Dr. Héctor A. Ríos Maury*
µEl Presidente venezolano Hugo Chávez apuesta por el comercio internacional como vehículo para exportar su "revolución bolivariana", en una estrategia que pudiera ser calificada como petropopulismo. En este momento sus planes de expansión ideológica —de concepción fundamentalmente marxista— tienen una notoria prioridad: el Caribe, uno de sus entornos naturales.
"Un imperio de América Latina y el Caribe será más grande que el imperio de la Guerra de Galaxias, y no podrá ser frenado", señaló Chávez durante su visita, hace algunos meses, a San Vicente y las Granadinas, mientras se encontraba en una planta de gas licuado construida por medio de su programa Petrocaribe.
Esta alianza, establecida en junio de 2005 por 14 países caribeños para abaratar el combustible en la zona, permite que el gobierno venezolano ofrezca y garantice descuentos en precios, aplazamientos de pagos y financiamiento a largo plazo en los embarques de petróleo y derivados.
En su periplo caribeño hubo otras escalas. En Dominica habló a una multitud entusiasmada con la oferta venezolana de construir una refinería petrolera que procesaría unos 100,000 barriles diarios de crudo. En Jamaica pidió protección para la revolución bolivariana a la primera ministra Portia Simpson Miller —y le recordó que Venezuela le suministra 23,500 barriles diarios de gas licuado de petróleo y productos refinados.
Finalmente, en Haití, en lo que probablemente fue el episodio más dramático de la gira, aparentemente convenció a miles de haitianos de que sus penurias son culpa de EE.UU.
El Caribe tiene un impresionante caudal de riquezas energéticas, agrícolas y es opulento en yacimientos de minerales. Es una potencia turística mundial y un jugador destacado en la industria de servicios marítimos. Con alrededor de 63 millones de habitantes, su Producto Interno Bruto sobrepasa los US$ 80 mil millones anuales.
Sin embargo, los esfuerzos de unificación de la región, promovidos por entidades como Caricom, la Asociación de Estados del Caribe (AEC) y la Organización de Estados del Caribe Oriental (OECS), han sido insuficientes hasta la fecha.
Dentro de ese contexto, el gobierno venezolano confía en que Petrocaribe le proveerá control e influencia. En términos económicos, la gestión ha constituido un éxito para Chávez, pero esa victoria no se ha traducido en un auge político de la revolución bolivariana, que hasta ahora ha fracasado en incorporar socios caribeños reales —más allá de Cuba— a la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), concebida para enfrentarse al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) articulada por Estados Unidos.
En tierras caribeñas, a pesar de que Chávez es recibido y atendido con cordialidad diplomática, solamente en Cuba se le rinde pleitesía. Contrario a lo que ocurre en Nicaragua, Argentina, Bolivia y Ecuador. Ello se debe, en parte, a que en el Caribe la influencia norteamericana y europea sigue siendo muy determinante.
Otro de los impedimentos para la consolidación chavista en el Caribe es su propia naturaleza. Su decantamiento por el "socialismo del siglo XXI" —basado en las nacionalizaciones, autoritarismo y aislacionismo— contraviene la pluralidad humana cimentada en la libertad comercial y la iniciativa civil y privada.
*El Dr. Ríos Maury es catedrático en Gerencia y Comercio Internacional de la Universidad de Puerto Rico, en San Juan. Ha publicado más de 70 trabajos en revistas y periódicos, así como cuatro libros. Columnista de "El Nuevo Día’’, de Puerto Rico.