Jorge Abbondanza
El poder material de las armas debe sustituirse por la fuerza moral del derecho. La lucha contra el terrorismo no puede reducirse a operaciones represivas y punitivas. Debemos defender el papel de Naciones Unidas y del Derecho Internacional, que es el derecho a la paz". Así opinó un hombre de 83 años que ya no camina y apenas puede hablar, un enfermo castigado por el mal de Parkinson desde hace una década. Ese viejo es Karol Wojtyla, más conocido como Juan Pablo II en una Santa Sede donde ha reinado durante veinticinco años y dos meses. Allí proclamó su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, que se celebrará el día de Año Nuevo, y que es una oportunidad propicia para que este Papa vuelva a cuestionar ciertos desastres de la actualidad, como la guerra.
"El terrorismo es una plaga funesta —agregó Juan Pablo II— pero el uso de la fuerza contra él debe ir acompañado de un análisis de los motivos que subyacen en los ataques terroristas. Hay que combatir las causas que originan situaciones de injusticia, de las que surge a menudo la explicación de los actos más desesperados y sanguinarios". Esos términos confirmaron lo que el Papa ya había dicho en los veintitrés discursos que pronunció durante el año 2003 contra la invasión a Irak y en favor de la paz y del control de la crisis a través "del único órgano internacional legítimo, las Naciones Unidas". Su nuevo mensaje fue leído ante 10.000 peregrinos reunidos en el Vaticano, a quienes dijo que "todo hombre sueña con un mundo más justo y solidario, donde haya dignas condiciones de vida y una convivencia pacífica que armonice las relaciones entre los individuos y los pueblos".
Esos pueblos e individuos "deben ser educados con urgencia para respetar el orden internacional, evitando que prevalezca el más fuerte. El empleo de la fuerza contra los terroristas no puede justificar la renuncia al Estado de Derecho" advirtió el pontífice. Sus palabras fueron respaldadas por la declaración del cardenal Renato Martino, presidente del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz, que durante años fue representante del Vaticano ante las Naciones Unidas. "La guerra es inútil, no sirve para nada" dijo Martino, añadiendo que el Papa ya había señalado que el conflicto de Irak era "una aventura sin retorno y una derrota para la humanidad", puntualizando por fin que "el Vaticano definió la guerra preventiva como una guerra de agresión y por lo tanto inmoral". Pero Martino fue más lejos.
Ante la captura de Saddam Hussein declaró que "dio lástima ver a ese hombre destruido, tratado como una vaca a la que le controlan los dientes. Podrían habernos ahorrado esas imágenes". Y entonces el prelado agregó: "Me parece una ilusión creer que con esa captura se puedan reparar todos los dramas y daños causados por el conflicto". Luego, ante los pedidos de que se aplique a Saddam la pena de muerte, añadió: "El Santo Padre ha manifestado varias veces su oposición a la pena capital. Tanto la Unión Europea como los tribunales internacionales que juzgan crímenes cometidos en la ex-Yugoslavia o en Ruanda, han prohibido esa práctica".
A todo ello, el Papa sumó otra de las puntualizaciones de su reciente mensaje: "Serían opciones inaceptables las que no tuvieran en cuenta los derechos humanos fundamentales, porque el fin nunca justifica los medios". Buen motivo de reflexión para quienes apuestan al uso de la fuerza militar como remedio de los hondos, antiguos y complejos problemas que arrastra este mundo.