AFGANISTÁN | Kabul trata de volver a la normalidad después del atentado suicida del martes que causó 21 muertos en el Hotel Intercontinental, mientras aumentan en la población las críticas contra el gobierno de Hamid Karzai y el temor por el progresivo retiro de las fuerzas internacionales.
Un día después del atentado, el único signo visible del ataque es una mancha negra en el último piso del hotel, que se vislumbra desde los carriles de la autopista cercana.
Pasado el ruido de los disparos y el dolor por los muertos, se abre paso la rabia de los ciudadanos, que apuntan contra el gobierno y la corrupción de las fuerzas militares afganas.
El temor se hace más palpable aún después del anuncio del progresivo retiro de las fuerzas norteamericanas y el paso cada vez más inminente de la gestión de la seguridad a manos afganas.
Una multitud de curiosos que permanece todavía frente al ingreso de la calle que lleva al hotel, frecuentado sobre todo por extranjeros y diplomáticos, atribuye a los militares afganos la responsabilidad del atentado del martes. "Son ellos -dicen- quienes hicieron pasar a los atacantes ocultos por los vidrios oscuros de los autos que habitualmente no están sujetos a control".
Mientras tanto, dos periodistas franceses fueron liberados ayer tras permanecer durante 18 meses secuestrados por talibanes en Afganistán, confirmó el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy.
Son Stephane Taponier y Herve Ghesquiere, quienes regresaban a Francia en un avión que aterrizará hoy en el aeropuerto de Villacoublay. AFP Y ANSA.