La guerra del presidente Vladimir Putin: identidad étnica e imperio

Vladimir Putin. EFE/EPA/SERGEI GUNEYEV / SPUTNIK POOL MANDATORY CREDIT

ANÁLISIS

Las ideas del líder ruso chocan con el sistema de libertades de Occidente.

El presidente Joe Biden asumió su cargo con la idea de que la lucha de este siglo sería entre las democracias y las autocracias del mundo.

Sin embargo, para librar una guerra en Ucrania, la motivación del presidente de Rusia, Vladimir Putin, ha sido un concepto distinto: el etnonacionalismo. Es una idea de nacionalidad e identidad con base en el idioma, la cultura y la sangre, una ideología colectivista profundamente arraigada en la historia y el pensamiento rusos.

Putin ha afirmado en repetidas ocasiones que Ucrania no es un Estado real, sino que en realidad son rusos, parte del núcleo eslavo que también incluye a Bielorrusia.

“Putin quiere consolidar la frontera de la civilización rusa, como la llama, y lo está haciendo con la invasión de un país europeo soberano”, opinó Ivan Vejvoda, investigador senior en el Instituto de Ciencias Humanas en Viena.

En este sentido, el director del Centro de Estrategias Liberales de Sofía, Ivan Krastev dice que esta guerra es de recolonización, en la que se están tomando tierras que gobernaron el imperio ruso y la Unión Soviética.

“Aunque Ucrania fuese una autocracia, Putin no la toleraría”, comentó Krastev. “Está volviendo a consolidar el nacionalismo imperial”.

Para los opositores de Putin en Ucrania y Occidente, las naciones se basan en la responsabilidad cívica, el Estado de derecho y los derechos de los individuos y las minorías, entre ellos la libertad de expresión y la libertad de voto.

Timothy Snyder, profesor de la Universidad de Yale y autor prolífico en el tema de Rusia y Ucrania, opinó que “Rusia no solo le está declarando la guerra a una nación inocente”, sino que está atacando los supuestos de una Europa pacífica que respeta las fronteras, la soberanía nacional y las instituciones multilaterales.

“Los líderes rusos están deshaciendo a propósito la estructura lingüística y moral que tenemos desde la Segunda Guerra Mundial”, comentó.

Choque de sistemas

Bajo la superficie de la guerra hay un choque de sistemas políticos, “una guerra en contra de la democracia liberal” y el derecho de Ucrania a la autodeterminación, comentó Nathalie Tocci, directora del Instituto Italiano de Asuntos Internacionales. Sin embargo, Tocci señaló que esto tan solo es parte de un conflicto más grande, pues Putin está intentando cambiar el significado de la soberanía.

“Putin está regresando a una peligrosa visión nacionalista étnica e irredentista de la soberanía y la autodeterminación”, opinó Tocci.

Vejvoda, de origen serbio, señala que el exlíder de Serbia Slobodan Milosevic también manipuló el concepto de etnonacionalismo, al afirmar que la antigua Yugoslavia había reprimido la identidad y las ambiciones de los serbios.

Aunque Milosevic utilizó ese tipo de argumentos de una manera cínica, Putin parece haberlos absorbido con todo el corazón.

La idea de Rusia como una civilización distinta de Occidente con el que compite se remonta siglos atrás, a las raíces del cristianismo ortodoxo y la noción de Moscú como una “tercera Roma”, después de la misma Roma y Constantinopla.

Snyder ha examinado las fuentes de lo que ha llamado una forma de fascismo cristiano ruso, que incluye a Iván Ilyín, un escritor nacido en 1883, quien vio la salvación en un Estado totalitario gobernado por un individuo honrado.

Las ideas de Ilyín han sido resucitadas y celebradas por Putin y su círculo íntimo, como Yuri Kovalchuk, a quien Mikhail Zygar, el exeditor del canal de noticias independiente TV Rain, describió hace poco como “un ideólogo, que se suscribe a una cosmovisión que combina el misticismo cristiano ortodoxo, las teorías conspirativas contra Estados Unidos y el hedonismo”.

De manera similar, Putin ha tomado las ideas de Lev Gumilev, un historiador y etnólogo de la era soviética que promovió el “euroasianismo” como un antídoto para la influencia de Europa, y de Aleksandr Dugin, quien tiene una visión ultranacionalista del destino de Rusia. En particular, sus historias han sido descritas en el libro Black Wind, White Snow: The Rise of Russia’s New Nationalism de Charles Clover.

Dugin, quien ha predicado a favor de la reabsorción de Ucrania, a veces es llamado el “filósofo de Putin”.

En 2014, Dugin dijo: “Tan solo después de restaurar la Rusia más grandiosa, que es la Unión Euroasiática, podremos ser un actor mundial creíble”. Dugin dijo que la revuelta ucraniana en contra de la influencia rusa ese año había sido “un golpe de Estado orquestado por Estados Unidos”, un intento de Occidente para detener “el avance de la integración rusa”.

No obstante, si alguna vez Putin dio la impresión de haber usado esas visiones con cinismo para llenar el vacío ideológico que dejó el colapso del comunismo, ahora parece haberlas absorbido… y puesto en práctica.

"Nueva Ucrania"

Hay un terreno preparado para ese tipo de ideas en Rusia, nación que durante siglos ha estado dividida entre los “occidentalizadores” y quienes consideran a Occidente como un cáncer: ajeno, decadente, insidioso y amenazador.

Los europeos occidentales lidiaron de otra manera con la caída de sus propios imperios, al integrar sus Estados nación en la Unión Europea, en parte para limitar el nacionalismo agresivo.

“La UE fue la transformación de imperios que fracasaron, desesperados por encontrar algo nuevo”, comentó Pierre Vimont, exembajador francés en Estados Unidos.

La guerra etnonacionalista de Putin no le ha salido tan bien. Presentarla como una guerra entre civilizaciones crea todo tipo de dificultades para los invasores rusos; después de todo, si los rusos y los ucranianos son un mismo pueblo, como insiste Putin, les están disparando a sus hermanos y hermanas.

“Para esos chicos no es fácil asesinar ucranianos, porque comparten el idioma y se parecen a ellos”, explicó Krastev. “Era más fácil con los chechenos”, el pueblo no eslavo del Cáucaso que Rusia ha combatido desde Catalina la Grande.

Para Krastev, la gran decepción de Putin fue descubrir que los hablantes ruso en Ucrania pelean en contra de sus fuerzas. Incluso sus oligarcas ucranianos favoritos, como Rinat Akhmetov y Dmytro Firtash, “de pronto han descubierto su ‘ucranidad’”.

Putin también ha trabajado para crear una sociedad más militarizada, basada en el orgullo ruso de haber derrotado a la Alemania nazi en la llamada “Gran Guerra Patriota”.

Sin embargo, ahora Ucrania, la cual también combatió y sufrió a los nazis, dice lo mismo de los invasores rusos. Según Krastev, para Ucrania, “esta es su Gran Guerra Patriota”.

Putin ha hecho más para fomentar la nacionalidad ucraniana que cualquiera de Occidente, opinó Krastev.

“Putin quería ser el padre de una nueva nación rusa, pero en cambio es el padre de una nueva nación ucraniana”, señaló.

El “fallo técnico” que lo sacó del aire

Banderas rusas, eslóganes anti nazis, cantos patrióticos y un fallo técnico que ha hecho desaparecer a Vladimir Putin de las pantallas en medio de su discurso: Rusia celebró ayer viernes el octavo aniversario de la anexión de Crimea ucraniana.

“Por un mundo sin nazismo”, “Por Rusia”, proclamaban las banderolas desplegadas en el estadio de Lujniki de Moscú.

Rusia justifica su actual invasión a Ucrania en la necesidad de “desnazificar” el país, acusado de perpetrar un genocidio contra la población rusófona.

Por todos lados, las “Z” adornaban el pecho de quienes participaban en el acto, convertidas en un símbolo patriótico por aparecer en los tanques rusos desplegados en zonas de combate.

El plato fuerte del festejo al que asistieron 95.000 personas dentro del estadio y 100.000 en el exterior, era el discurso del presidente ruso.

Putin se encontraba celebrando el heroísmo de los soldados rusos en Ucrania cuando la cadena pública Rossiya-24 interrumpió su intervención.

Quince minutos después, la televisión retomó la difusión del discurso de Putin, esta vez en diferido.

El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, dijo poco después a las agencias de prensa rusas que la transmisión había sido interrumpida “por un fallo técnico en un servidor”.

Celebrando la anexión de la Crimea ucraniana en 2014, Putin saludó a las fuerzas rusas en Ucrania, citando la Biblia. “Las palabras que me llegan son las de las Sagradas Escrituras: no hay amor más grande que dar la vida por tus amigos”, dijo, subiendo al escenario.

Al son de “Rusia, Rusia” coreado por la multitud, saludó el “heroísmo” de los soldados rusos que “combaten, que actúan, durante esta operación militar codo con codo, y que, si es necesario, cubren con su cuerpo” la trayectoria “de una bala”.

“Ha pasado mucho tiempo desde que vivíamos tal grado de unidad”, dijo Putin.

El evento también estuvo marcado por las canciones patrióticas interpretadas por artistas famosos, como Oleg Gazmanov, que cantó Hecho en la URSS, donde una de las estrofas reza: “Ucrania y Crimea, Bielorrusia y Moldavia, este es mi país”.

Personajes políticos, medallistas deportivos y artistas también subieron al escenario y se multiplicaron los mensajes de lealtad al presidente Putin, mientras decenas de miles de personas ondeaban banderas con los colores blanco, rojo y azul de Rusia y pancartas estampadas con la letra “Z”.

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