SANTIAGO AGENCIAS Y EL MERCURIO/GDA
Cuatro mil personas para quienes Augusto Pinochet es el último prócer que dio Chile, participaron ayer de su funeral en una Santiago donde también se hicieron sentir los que sólo lo ven como el jefe de un régimen sangriento que duró 17 años.
"Fue un hombre que derrotó en plena Guerra Fría al modelo marxista no mediante el voto, sino más bien derechamente por el medio armado", dijo Augusto Pinochet Molina, capitán del Ejército y nieto del ex dictador, en uno de los discursos pronunciados en las exequias. A su frente estaba la ministra de Defensa chilena, Vivianne Blanlot, única representante de un gobierno que había negado los honores póstumos de Jefe de Estado. El público estalló en aplausos ante tal declaración de principios
Blanlot había sufrido los insultos y silbidos de los partidarios de Pinochet ni bien llegó a la Escuela Militar de Santiago, donde se desarrollaron las exequias. Su presencia significó uno más de los momentos de tensión de la ceremonia.
No fue lo único que dijo el nieto del ex dictador, quien fue -expresó- "vejado por jueces que buscaban más renombre que justicia". Tras la ceremonia, Blanlot condenó este discurso y dijo esperar "que el Ejército tome las medidas que corresponde tomar en estos casos", cuando un militar en actividad denosta a poderes del Estado.
Esa fue una muestra del funeral con honores militares del hombre que, aún después de muerto y con nula influencia política en el Chile actual, continúa dividiendo al país. Su figura aún fue suficiente para haber atraído a 60 mil personas en su velatorio del lunes.
Desde que el ex dictador sufrió una complicación cardíaca 10 días atrás, se notaba que sus devotos tenían la emoción a flor de piel. La prensa extranjera, y en particular la española, fue agredida verbalmente -y de hecho, en el caso de María José Ramudo, reportera de Televisión Española- por "difundir mentiras" sobre Pinochet.
La ceremonia había empezado con una misa oficiada por el obispo castrense, Juan Barros. El sacerdote pidió perdón por los errores "que pudo haber cometido" Pinochet y afirmó que el golpe militar que lideró en 1973 se produjo por "las situaciones complejas" que vivía el país con el gobierno de Salvador Allende. A la eucaristía le siguió la parte oratoria del acto, en la que el ex dictador fue resaltado como hombre, militar y estadista.
El comandante en Jefe del Ejército, Oscar Izurieta, afirmó que Pinochet actuó en 1973 "con el convencimiento de que no había otra salida a la crisis".
Sobre las violaciones a los derechos humanos, Izurieta admitió que ese tema "constituye el aspecto más controvertido de su gestión``, pero pidió que sea la historia la que rinda "un examen objetivo y justo respecto a su protagonismo en los procesos políticos, económicos y sociales``.
Izurieta anteriormente había pedido perdón por los excesos cometidos por el Ejército durante la dictadura. Por ese motivo también fue blanco de los silbidos e insultos de los pinochetistas.
Luego de la ceremonia, los restos de Pinochet fueron trasladados en helicóptero al Cementerio Parque del Mar en Concón, un balneario a 140 kilómetros de Santiago, para ser incinerados.
A 20 kilómetros de la Escuela Militar, más de tres mil personas hicieron un homenaje a Salvador Allende, en su monumento frente al Palacio de La Moneda. Para ellos, la muerte de Pinochet fue una fiesta.
HOMENAJE A SALVADOR ALLENDE
Organizaciones de derechos humanos, familiares de desaparecidos durante la dictadura pinochetista y militantes del Partido Comunista se concentraron ayer frente al Palacio de La Moneda a homenajear al ex presidente Salvador Allende, quien murió el mismo día que Pinochet condujo un Golpe de Estado. El homenaje pronto se convirtió en un carnaval en torno a un ataúd negro que representaba el servicio fúnebre del ex gobernante de facto. La alegría de los manifestantes por la muerte de Pinochet era superior a la desazón que les produjo que el ex dictador muriera sin ser condenado por la Justicia. Durante la dictadura de Pinochet fueron asesinados 3.197 opositores.