BUENOS AIRES | LA NACIÓN / GDA
Lo que ocurrió al ex presidente Néstor Carlos Kirchner es un problema habitual y los números lo reflejan: el infarto es la principal causa de muerte en Argentina. Sin embargo, es poco común que acabe con la vida de alguien a los 60 años.
Néstor Kirchner era un hombre enfermo. De lo que se pudo saber -quizá estaba más enfermo de lo que se tenía conocimiento-, tenía dificultades gástricas severas que incluían sangrado, y padeció dos episodios vasculares que requirieron atención en emergencias, ambos con riesgo para su vida: una obstrucción en sus arterias carótidas (que llevan la sangre al cerebro) y otra obstrucción en las coronarias (que irrigan el corazón). Para un paciente que debía tomar medicación, sortear las delicadas paredes de su sistema digestivo no debía ser una dificultad menor.
Pero la causa de la muerte súbita de Kirchner está más relacionada con su corazón. ¿Por qué enfermaron sus arterias? Los especialistas explican que el problema está en las placas de ateromas, capas de grasa que se van formando en las paredes arteriales con el paso del tiempo. Incluso desde poco después del nacimiento es posible que comiencen a acumularse esas sustancias en el endotelio, la delicada pared que tapiza el interior de las arterias. En algunos casos se acumulan más ateromas que en otros, pero la explicación a esto último es un misterio.
Cabe también considerar que Kirchner no tuvo tiempo para la recuperación que todo paciente necesita luego de sufrir un proceso isquémico como el que lo llevó a la intervención de urgencia del 11 de septiembre pasado.
Los consultados coinciden en que el ex presidente no dejó que su aparato cardiovascular se estabilizara "e hizo todo lo que no hay que hacer. Volvió al ruedo demasiado rápido. A los tres días de la colocación de un stent un paciente como él no debe volver a la actividad habitual, ni viajar. Iba en contra de la biología", remarcaron.
Kirchner había sido dado de alta menos de 24 horas después de la intervención y, a los dos días, participó en un acto político.
Los pacientes como el ex presidente tienen "altas chances" de que un nuevo vaso colapse o de que se vuelva a tapar uno ya afectado. Y mucho se dice sobre la relación con las enfermedades cardiovasculares que tienen los individuos con rasgos de personalidad "A", que corresponde a los ansiosos, competitivos, con intolerancia a la frustración, iracundos, agresivos.
Varios catalogan al ex presidente en este grupo, teniendo en cuenta que las alertas de salud que tuvo este año no alcanzaron para doblegar su carácter pasional.
De todas maneras, estas personas no son más vulnerables que las definidas como "D": las que tienen una marcada inhibición de la expresión emocional, propensas a la depresión y al aislamiento social.
Otras investigaciones (como el estudio Whitehall, del inglés Michael Marmot) demuestran, por otra parte, que cuanto más poder y elevación en la escala social posee un individuo, más protegido se encuentra frente a los riesgos de una dolencia cardiovascular.
"Tenía un sistema vascular enfermo y eso es lo fundamental", coincidieron algunos expertos en cardiología consultados por la muerte del ex presidente, que tenía 60 años cuando la expectativa general de vida en su país llega a los 75.
En Argentina se producen 109 infartos cada día, 40.000 por año. El 32% de los decesos anuales derivan de esa causa.
Un estudio de los doctores Carlos Tajer y Daniel Ferrante publicado en la Revista Argentina de Cardiología da cuenta de la alta incidencia que tienen este tipo de problemas en la población.
"El número de infartos hospitalizados -dice el texto en sus conclusiones- nos ubica en el rango de comunidades de incidencia elevada". Esto, cabe agregar, sin tener en cuenta la cantidad de infartos que no llegan a instalaciones médicas porque la persona muere antes de ser atendida.
Su última exhibición de poder
El martes 14 de septiembre, dos días después de haber sido dado de alta tras la angioplastia que le realizaron, el ex presidente Néstor Kirchner reapareció en un acto de la juventud kirchnerista.
Estaba pálido, sus movimientos eran más lentos que de costumbre y siguió en voz baja la marcha peronista que el público entonó al finalizar el acto. Pero hizo una demostración de que seguía estando allí, junto a su esposa la presidenta.
En su momento los analistas destacaron que, para que alguien hubiera salido tan rápido del hospital e ido a un acto de masas tan deprisa, debía haber una imperiosa necesidad política que lo exigiera.