BERLIN
Los alemanes se interrogan crecientemente sobre las motivaciones del canciller socialdemócrata Gerhard Schroeder, quien provocó en mayo las elecciones anticipadas e intenta ahora impedir a su rival democristiana Angela Merkel que lo suceda en el cargo, pese a la ajustada victoria de las Uniones Cristianas.
La controvertida cuestión de quién será el próximo canciller de Alemania fue postergada para hoy durante una reunión cumbre de ambos campos políticos, lo cual parece apuntar hacia una solución a esa crisis política del país que dura ya dos semanas.
Pero en tanto, el canciller hace como si todo continuara como antes, anunciando sus viajes próximos a Madrid, San Petersburgo o Ankara.
Desde el 22 de mayo, fecha de la histórica derrota electoral de su Partido Socialdemócrata (SPD) en su feudo tradicional de Renania del Norte-Westfalia, el canciller polarizó completamente la vida política en torno a su estrategia de reconquista del poder.
Comenzó provocando elecciones anticipadas con el pretexto de la búsqueda de una nueva legitimación popular de sus reformas del Estado providencial de bienestar social, rechazadas por el ala de izquierda de su partido.
Mientras el electorado observa impaciente y estupefacto la pulseada entre ambos, la estrategia del SPD y de Schroeder parece ir dirigida a impedir que Angela Merkel acceda a la cancillería.
Las voces se elevan reprochando al canciller que no reconozca su fracaso en convertir al SPD en el primer grupo parlamentario y que no extraiga las consecuencias, dejando a la CDU/CSU que elija a la canciller.
Schroeder, mientras tanto, ha evolucionado, su tono es menos triunfalista, lo que presentaba como una voluntad se ha convertido en un deseo.
Según numerosos analistas, Schroeder estaría convencido de no haberse equivocado con su jugada de poker para legitimar su programa de reformas.
El canciller ataca con una virulencia inusitada ciertos aspectos ultraliberales del programa democristiano, denunciándolos como una amenaza de desmantelamiento social.
Hombre de poder y convicción, a Gerhard Schroeder le cae muy mal tener que irse precisamente ahora que sus reformas comienzan a dar efectos positivos.