MADRID | AFP
La crisis de la inmigración ilegal estalló en la cara de Europa en 2005 con el drama humanitario en los enclaves norteafricanos españoles de Ceuta y Melilla, seguido de un agrio debate en el seno de la Unión Europea (UE) sobre la manera de afrontarlo.
A eso hay que sumar las rispideces de la integración de los inmigrantes en Francia, que quedaron reveladas, con tres semanas de disturbios en los suburbios pobres de París.
ENTRAR A LA FUERZA. Restos de ropa ensangrentada colgados de la alambrada que marca la frontera entre Ceuta y Melilla y Marruecos, escaleras fabricadas con ramas; hombres y mujeres esposados en un autobús con destino al desierto: algunas imágenes mostraron en toda su crudeza entre septiembre y octubre pasados el asalto desesperado de miles de jóvenes africanos a estos enclaves españoles, puntos europeos en el norte de Africa.
¿Por qué este repentino flujo de inmigrantes hacia Ceuta y Melilla? Las autoridades españolas y marroquíes vieron en estos asaltos los efectos conjugados de una excepcional sequía y hambruna en los países subsaharianos y el éxito de la lucha contra la inmigración clandestina por vía marítima.
Desalentados para intentar atravesar el estrecho de Gibraltar o ir hacia Canarias por la amplitud de los despliegues policiales, los inmigrantes clandestinos se han lanzado sobre estos dos enclaves débilmente defendidos, a sabiendas de que el simple paso de la valla supone un billete de entrada al espacio Schengen.
Sin embargo, varias voces se levantaron en España y Europa para acusar al gobierno socialista español de haber atraído a los inmigrantes clandestinos con el anuncio de una regularización excepcional de más de 600.000 trabajadores extranjeros que tuvo lugar entre febrero y mayo pasados.
Ya antes de la crisis de Ceuta y Melilla, Alemania y Holanda habían reprochado a España haber tomado esta medida sin concertarse con sus socios europeos.
Francia extendió luego estas críticas a Italia, país que también lanzó una regularización masiva (700.000 personas) en 2002. El ministro francés de Interior, Nicolas Sarkozy, acusó a Madrid y Roma de haber creado un efecto llamada considerable en toda Europa.
La manera en que Marruecos rechazó a los emigrantes de Ceuta y Melilla —embarcados a bordo de una flota de autobuses y dispersados en pleno desierto— fue también incómoda para el gobierno de Rodríguez Zapatero debido al escándalo creado después de que varias ONG’s, con Médicos Sin Fronteras (MSF) a la cabeza, denunciaran su destino.
La presión de la UE sobre países terceros (para que) controlen la inmigración irregular ha generado nuevos abusos, acusó Amnistía Internacional, según la cual, la UE respecta cada vez menos sus obligaciones internacionales en su respuesta a la inmigración irregular.
La crisis de los enclaves, en los que al menos 11 emigrantes murieron por tiros en los asaltos nocturnos, llevó a Madrid, apoyada por París, a impulsar una reflexión a nivel europeo sobre el asunto.
La cumbre europea de finales de octubre en Hampton Court constató dos extremos: los países del Magreb no pueden asumir solos el papel de guardias fronterizos de Europa y la ayuda al desarrollo de Africa es la única solución duradera a la inmigración clandestina.
INTEGRACION. Francia tiene su interés en que todo el continente busque soluciones a los problemas de los inmigrantes.
Las deficiencias del modelo social francés volvieron a ser flagrantes a finales de octubre, cuando estalló una violenta revuelta en la periferia de París después de la muerte accidental de dos jóvenes que murieron electrocutados al huir de la policía.
Fueron 21 noches consecutivas de violencia, de vehículos ardiendo, de gases lacrimógenos y de enfrentamientos entre jóvenes de clase baja y origen extranjero y las fuerzas del orden que dieron la vuelta al mundo.
Por una vez las imágenes no eran de las favelas de Rio de Janeiro ni de la periferia de Bogotá: Era un París desconocido en el extranjero que obligó al gobierno francés a declarar el estado de emergencia que se mantiene hasta hoy.
En total, 274 localidades registraron disturbios, 3.200 personas fueron detenidas, 10.000 vehículos fueron destrozados y 200 edificios públicos sufrieron daños.
Mientras, el gobierno sigue sin ponerse de acuerdo. Mientras Sarkozy calificó a los habitantes de estos barrios de escoria, Chirac les aseguró que independientemente de sus orígenes son hijos de la República.
Poco a poco la revuelta se fue apagando, pero los problemas siguen ahí, palpitando en una especie de gran olla a presión.
Burocracia continental estudia el tema
La cumbre europea de finales de octubre en Hampton Court constató dos extremos sobre el tema de la inmigración: los países del Magreb no pueden asumir solos el papel de guardias fronterizos de Europa y la ayuda al desarrollo de Africa es la única solución duradera a la inmigración clandestina.
En noviembre en Barcelona, los europeos volvieron a hacer grandes declaraciones, comprometiéndose sin dar cifras financieras a gestionar humanitariamente los flujos migratorios y a proporcionar asistencia a los países de origen y de tránsito.
La Unión Europea (UE) podría dedicar 800 millones de euros al control de la inmigración clandestina según una propuesta española que los 25 están debatiendo en Bruselas.
La próxima etapa es una conferencia euro-africana sobre la inmigración, prevista en principio para la primavera (boreal) en Marruecos.
Otra propuesta, en este caso del presidente francés, Jacques Chirac, anunciada en la reciente Cumbre Africa-Francia celebrada en Bamako, es duplicar la ayuda internacional al desarrollo en un continente en el cual 320 millones de personas sobreviven con menos de un dólar diario.
A la espera de los efectos de la ayuda al desarrollo, los europeos coordinan sus políticas represivas. Los países del G5 (Alemania, España, Italia, Reino Unido y Francia) han multiplicado desde julio los vuelos conjuntos para repatriar a decenas de inmigrantes clandestinos provenientes de Africa, América Latina, Europa del Este, Afganistán o Irak.