Médicos prueban nuevos tratamientos en el campo de batalla

GINA KOLATA/THE NEW YORK TIMES

Con el uso de kits de primeros auxilios rediseñados e incluso nuevos tipos de cirugía en los frentes de batalla, la medicina de la guerra ha cambiado significativamente y, como resultado, los médicos en Irak tienen la esperanza de reducir drásticamente la tasa de muertes entre los heridos. Algunos elementos nuevos son tan sencillo como los vendajes de presión que se incluyeron en los kits de primeros auxilios. Otros, tales como una nueva droga anticoagulante para las hemorragias internas, son piezas de alta tecnología y en este caso cuestan hasta 7.000 dólares por dosis.

Ahora todos los servicios cuentan con pequeños grupos quirúrgicos móviles repartidos en todo el campo de batalla; estos grupos pueden operar a los soldados heridos de mayor gravedad cerca del frente. Lo que hacen en general es realizar pequeñas operaciones para estabilizar al herido y permitir así que sean transportados a un hospital.

Muchos de los pacientes que han sido tratados hasta el momento son iraquíes. "Según la Convención de Ginebra y los estándares de la OTAN los heridos son atendidos según un orden de prioridades, basado en las heridas o enfermedades que sufren y no en los uniformes que llevan", explicó el teniente coronel Donald Jenkins, un cirujano jefe del Centro Médico de la Fuerza Aérea Wilford Hall, en San Antonio.

HERIDAS FATALES. Cada rama del Ejército ha tomado sus propias decisiones sobre las innovaciones a adoptar en el tema médico. El Cuerpo de Marines, por ejemplo, incluyó en los kits de primeros auxilios un producto nuevo llamado QuickClot. Este fue testeado por el doctor Hasan Alama, un cirujano militar que se obsesionó cuando vio como las tropas se desangraban en Somalia antes que los médicos pudieran ayudarlos.

Por eso comenzó a utilizar QuickClot, un producto hecho de zeolito mineral y que se vende en cualquier farmacia. Cuando se lo esparce sobre una herida absorbe el agua de la sangre, concentrando así los factores coagulantes del organismo para que se forme un coágulo más pronto.

Alam y sus colegas testearon la sustancia en 36 cerdos. Los resultados aún no fueron publicados pero Alam dijo que QuickClot convirtió a heridas que eran en un 100% fatales en heridas 100% tratables: se formaron coágulos y los animales no murieron.

Pero no todo el Ejército está convencido de usarlo, porque el producto produce calor en el área en el que se lo rocía, lo que puede determinar una quemadura de tejido.

El Ejército y el grupo de Operaciones Especiales están realizando una aproximación diferente al tema de la coagulación, para lo cual usarán vendajes especiales para detener el sangrado. Una de estas vendas fue desarrollada por la Cruz Roja y utiliza dos proteínas de la coagulación, fibrina y trombina, para acelerar el proceso. Sin embargo todavía no se cuenta con buenas soluciones para heridas severas tales como las que se producen en el abdomen o pelvis, que pueden causar hemorragias internas incontrolables.

CONTROL DEL DAÑO. Por otra parte los cirujanos comenzarán a usar un método que se utilizó por primera vez hace una década en emergencias de varias ciudades afectadas por la epidemia de violencia derivada de las drogas. Uno de sus impulsores fue el doctor William Schwab, de la Universidad de Pensylvania. "Empezamos a ver que incluso después de que lográbamos controlar la herida, los pacientes morían", explicó. Por eso Schwab decidió realizar lo mínimo posible en términos quirúrgicos para detener la hemorragia, para que enseguida los médicos se dedicaran a estabilizar al paciente. Más tarde, según su razonamiento, los cirujanos podrían completar la reparación total.

Schwab llamó a su método control del daño. Para evaluarlo el médico comparó a pacientes tratados con control de daño y otros pacientes con heridas similares que fueron sometidos a cirugía tradicional. Con el método de control de daño el 75% sobrevivió. Con la cirugía tradicional, casi todos murieron. Una década después, luego de refinar la técnica, el 90% sobrevive, dijo Schwab.

Para trasladar la técnica al campo de batalla, el Ejército debió realizar grandes cambios, entre ellos llevar a los cirujanos al frente y reducir el tamaño de los aparatos necesarios en una sala de operaciones. El método fue probado en Afganistán. De los 250 heridos atendidos, sólo uno murió.

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