Brasil, una de las principales potencias emergentes, enfrenta el gran desafío de garantizar una vivienda digna para sus 37 millones de pobres que viven en ciudades, muchos de los cuales residen en condiciones precarias en favelas situadas en la periferia de sus enormes urbes.
Pero San Pablo, su estado más poblado y rico, está demostrando que con un financiamiento adecuado y vigilancia, las favelas donde reinaban el crimen y el narcotráfico pueden convertirse en comunidades sostenibles donde los habitantes recuperen el orgullo y la dignidad.
En el estado de San Pablo, donde un 6% de la población de 42 millones vive en favelas, las autoridades lanzaron hace 10 años un programa para urbanizar estas comunidades, ayudando a los residentes a mejorar sus hogares e instalando servicios básicos como agua corriente, pavimentación de calles, electricidad y transporte público.
Un ejemplo es Uniao de Vila Nova, una gran favela de 32.000 personas a 25 km del centro de San Pablo.
En el pasado feudo de criminales y narcos, con barracas precarias que eran arrastradas por las aguas del cercano río Tiete en la época de lluvias, el área de un millón de metros cuadrados se ha transformado en una comunidad segura, limpia y orgullosa.
A diferencia de lo que ocurre en Río, donde se han instalado unidades policiales en varias favelas tras una ocupación militar y policial de la zona, no hay presencia policial permanente en Uniao de Vila Nova.
"No hemos tenido ningún asesinato en seis años, cuando solíamos tener cuatro por día en los años ´90", dice el líder comunitario Geraldo de Pindola Melo, de 42 años, que emigró aquí en 1984 desde el estado de Pernambuco (noreste).
Con su esposa y sus cuatro hijos, Melo vive en una pequeña casa colorida que construyó y fue mejorando a lo largo de los años, con la ayuda de la agencia estatal de vivienda de Sao Paulo, CDHU.
"Esta es una comunidad muy unida, estable", dice a la AFP.
Con orgullo, los residentes exhiben nuevos apartamentos, bien equipados, construidos con fondos del CDHU, y que alquilan a un costo de 15% de sus ingresos.
Escuelas, guarderías y quizás pronto un hospital
"Tenemos 3.010 familias viviendo en bloques de apartamentos verticales financiados por el CDHU, y 5.300 familias viviendo en sus propias casas urbanizadas", señala Valkaria Marques de Paula, funcionaria del CDHU.
El barrio ahora tiene siete escuelas, dos guarderías y otra en construcción, recolección periódica de residuos, una liga local de fútbol con 28 equipos y una cooperativa de reciclaje que emplea a 36 recolectores de basura, la mayoría mujeres, según de Paula.
También hay una tienda de artesanías, una escuela de jardinería con invernadero y una fábrica donde adictos a la droga rehabilitados fabrican vuvuzuelas, las trompetas ensordecedoras popularizadas por los fanáticos sudafricanos de fútbol durante el último Mundial.
Una nueva estación de trenes abrirá el próximo año, se construirá próximamente una escuela técnica y los residentes esperan contar pronto con su propio hospital.
Valeria Araujo da Silva, la secretaria de urbanización local, ha vivido en Uniao de Vila Nova durante 16 años.
Junto a su marido construyó su propia casa, que estima vale ahora 65.000 dólares, sobre todo a raíz del boom inmobiliario en el distrito este de San Pablo, donde se construye el estadio que acogerá el partido inaugural de la Copa del Mundo 2014.
"En el año 2000, un apartamento de 25 m2 en el barrio costaba 1.000 dólares, y ahora 25.000", comenta Ailton Severino Dias, más conocido como "Pe de Frango" (Pata de Pollo), que llegó aquí hace 20 años y también se hizo su propia casa.
Las autoridades están haciendo los registros de tierra en las favelas urbanizadas y los propietarios comenzarán a recibir títulos de propiedad en los próximos meses, y a cambio deberán pagar impuestos, dice de Paula.
"El reasentamiento de poblaciones desplazadas o desalojadas puede funcionar si se ofrece a las familias los mismos o mejores servicios y oportunidades", dice a la AFP Alain Grimard, director regional de ONU-Habitat, la agencia de la ONU para la vivienda, basado en Río.
El estado de San Pablo tiene un presupuesto anual de vivienda de 1.100 millones de dólares, 43% del cual se destina a la construcción de nuevas viviendas o mejoras para las ya existentes en las favelas, según el funcionario del CDHU Eduardo Trani.
En los últimos 20 años, se han construido unas 500.000 casas para un estimado de dos millones de personas de bajos ingresos en el estado, que representa un 33% del PIB de Brasil y un 22% de la población total del país.
Funcionarios estatales indican que aún hay un déficit de 500.000 viviendas para las pobres, así como unas dos millones de viviendas por debajo de los estándares básicos.
El área metropolitana de San Pablo tiene una población de unos 20 millones de personas, de los cuales aproximadamente 10% vive en favelas o asentamientos ilegales.
AFP