"Nos retiramos de Etiopía cuando mataron a tres colegas", dijo la directora de Médicos sin Fronteras

Josefina Martorell.

ENTREVISTA

Desde Buenos Aires, Josefina Martorell hace un balance sobre la situación de los migrantes y refugiados en el mundo a través de la mirada de la organización.

La directora general de Médicos Sin Fronteras (MSF),  Josefina Martorell, para América del Sur de habla hispana, asumió la posición hace unos tres años luego de trabajar en algunas de las misiones más representativas de la onegé, como la República del Congo, Níger y Sudán del Sur. Anteriormente se desempeñó en el área financiera de la Cruz Roja Internacional en Afganistán y Bangui. Es licenciada en economía y master en estudios internacionales. Desde Buenos Aires, donde dirige la operación regional de MSF, hace un balance para El País sobre la situación de los migrantes y refugiados en el mundo a través de la mirada de la organización.

-¿Qué balance hace sobre el trabajo de Médicos Sin Fronteras (MSF) en estos dos años de pandemia?

- Para la organización fue difícil seguir trabajando en el modo que venía haciendo. Nos costaba llegar a los lugares con los suministros, equipos, medicamentos, por el cierre de fronteras. En alguna medida esto mejoró en 2021, pero continúan los desafíos por la falta de testeos para el covid-19 en ciertos lugares, la escasa distribución de las vacunas y el impacto que sigue teniendo sobre las población. En algunas misiones en el sur de África estamos teniendo muchas complicaciones con el staff infectado. Como la nueva variante (ómicron) comenzó en Sudáfrica, muchos países en algún momento cortaron los vuelos a o desde África, como que si fuera un solo país, y eso tuvo repercusión sobre nuestros propios proyectos.

También por la pandemia, tuvimos que intervenir en muchos países donde no lo habíamos hecho antes.

-¿Ustedes siguen apoyando activamente la petición de la liberación de patentes de las patentes?

- Sí, desde octubre del 2020 apoyamos la petición de India y Sudáfrica ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) de suspender las patentes de esas vacunas, los diagnósticos, los tratamientos médicos, mientras dure esta pandemia. Estamos a final de 2021 y eso todavía no se hace realidad, lo que complica a las poblaciones más vulnerables y hace que la pandemia siga más actual que nunca.

A nivel global se sigue priorizando las ganancias de la industria farmacéutica y no la salud pública mundial.

-También este año sufrieron la pérdida de integrantes de MSF que fueron asesinados. ¿Qué se sabe del caso?

- Sí, el 24 de junio de 2021 asesinaron a tres colegas de nuestra organización en Etiopía, donde se vive un conflicto armado en el norte del país. Eso hizo que nos retiráramos del Tigray, donde ocurrieron los hechos. No hemos obtenido respuesta del gobierno sobre lo que pasó, estamos exigiendo al gobierno que nos las de.

-También se retiraron en estos días de la frontera Polonia-Bielorrusia, ¿hasta qué punto asumen riesgos o asumen que deben retirarse de ciertos lugares?

- En todos los lugares donde nos instalamos, lo primero que hacemos es evaluar los riesgos y mitigarlos. Sabemos que el riesgo nunca es cero, pero estamos constantemente hablando con todas las partes en conflicto para garantizar la seguridad de las personas que trabajan con MSF y para que puedan atender a los pacientes. Cuando esas condiciones no están garantizadas, suspendemos actividades y muchas veces luego volvemos. Nos ha pasado en Afganistán en 2004 y en Somalia en 2013. La evaluación de riesgo es algo que hacemos casi diario.

- Hace unos días desaparecieron funcionarios de Save the Children en Birmania. ¿Ustedes tienen presencia en ese país?

-Sí, en Myanmar y también en Bangladesh, en ambos lados de la frontera. Con toda la situación de crisis de la población pro india, ha llegado a ser uno de los campos de refugiados más grandes del mundo, con alrededor de un millón de personas en Cox´s Bazar.

-Al principio de la pandemia Cox´s Bazar estaba al borde del descontrol, ¿cuál la situación?

-Ha mejorado. Al menos hay menos personas viviendo allí, porque muchos han sido reubicados, pero siguen teniendo problemas de acceso a la salud y humanitarios, que hacen que desde MSF sigamos estando ahí.

-Uno de los grandes desafíos son las corrientes migratorias, que han ido aumentando en América Latina y en el mundo, ¿qué están haciendo a ese nivel?

- En América Latina las corrientes migratorias masivas se están acrecentando y, por primera vez en la historia, tenemos el mayor número de desplazados después de Siria. Estamos hablando de casi 6 millones de venezolanos que están emigrando a diferentes países, de los cuales casi 4,6 millones se están ubicando en países de la región.

En MSF estamos trabajando con la población inmigrante de América Latina, mejorando su acceso a la atención médica, pero también todo lo inherente a la salud mental, tanto de quienes huyen de Venezuela como de aquellas que lo hacen desde el triángulo norte de Centroamérica: Guatemala, Honduras y el Salvador que quieren pasar a través de México para llegar a los EE.UU.

Muchas de esas personas que están en tránsito viven muchísimos riesgos pasando por pasos fronterizos irregulares, cruzan caminando por selvas donde son víctimas de torturas y violaciones. La pandemia fue una excusa que sirvió para cerrar fronteras en algunos países y eso ha complicado a las personas que están migrando, que queden aun más bloqueadas.

-¿Cómo atienden a los migrantes que están en tránsito?

- En la ruta migratoria misma, con el desafío adicional de que a veces la población migrante, por ser estigmatizada, se esconde y tenemos que ir a buscarla para poder proporcionarle comida, frazadas, atención médica, salud maternal, o salud sexual. Muchísimas de esas mujeres son víctimas de abusos o violaciones. También hay muchas personas torturadas, por eso la atención en salud mental. Tenemos centros de salud y clínicas móviles para atenderlos.

-¿Qué regiones o países les despierta mayor preocupación en este momento?

-Además de los mencionados, nos preocupa especialmente la situación en Afganistán, con la caída del gobierno apoyado por los EE.UU. y la asunción del gobierno talibán. Muchas organizaciones internacionales tuvieron que irse del país, no obstante nosotros decidimos quedarnos para atender la necesidad médico-humanitaria.

-¿Qué trabajo de terreno están desarrollando en Afganistán?

- En Herat, al oeste de Afganistán en la frontera con Irak, hay muchísimos casos de desnutrición infantil, en los últimos meses vemos muchísimos más casos que antes. Muchas organizaciones de salud y también del gobierno han cerrado y eso impacta sobre las estructuras en MSF, que se han visto desbordadas de aumentos de casos de diferente índole.

-¿Han hablado con los talibanes en Afganistán?

-Sí, en cualquier lugar donde trabajamos tratamos de comunicarnos con todas las partes en el conflicto. En ese sentido, siempre hemos hablado con el grupo talibán que controló una buena parte de Afganistán en los últimos 20 años. Saben que nuestra presencia es indispensable para que muchas de las poblaciones sigan viviendo y puedan tener cierto acceso a la salud. Cuando tomaron el poder, tuvimos que hacer bastantes modificaciones, pero nuestro staff de mujeres sigue trabajando.

-¿Están trabajando mujeres de MSF en Afganistán con los talibanes en el poder, cómo es posible?

-Sí, ellos aceptan. Lo que pasó es que parte de nuestro staff termino yéndose de ese país por decisión propia y, por los bloqueos también tenemos una situación de desabastecimiento de suministros, pero seguimos trabajando, aunque con mucha más presión que antes.

-En Sudán, hay una situación hay protestas masivas prácticamente diarias. ¿seguirán allí?

-Estamos en Sudán hace mucho tiempo, con varios proyectos en el norte del país, en Jartum y otras ciudades, accediendo en lo que se puede a las poblaciones afectadas, sobre todo con las manifestaciones de los últimos meses, que fueron violentamente reprimidas. Así que seguimos, la situación es cambiante desde el golpe de Estado.

-Vayamos al ámbito local, ¿cómo ven la política de Uruguay sobre el manejo de la pandemia?

-No tenemos operaciones, ni médicos en terreno en Uruguay.

Pero sabemos que las tasas de vacunación son altas y también los refuerzos lo son. Pensamos que el gobierno tome ese tipo de medidas es importante no solo para la gente en Uruguay sino para el resto del mundo.

- ¿Qué esperan para el 2022?

Esperamos que las poblaciones puedan acceder a los tratamientos de manera más justa.

Esperamos que los gobiernos dejen de criminalizar a las poblaciones que están migrando y también a las organizaciones humanitarias que ayudan a esas personas. Hay leyes antiterroristas en muchos países que se usan para criminalizar a personas por tener ideas o posiciones distintas. Eso hace que nuestro trabajo se dificulte. Esperamos que eso cambie.

Médicos Sin Fronteras en el marco de sus 50 años

“Por una parte, cumplir 50 años es una alegría, pero por otra, es un testimonio del fracaso del sistema mundial para resolver los problemas más urgentes. La verdad es que si las cosas fueran de otra manera en el mundo, si no hubieran tantas poblaciones necesitadas, no deberíamos existir.

A nivel financiero, durante la pandemia, tuvimos la suerte de seguir respondiendo gracias al apoyo de más de 7 millones de personas alrededor del mundo que aseguran nuestra independencia de todo poder político o geoeconómico.

En la actualidad, en MSF adelantamos más de 500 proyectos. Somos más de 65.000 integrantes, de los cuales el 90 % está reclutado (contratado) localmente. Más del 60% es personal médico y sanitario. El año pasado tuvimos misiones en más de 90 países y meta es seguir así o incluso ampliar nuestro trabajo. Quiero agregar que nuestra acción es una acción médica humanitaria directa, pero como fuimos formados por periodistas, una de nuestras principales labores es dar testimonio, informar de muchas cosas que vemos en el terreno”, dijo Martorell.

Otros datos.

El 22 de diciembre de 1971 nació formalmente MSF, para ayudar a la gente durante la guerra en Biafra (Nigeria). Fue creada por un grupo de médicos y de periodistas.

En un principio, la organización estuvo formada por 300 voluntarios: doctores, enfermeras, otros profesionales sanitarios, además de los periodistas fundadores. Luego fue creciendo.

La angustia del Geo Barents y su espera por puerto seguro
El barco de MSF había rescatado a casi 600 inmigrantes
Geo Barents. Foto: Wikimedia Commons.

A fines de 2021, el barco humanitario de Médicos Sin Fronteras (MSF) Geo Barents rescató a 558 inmigrantes en el mar Mediterráneo Central y estuvo varios días esperando que se le asignara un puerto seguro para desembarcar.

Entre los inmigrantes a bordo había una mujer en avanzado estado de gestación y varios menores no acompañados.

Por esa misma fecha, otro barco de MSF, Sea Watch, con 440 inmigrantes, también esperaba en el mar a que se le dijera dónde atracar. Estaba cerca de la isla de Lampedusa, el punto más meridional de Italia, a 200 kilómetros de la costa de Túnez.

Finalmente, luego de varios días de angustia a bordo por las condiciones climáticas amenazantes y el estado emocional de los inmigrantes, los dejaron desembarcar.

Estos barcos se unen a una larga lista de naves de rescate que a menudo son rechazadas de los puertos europeos. A medida que el número de los inmigrantes ilegales a Europa aumenta, a los gobiernos europeos les resulta difícil manejar la situación.

Al respecto, Martorell comenta: “Nuestro barco Geo Barents, que tenemos para búsqueda y rescate en el Mediterráneo, empezó actividades hace pocos meses en el Mediterráneo. Cuando rescató a casi 600 inmigrantes en diciembre, no había logrado obtener de las autoridades europeas las condiciones para que le dieran puerto seguro. Lo que estaban intentando las autoridades era que devolviéramos a la gente a las costas de Libia, pero ese no es un país seguro. Así que estuvimos aguardando, con todas esas personas a bordo, muchísimas más de las que deberían estar, hasta poder atracar en algún puerto. Muchos de los sobrevivientes necesitaban atención médica inmediata. Fue complicado. Sí nos permitieron que una mujer embarazada y su hija fueran evacuadas a Lampeduza”. Hasta que finalmente, pudieron desembarcar. todos en el puerto siciliano de Angusta.

Grecia.

En la isla de Lesbos, la situación humanitaria se ha agravado. Martorell lo explica: “La situación sigue siendo crítica, porque el campamento de refugiados de Moria, con grandes masas de gente, en 2020 se quemó y desde MSF aprovechamos para pedir que, como las condiciones estaban poniendo en riesgo la vida de los inmigrantes, fueran reubicados en lugares mejores, pero eso no pasó, las personas siguen en condiciones terribles”.

La directora general de MSF para América Latina agregó: “Hay personas prácticamente detenidas. Esto ni siquiera está sucediendo en las puertas de Europa, sino en Europa misma. Los inmigrantes son tratados como si fuesen criminales, y hay poca perspectiva de llegar a una solución sostenible en el tiempo”, insistió.

El campamento de refugiados de Moria, en Lesbos, el mayor de Europa, albergada casi 13.000 personas que vivían en hacinamiento, más de cuatro veces su capacidad oficial. La mayoría provenía de Afganistán.

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