La guerra de Irak es un éxito editorial

WASHINGTON | AFP

Con portadas directas y agresivas, los ensayos críticos sobre la guerra en Irak se apilan en las librerías de Estados Unidos y acusan al presidente George W. Bush y su equipo de gobierno de errores de estrategia, ceguera política, conspiración o simplemente ineptitud.

El periodista, Bob Woodward, cuyo "Estado de Negación" fue lanzado hace unos días, es el último de un pequeño ejército de académicos, periodistas, ex asesores y ex diplomáticos que hacen fila para clavar sus cuchillos.

Afirmaciones de que Bush fracasó en revelar la extensión de la violencia contra las tropas estadounidenses en Irak hacen que los ejemplares vuelen desde los estantes de las librerías.

Tres de los 13 libros políticos que encabezan la lista de más vendidos del New York Times tratan sobre Irak, mientras un cuarto aborda un tópico que muchos estadounidenses consideran indisolublemente ligado a la guerra: el 11/S.

Entre las más populares críticas sobre Irak, el libro "Fiasco" de Thomas Ricks, publicado en julio, acusa a Bush de fracasar en tener un plan para después de la primera fase de la guerra, diciendo que tal "ceguera" le garantizó al conflicto un dudoso lugar en la historia.

"Hubris" (Arrogancia), lanzado en setiembre por Michael Isikoff y David Corn, es ofrecido como un recuento de "traiciones, ineptitud burocrática, delincuencia periodística y, especialmente, arrogancia".

También está el ex diplomático estadounidense Peter Galbraith, cuya obra "The End of Iraq: How American Incompetence Created a War Without End" (El fin de Irak: Cómo la incompetencia norteamericana creó una guerra sin fin), fue lanzada en julio y se enfoca en el "error de cálculo detrás de la guerra tanto como en las equivocaciones".

Para William Joseph, profesor de ciencias políticas en el Wellesley College en Massachusetts, el fenómeno refleja una reacción al movimiento antibélico de relativamente bajo perfil en Estados Unidos.

"La literatura antibélica no genera un movimiento antibélico", dijo. "Hay una terrible tranquilidad para un país en guerra y la proliferación de libros probablemente no lo modificará", indicó.

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