Como cada día en Ventimiglia, la última estación italiana antes de la Costa Azul, decenas de inmigrantes tunecinos subían ayer a bordo de trenes regionales con la esperanza de escapar a los esporádicos controles de los gendarmes franceses.
Un día antes, Francia suspendió de forma temporaria el tráfico ferroviario con Italia para evitar que arribaran a su país algunos de los 26.000 inmigrantes tunecinos que llegaron a la isla Lampedusa luego que estallaran las revueltas en su país.
París tenía "derecho" a frenar a los trenes, estimó ayer la Comisión Europea. París explicó que se "trataba de una interrupción muy temporal (...) y que ahora el tráfico funciona normalmente", subrayó ayer la comisaria europea de Asuntos Interiores, Cecilia Malmstrom.
Según informó París, la decisión fue motivada por "razones de orden público", subrayó la comisaria, juzgando que las autoridades "aparentemente, tienen derecho a proceder de esta manera".
La decisión francesa de suspender el domingo durante varias horas la circulación de trenes desde Vintimiglia encolerizó a Roma que acusó a su vecino de "violar los principios europeos". Pero, mientras ambas potencias disparaban críticas, los inmigrantes no se rendían
Cruzar. En la pequeña estación de Vintimiglia se amontonaban ayer los periodistas italianos para comprobar la impermeabilidad de la frontera franco-italiana. Uno de ellos se disponía a atravesar en coche a Francia junto a tunecinos: "Yo tengo papeles y ellos también, no hay nada ilegal", señaló.
Ridha, un inmigrante tunecino, realizó el camino inverso. Instalado ya en Niza (Francia), viajó a Vintimiglia, como cada vez más compatriotas suyos, para conseguir el preciado permiso de residencia europea de seis meses entregados desde hace poco por Italia, que busca que los miles de migrantes se muevan hacia otras naciones del bloque.
Provisto de su "salvoconducto" (un documento similar a un pasaporte, de color verde oscuro, que permite viajar a los refugiados y apátridas residentes en Francia) y del famoso "permiso de residencia", una tarjeta electrónica anaranjada, Ridha planeaba viajar a Marsella para pedir un pasaporte tunecino con el que residir legalmente en Francia.
"Ningún tunecino hace la travesía marítima a Lampedusa con su pasaporte", justifica.
Francia anunció que rechazará los permisos de residencia temporales italianos si los inmigrantes no disponen también de un pasaporte en regla y de los recursos suficientes.
En el tren de las 11:47 con destino a Niza subieron a bordo decenas de inmigrantes sin equipaje. Ridha se instaló en un compartimento con una docena de jóvenes. Sentados entre los turistas, se levantaban de sus asientos y permanecían al acecho por si había algún control policial.
Según un controlador francés, la policía controla "alrededor de uno de cada tres trenes". Ridha aconsejó a sus compañeros más angustiados, como Nourredine, que ya había tratado de cruzar la frontera en dos ocasiones sin éxito, y Lofti, que lo hacía por primera vez.
No se divisaban uniformes en Menton (primera localidad del lado francés de la frontera). Cuando se bajó del tren en Niza, Ridha encendió un cigarrillo y esbozó una sonrisa. La vía estaba libre. Nourredine y Lofti decidieron ir a Grasse, desde donde tomarían un autobús hasta Marsella.
No todos los tunecinos tuvieron su suerte. Ayer por la mañana, en el andén de Vintimiglia, ocho inmigrantes rechazados por Francia fueron escoltados por los carabinieri y subidos a un furgón después de haber comprobado su identidad.
"Los llevamos a la administración de policía de la frontera francesa, porque llegaron procedentes de Francia", precisó un policía italiano. En la mayoría de los casos, los clandestinos rechazados por Francia son liberados en Vintimiglia y allí intentan de nuevo ingresar a Francia. Los gendarmes galos no tienen derecho a realizar controles permanentes en los puntos de paso y sólo pueden realizar aleatorios, de ahí que los inmigrantes insistan en su intento de cruzar la frontera.
Por la mañana, en el peaje de la autopista francesa más cercana a Italia, unos gendarmes examinaban vehículos. En la carretera de la costa, sin embargo, no había ni rastro de gendarmes a la altura de Menton. Dos clandestinos que llegaron a esa población a pie pudieron continuar su camino.
Las cifras
26.000 Son los inmigrantes que llega-ron desde Túnez a Italia desde que estalló la revolución que terminó con el mandato de Ben Alí.
El nacionalismo crece en la Eurozona
BRUSELAS | El auge de los Verdaderos Finlandeses en las elecciones del domingo ilustra un avance generalizado de los partidos nacionalistas y euroescépticos en Europa, desde Suecia a Francia pasando por Austria, en un contexto de crisis económica.
Con su eslogan "Los finlandeses primero", la formación se valió de la preocupación que el fenómeno de la inmigración suscita en Europa -pese a que sólo el 3,1% de la población del país es extranjera- para atraer el voto, así como de la crisis económica que afecta a algunos Estados de la Eurozona y fuerza al resto a ser solidarios.
En Francia, la nueva presidenta del Frente Nacional, Marine Le Pen, en tanto, agita un programa anti-europeo y de retórica identitaria de cara a las elecciones de 2012, mientras en Austria, el líder del Partido de la Libertad (FPO), Heinz-Christian Strache, entona raps de rechazo a la Unión Europea y el holandés Geert Wilders milita por prohibir el Corán.
Ya dividida sobre la respuesta común que debe aportar a la inmigración que desembarca en los países sureños procedente de África del Norte, Europa topa también con muchas dificultades a la hora de superar los egoísmos nacionales frente a la crisis del euro y las finanzas públicas. AFP