La Argentina sigue a flote

Finalmente y felizmente, Argentina no se cayó del mapa y el fugaz "default" que recorrió sin embargo el mundo internacional de las finanzas, esta vez no fue aplaudido por los parlamentarios, como había ocurrido durante el breve mandato de Rodríguez Saá. Será tal vez, un signo de incipiente madurez. Aunque el Estado argentino tuvo al final que sacar un 21,1% de sus reservas, que al lunes pasado eran de 13.707 millones de dólares, esa reducción a la que se negaba enfáticamente el Primer Mandatario, se hizo por un período transitorio, ya que el Fondo Monetario devolverá los 2.900 millones de dólares en cuanto el Directorio de la Institución firme al acuerdo alcanzado. Un arreglo a tres años, por el cual se refinanciarán 21.091 millones de dólares con los organismos internacionales y el Club de París y el pago de 2.100 millones de los verdes, en intereses.

El desembolso argentino tenía que haberse hecho 48 horas antes del momento en que se concretó, el jueves a las dos de la tarde, pero en una dura pulseada el gobierno argentino se plantó en no acordar, si no era en condiciones más aceptables. Esto significaba una reducción al 3% para la meta de superávit primario para el 2004, dejando abierta la pauta para los dos años siguientes, atándolo a al crecimiento de la economía, en lugar de lo que exigía el Fondo, así como el no aceptar el compromiso de readecuar las tarifas de las empresas privatizadas, ni la compensación a los bancos por los amparos (tuvieron que pagar por el uno a uno a los beneficiarios, mientras ellos cobraban a 1,40 más otras distorsiones como los índices de ajuste), los cuales eran puntos importantes en la discusión. En la Carta de Intención que se firmará en Dubai, en días previos a la reunión por la Asamblea Anual, no aparecen compromisos explícitos sobre estos temas. A su vez, en el F.M.I. transaron con la postura argentina, pero exigieron que primero se pusiera al día con sus pagos y allí salieron los 2.900 millones.

SEMANA. Al analizar lo ocurrido en esta semana, se observa que ha sido una de las más significativas desde que Kirchner es presidente de los argentinos. El resultado se aprecia como un indudable triunfo del Primer Mandatario, ya que le quitó todo protagonismo al ministro Lavagna, aunque éste haya sido un actor clave en las negociaciones. Al mismo tiempo, se observa la importancia de tener amigos importantes, porque la presión de parte del Presidente Bush, a través del secretario del Tesoro, Mr. John Snow, fue seguramente un factor determinante.

Por ese motivo merece destacarse que mientras el presidente argentino acapara la atención con una serie de acciones contra los militares y las leyes votadas en anterior gobierno, con su afán por desenterrar el pasado y los anhelos de venganza, y se abraza con los piqueteros, convertidos hoy en amos y señores de las calles, a las que han transformado en un infierno, también se dio el tiempo para ir a visitar al Presidente norteamericano y sentar las bases para futuros apoyos de su parte.

A la vez queda en evidencia la crítica situación por la que atraviesa el organismo multilateral, puesto que es notorio que el default argentino le traería graves complicaciones en sus balances, empujándolos a ellos mismos a una posición crítica. La injusta ventaja del gran deudor, es justamente el peso y la gravitación de su deuda. Seguramente, al Uruguay no le hubieran tolerado semejantes bravuconadas, como son las de afirmarse en no cumplir con los contratos ni los compromisos, y ese era uno de los ases en la manga del equipo argentino, en este póker en las altas esferas del mundo financiero.

PAGOS. Respecto de la cesación de pagos que ya lleva muchos meses con los acreedores privados, a quienes habrá de enfrentarse en el próximo encuentro en los Emiratos Arabes, las intenciones son de este tipo. A éstos no les debe hacer ninguna gracia que los argentinos pretendan una poda del 65 al 80%, cuando, por ejemplo, el FMI recibirá el pago total de intereses.

El acuerdo por 3 años al que se ha llegado significa una bocanada de oxígeno y los mercados así lo reflejaron, con una primera suba en algunos títulos, aunque no demasiado. Para varios economistas, este respiro hará posible un crecimiento mayor de la economía para el 2004, previendo un aumento del PBI de un 4 a un 5% y algunos hasta se atreven a hablar de un 6%, aunque con esto no se solucionan todos los problemas. Y en este aspecto, hay que reconocer que estuvo bien el Presidente, al no caer en actitudes triunfalistas y recomendar moderación a los suyos, ya que como él mismo dijo, "esto no es la panacea".

RESORTES. En efecto, se necesitan varios resortes para hacer saltar la actividad económica. Por ahora está firme el de las exportaciones, gracias al aumento de los precios de las commodities, y el agro vuelve a sacarle las castañas del fuego al gobierno de turno. Pero la inversión está bastante estancada y el clima de negocios se resiente, si no percibe un país con seguridad jurídica, mientras el consumo está muy debilitado por la depresión salarial existente.

Lo que acaba de ocurrir con la empresa Telecom no puede enviar más que señales negativas hacia los inversores extranjeros, desanimando la venida de capitales indispensables para el crecimiento y la consecuente creación de puestos de trabajo. La prohibición de ajustar las tarifas es un golpe letal para los empresarios que apostaron a la Argentina, como lo demuestra el caso de la francesa Telecom que en estos momentos se retira de la Argentina, luego de haber hecho inversiones por 9.300 millones de dólares. En el 2002, sus pérdidas alcanzaron a 567% de su activo neto. Esto condice con que los Werthein (empresarios argentinos de la banca y el agro), compren en 125 millones de dólares, la mitad de Entel que fuera comprada por Telecom por 2.200 millones de dólares, si bien 2.000 millones eran en bonos de capitalización de la deuda y ahora los compradores se tendrán que hacer cargo de la deuda actual, por 3.000 millones. Si el gobierno no actúa de manera sensata y "seria", una palabra a menudo en boca del Presidente, la impresión va a ser que se invita a los inversores extranjeros para después quedarse con las empresas y las mejoras realizadas, al mejor estilo pirata.

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