MADRID | "EL PAIS" DE MADRID
Científicos de medio mundo presentaron ayer los resultados de la misión Deep Impact de la NASA, que el 4 de julio estrelló un proyectil contra el cometa Tempel 1 para estudiar el núcleo de estos cuerpos celestes, testigos de los remotos orígenes del Sistema Solar.
Y una de sus revelaciones causó sensación: el núcleo del cometa tiene una gran cantidad de compuestos orgánicos, base estructural para la aparición de vida.
Los resultados, que se publicarán hoy en la revista "Science", analizan los datos transmitidos a la Tierra por el propio proyectil y por la nave que lo lanzó contra el cometa, ambos cargados de instrumentos científicos.
El proyectil, de 370 kilos y el tamaño de una lavadora, penetró unas decenas de metros en el núcleo del Tempel 1. El impacto lanzó al exterior una buena cantidad de material interno del cometa, que gracias a eso pudo ser analizado.
Según esos datos, el núcleo del cometa está hecho de partículas muy finas, con un diámetro de entre 1 a 100 milésimas de milímetro. Y no pueden estar muy compactadas, porque el cometa tiene una densidad sorprendentemente baja, menor a la del agua. En síntesis, el núcleo del cometa no se parece a una roca, sino a una pelota de polvo que se mantiene unida por su propia atracción gravitatoria.
Los datos más curiosos proceden de la comparación de los espectros luminosos antes y después del impacto. Como todos los cometas, que son bolas de hielo y polvo, el Tempel 1 va expulsando material cuando su órbita se acerca al Sol. Los investigadores han comparado esas expulsiones naturales con las causadas por el impacto. Antes del impacto, el material lanzado consiste sobre todo en agua y CO2, con pequeñas cantidades de sustancias orgánicas (es decir, compuestos de carbono similares a los constituyentes de la vida). Tras el impacto se ve un gran incremento de los compuestos orgánicos, que llegan a ser tan abundantes como el agua.