Cuando viajo al extranjero y hablo con extranjeros sobre la pasión de EE.UU. por las armas de fuego, la gente a veces expresa una conclusión que me horroriza: en Estados Unidos, la vida no vale.
Barack Obama anunció una magnifica serie de medidas de control de armas para demostrar que nosotros efectivamente valoramos la vida. Sin embargo, el destino de estas propuestas dependerá al final de cuentas de estadounidenses centristas que están divididos. Les agobian los estragos de las armas pero también creen tranquilizador tener una Glock cuando oyes el crujido de un tablón en la planta baja. Así que, para aquellos de ustedes que están indecisos, permítanme contarles el ganso.
Crecí en una granja en Yamhill, Oregon, poblado rural donde casi cada hogar tenía armas. Mi padre me dio un rifle 22 cuando cumplí 12 años, y después tomé un curso de seguridad de la Asociación Nacional del Rifle, la NRA.
Sin embargo, todas esas armas no nos volvieron más seguros. Consideremos la vez que le dimos un ganso a un vecino. Ese ganso se escapaba hasta la propiedad de otro vecino y saltaba al abrevadero de sus ovejas. Al propietario de estas ovejas le enfurecía que el agua terminara sucia, y una vez estaba tan harto que quiso dispararle al ganso. Tenía un arma a la mano, la sacó y apuntó en la dirección a él. El dueño del ganso vio la necesidad de proteger su propiedad y sacó su propia arma. ¡Se enfrentaron por un ganso!
La NRA pudiera decir que las armas no matan gente, sino que los gansos son los que matan gente, pero en la ausencia de armas de fuego ellos no se habrían amenazado mutuamente con hachas o martillos.
La esposa del propietario de ovejas convenció más tarde a los hombres de bajar sus armas. Prevaleció el buen juicio, el ganso sobrevivió y también los vecinos. Sin embargo, pienso en ese episodio porque pone de relieve el papel que las armas de fuego representan muy a menudo: un instrumento no de protección sino de intensificación.
Un estudio en 2010 arrojó que un arma de fuego tiene probabilidades 12 veces mayores de resultar en la muerte de un miembro del hogar o invitado que en la muerte de un intruso. Otro estudio de 1993 arrojó que la tenencia de armas crea un riesgo casi 3 veces mayor de homicidio en el hogar del propietario.
Demasiados estadounidenses son como Nancy Lanza, quien pudiera haber pensado que sus armas le darían mayor seguridad y después resultó muerta con ellas. Algo similar ocurrió en Yamhill, donde un agobiado adolescente tomó un arma perteneciente a su abuela y la mató de un tiro. La NRA está en lo correcto en el sentido que la mayoría de las armas se usan de manera segura, pero también es cierto que es mayor la probabilidad de que las armas de fuego causen tragedias a que las eviten.
Obama dijo que se han registrado 900 muertes violentas por arma de fuego desde Sandy Hook, pero ese fue un error inusual. Quizá estaba hablando tan solo de homicidios, pero también debería incluir los suicidios con armas, que son incluso más comunes y califican como muertes violentas por arma de fuego.
El Centro de Control y Prevención de Enfermedades calcula que cada año hay más de 11.000 homicidios con arma de fuego y casi 19.000 suicidios con armas. Eso equivale a 30.000 muertes por arma de fuego al año en EE.UU. A ese paso, se han registrado ya aproximadamente 2.500 muertes violentas por arma de fuego desde Sandy Hook. David Hemenway, especialista de salud de Harvard, dice que tener un arma incrementa el riesgo de suicidio en ese hogar de dos a cuatro veces.
A fin de reducir las muertes por accidentes automovilísticos hemos asumido un enfoque que se pudiera llamar "control de autos"; licencias de manejo, bolsas de aire, cinturones de seguridad y registro de vehículos. El resultado es un descenso constante en muertes en vehículos motorizados, a grado tal que en algún momento próximo, las muertes por arma de fuego superarán a las ocurridas por accidentes de tránsito.
No existen soluciones mágicas a la carnicería armada en EE.UU. Sin embargo, en el mismo espíritu que lo que hemos logrado para volver más segura la conducción de vehículos, Obama ha creado medidas cuidadosas y modestas que no resolverán la epidemia de violencia con armas de fuego pero deberían reducirla.
Si pudiéramos lograr una reducción de una cuarta parte de las muertes por arma de fuego, eso equivaldría a 7.500 vidas salvadas al año. A menos que la vida en EE.UU. no valga nada, eso vale la pena.