Ley antitabaco argentina suma quejas y complicaciones

BUENOS AIRES - Ya casi nadie duda que fumar es dañino para la salud. Pero para los dueños de bares y restaurantes de Buenos Aires prohibir el vicio en sus locales se ha convertido en una pesadilla para sus finanzas.

Desde el 1° de octubre rige en la capital argentina la denominada ley antitabaco, que prohíbe fumar en espacios cerrados de acceso público con un área menor a los 100 metros cuadrados.

Celebrada por los enemigos del humo y aceptada a regañadientes por los fumadores, la norma encontró en los dueños de bares y restaurantes a sus más fervientes opositores porque, dicen, les ha causado caídas de entre el 20% y 30% en sus ventas.

Según cifras oficiales, el 33,7% de los argentinos fuma, uno de los índices más altos en América Latina.

"Y... ahora se complica. Son pocos los lugares con espacio para fumadores. La alternativa es buscar aquellos que tienen mesas afuera. En mi caso, antes de comer en un restaurante sin espacio para fumadores me quedo en mi casa y fumo tranquilo", dijo Esteban Salcedo, abogado de 45 años, mientras apaga el tercer cigarrillo, sentado en uno de los pocos bares céntricos donde se le permite despuntar el vicio.

De un total de 9.000 establecimientos gastronómicos en capital, entre 2.000 y 3.000 tienen un área mayor a los 100 metros cuadrados.

"Nosotros compartimos el espíritu de la ley, que al fin de cuentas protege al fumador pasivo. Pero no estamos de acuerdo con su forma de aplicación", dijo Luis María Peña, presidente de la Asociación de hoteles, restaurantes, confiterías y cafés.

No sólo basta tener un local con una superficie mayor a la exigida para habilitar un espacio de fumadores. Estos deben estar aislados de los no fumadores, con vidrios o en otro piso, además de un sistema de ventilación, lo cual representa un costo extra para los propietarios.

En las últimas semanas, bares y discotecas, los más perjudicados por la norma, presentaron docenas de recursos de amparo argumentando que la misma "viola los derechos constitucionales de comerciar". En tanto que una camarera se presentó ante la justicia para que se la exima de tener que pedirles a los clientes que no fumen porque la "maltratan" y recibe "menos propina".

Pero hecha la ley, hecha la trampa. Para no perder a sus clientes fumadores, los bares y restaurantes invadieron las veredas con mesas y sillas, aún antes de contar con una autorización especial del gobierno porteño.

Especialmente en el centro, donde las veredas apenas superan el metro de ancho, transitar se parece bastante a una carrera con obstáculos.

Los dueños deben cumplir una serie de requisitos para poder instalar mesas en la vía pública: dejar 50 cms de vereda libre y abonar un canon semestral por mesa que va de entre U$S 50 y U$S 100, dependiendo la zona.

Las solicitudes para obtener el permiso aumentaron un 160% desde que entró en vigencia la ley.

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