una dificultad mayor para construir plantas nucleares y en algunos países crecerá la presión para anticipar el cierre de las existentes. Eso aumentará el precio de la energía en todo el mundo. Y también será malo para la seguridad de suministro, porque supone menos diversificación en el mix y serán malas noticias para el cambio climático".
EFECTO COLATERAL. A menudo se piensa en la energía nuclear como lo antagónico a la renovable. Pero en temas de cambio climático no siempre es así. Como explica Kepa Solaun, director de Factor CO2, "menos nucleares implica más emisiones" de gases de efecto invernadero. Factor CO2 es una bolsa de dióxido de carbono, donde las empresas que superan los límites de emisión del gas pueden comprar los derechos de otras que no los aprovechen.
La prueba de la afirmación de Solaun es que, tras el anuncio de la canciller alemana Angela Merkel del cierre temporal de las siete plantas nucleares que datan de antes de la década del 80, el precio de la tonelada de CO2 en Europa subió inmediatamente. "El impacto sobre la continuidad de las centrales nucleares en Alemania, reforzado por el resultado electoral, provocó subidas de un 11% en la primera quincena de marzo", explica Solaun.
Alemania, que cuenta con una potencia nuclear instalada de 21.497 megavatios, tiene actualmente en funcionamiento sólo la mitad, ya que, además de las paradas por orden de Merkel, hay centrales en recarga. El resto ha sido sustituido por generación por carbón e importaciones de electricidad desde Francia y la República Checa. Si en un día típico de marzo el país exportaba entre 70 y 150 gigavatios/hora cada día, desde que el pasado 17 Merkel anunció el cierre temporal de las centrales más antiguas, la importación diaria ha sido de unos 50 gigavatios/hora, según datos de Reuters.
Así que las empresas eléctricas tienen que comprar más CO2 para producir electricidad y así sube el precio de la tonelada. Si Alemania sigue cerrando plantas nucleares -los partidos han entrado en una carrera por ver quién es más antinuclear- el objetivo europeo para 2020 de reducir en un 20% las emisiones sobre los niveles de 1990 será aún más difícil de cumplir.
Porque, aunque a largo plazo Japón apueste por la energía geotérmica o la solar -que no emiten dióxido de carbono-, a corto plazo y con el país destrozado, las centrales nucleares serán sustituidas por centrales de gas.
Jeffrey Immelt, consejero delegado de General Electric, fabricante del primer reactor de la planta Fukushima 1 no sólo defendió en Tokio la seguridad de sus diseños nucleares, sino que anunció su ayuda para ese país: "Ya tenemos turbinas de gas embarcadas rumbo a Japón", informó.
Marcel Coderch, uno de los referentes del movimiento antinuclear español, admite que el efecto del rebote en las emisiones de CO2 es inevitable: "Ese es un efecto colateral de la crisis nuclear. Lo lógico es que Japón construya centrales de gas, que es lo más rápido. A largo plazo veremos, pero a corto, Fukushima aumentará las emisiones".
Coderch explica que "el sistema energético no se puede cambiar de la noche a la mañana. Tenemos que ver qué queremos hacer dentro de 20 o 30 años, porque cómo será el del año que viene ya lo decidimos hace décadas".
El responsable de Energía de Greenpeace en España, José Luis García Ortega, admite que esa situación se puede dar en algunos países, pero que no tiene por qué suceder en todos: "En algún caso pueden aumentar las emisiones, pero en otros las renovables pueden sustituir rápidamente esa potencia. España ha demostrado que se puede instalar una gran potencia fotovoltaica en meses".
Ortega opina, además, que la nuclear supone un freno para la energía limpia. Al no poder regularse -las nucleares funcionan siempre, no conviene estar subiendo y bajando su potencia- en noches muy ventosas en España han obligado a desconectar aerogeneradores porque no había demanda eléctrica suficiente.
"Si esas nucleares fueran sustituidas por potencia térmica no sería necesario frenar las renovables, porque las centrales de gas se pueden regular", explica el militante de Greenpeace.
La paradoja de la central nuclear de Fukushima demuestra que la forma perfecta de energía -una renovable, barata, sin emisiones de CO2 ni de contaminantes atmosféricos- no existe. No de momento. Así que, hasta que los costos de las energías renovables bajen o hasta que la fusión demuestre ser viable, la vida es elegir.
LOS DISTINTOS TIPOS DE Energía
Desventajas ventajas
Carbón
No renovable
Es barato y rendidor.
Es abundante y hay en varios países.
No presenta grandes riesgos de fugas o derrames.
Su almacenamiento es seguro y, su uso y transporte también.
En su extracción se produce gas metano, que mezclado con el aire puede explotar. También se emite dióxido de azufre, muy contaminante.
Los mineros que trabajan obteniendo carbón tienen condiciones insalubres: inhalan sílice, que causa silicosis.
Su producción no genera emisiones de gases contaminantes.
Nuclear
No renovable
Las plantas nucleares producen mucha energía de forma continua usando pocos combustibles fósiles.
Las centrales energéticas no requieren de mucho espacio.
La generación emite radiación que en ocasiones permanece durante muchos años.
Las centrales están siempre en funcionamiento, no conviene modificar su potencia.
Si hay un accidente la gente corre riesgos de recibir radiaciones.
Gas natural
No renovable
Su combustión es limpia y genera pocas emisiones de dióxido de carbono.
Las plantas de gas natural son rápidas de construir y su funcionamiento es regulable.
El almacenamiento del gas es seguro y no representa un peligro.
Hay una disponibilidad limitada de gas natural.
Es incoloro, inodoro e insípido, por lo que es difícil detectar si hay fugas.
Los peligros son muchos si no se está del todo atento a las fugas porque el gas natural es muy inflamable.
Eólica, solar y térmica
Renovables
En el proceso de obtención de este tipo de energías no se emite dióxido de carbono ni otros gases contaminantes.
Las fuentes de energía son inagotables.
Los sistemas renovables son de fácil mantenimiento.
La energía que se obtiene depende de factores que escapan al control, como por ejemplo el clima, y por eso se debe procurar almacenar lo obtenido.
La inversión inicial requerida para instalar un sistema de energías renovables es alta y suele desestimular.
Las cifras
25% Es el porcentaje de emisiones de CO2 que Japón prometió reducir para 2020.
12% Es lo que cayó en la bolsa la firma nuclear francesa Areva tras el accidente en Japón.