TEHERÁN | Al menos 18 personas resultaron muertas ayer en dos atentados suicidas en Pakistán. El más grave de ellos tuvo por objetivo la sede de los servicios secretos en Peshawar, la capital de la región noroeste, lo que constituye un claro mensaje al Ejército que desde hace un mes lleva a cabo una ofensiva contra los talibanes en Waziristán del Sur. Al otro lado de la frontera, en Afganistán, los hermanos ideológicos de esos insurgentes se responsabilizaron de otro ataque suicida contra un convoy militar que dejó 24 heridos, incluidos nueve soldados de la OTAN.
Apenas despuntaba el día cuando el suicida de Peshawar llegó en una camioneta a la sede del Inter Services Intelligence (ISI). Los soldados de guardia sospecharon porque circulaba en dirección contraria y abrieron fuego, pero no lograron evitar que detonara sus 180 kilos de explosivos, destruyendo una parte importante del edificio de tres plantas.
"Siete militares y tres civiles han resultado muertos y otras 60 personas heridas", informó un comunicado militar. Se trata de la segunda vez este año que los insurgentes atentan contra el ISI. A pesar de su pasado de apoyo a los grupos islamistas, el ISI se ha granjeado la enemistad de los talibanes paquistaníes (TTP) por sus operaciones contra Al Qaeda, organización con la que muchos de aquéllos han establecido lazos. Pocas horas después, otro suicida causaba ocho muertos, entre ellos cinco policías, en una comisaría de Bannu, la puerta de entrada a Waziristán del Norte, que sirve de refugio a los radicales. EL PAÍS DE MADRID