TEXAS | THE NEW YORK TIMES
Cuando lo capturaron, Rosalio Reta les dijo a los detectives de Laredo, Texas, que sentía una intensa emoción cada vez que mataba. Era como ser Superman o James Bond, contó. "Me gusta lo que hago", declaró.
Reta tenía 13 años cuando los Zetas lo capturaron, los sicarios del cártel del Golfo. El fue uno los integrantes de un grupo de adolescentes estadounidenses de Laredo atraídos a la guerra de las drogas al otro lado del río, en México, con promesas de grandes pagos, lujosos automóviles y sensuales mujeres.
Los jóvenes vivieron en una costosa residencia de Texas, disponibles para matar. El cártel del Golfo estaba en una guerra por el control del territorio con de Sinaloa a través del corredor de la Interestatal 35, la carretera que corre de norte a sur, que enlaza a Laredo con Dallas y que, con base en agentes encargados de la ley, es una de las arterias de mayor importancia para el tráfico de drogas.
Estos jóvenes pagaron un oneroso precio. A los 23 años, Jesús González III fue golpeado y apuñalado en una cárcel mexicana. Reta, que ahora tiene 19, y su amigo de infancia Gabriel Cardona, de 22, cumplen cadenas perpetuas. Otros jóvenes estadounidenses en su círculo, de quienes la policía asegura que trabajaron para los Zetas, se ocultan en territorio mexicano o desaparecieron, algo que tiende a ocurrirles a personas involucradas en el narcotráfico mexicano.
Los cárteles reclutan a hombres jóvenes de ambos países y operan sus grupos de tráfico ilegal y sicarios en los dos lados de la línea divisoria. Reta, González y Cardona están implicados en delitos cometidos en Estados Unidos y México.
Mientras trabajaron como asesinos a sueldo en 2006 y 2007, los tres estadounidenses vivieron en una casa alquilada por sus patrones en la calle Hibiscus de Laredo. Otra célula de sicarios, todos provenientes de México, estaba acampada ahí, a la espera de órdenes, agregaron agentes policiales.
El gobierno mexicano intentó aplicar una severa represalia sobre los cárteles de drogas, esfuerzo que dejó más de 10.000 mexicanos muertos en los últimos 18 meses. Algunas de las muertes son el resultado de enfrentamientos a balazos entre los cárteles y las autoridades. No obstante, los asesinatos de narcotraficantes involucrados en batallas por el control de territorios y de oficiales de policía y efectivos del Ejército que se interponen -el tipo de trabajo que desempeñaban Reta, González y Cardona- también representan miles de cadáveres.
Los quipos de asesinos recibían instrucciones de Lucio Quintero, o El Viejón, capo de los Zetas al otro lado del río (Bravo, en México), con base en registros de procesos. Recibían 500 dólares por semana como una forma de anticipo y de 10.000 a 50.000 por cada asesinato, al tiempo que el sicario que tiraba del gatillo recibía dos kilos de cocaína.
El Detective Robert A. García, del Departamento de Policía de Laredo, dijo que todos ellos también trabajaban para Miguel Treviño, el líder de los Zetas en Nuevo Laredo, ciudad mexicana frente a Laredo, quien es conocido como "El Cuarenta".
Algunos familiares describieron cómo los jóvenes varones solían ir a fiestas que ofrecían capos del cártel. A fin de mantener en alto la moral, los capos del narco rifaban automóviles, armas e incluso mujeres, comentaron los integrantes de la familia bajo anonimato. La mayoría de los jóvenes estadounidenses fueron reclutados en una discoteca, El Eclipse, localizada en Nuevo Laredo.
García describió a Cardona como el líder del grupo de la célula estadounidense de sicarios, un experimentando e insolente joven que, en Laredo, orquestó cuando menos cinco asesinatos de personas relacionadas con el cártel de Sinaloa.
Con el tiempo, en un trato con fiscales, Cardona se declaró culpable del secuestro de dos adolescentes estadounidenses en 2006 y en un centro nocturno de México, de llevarlos a una casa de seguridad del cartel y apuñalarlos hasta matarlos con una botella rota.
Los investigadores dicen que él recogía la sangre de las víctimas en una copa y brindaba por La Santa Muerte, personificación que veneran algunos mexicanos. En marzo, un juez federal condenó a Cardona a cadena perpetua.
Si Cardona era el cerebro del grupo, Reta era el más entusiasmado con la idea de volverse asesino profesional, destacó García. En una confesión filmada de julio de 2006, Reta les dijo a los detectives que él había participado en al menos 30 asesinatos. Reta le contó a García que él tenía 13 años la primera vez que mató a un hombre.
Matar se volvió adicción
Para muchos de los jóvenes reclutados por los cárteles, matar se vuelve una adicción. Rosalio Reta le contó a la policía: "Había otros que lo podían hacer, pero yo me ofrecía. Era como un juego de James Bond". Reta comparó el "placer de matar" con la "adicción a los dulces". Y agregó: "Si no puedo darte en la frente desde cierta distancia, me hinco ante ti y pongo mi frente contra tu arma. Te miraré a los ojos mientras me matas``.