ESPAÑA
El presidente de España, Pedro Sánchez, contempla los reclamos de su socio Unidas Podemos.
El presidente español, el socialista Pedro Sánchez, anunció ayer martes más gasto público y nuevos impuestos a bancos y empresas energéticas, en un giro a la izquierda a poco más de un año de las elecciones generales en España.
Sánchez llegó a su primer debate del estado de la nación como presidente, pues no se celebraba en España desde 2015 cuando era líder de la oposición, con una crisis económica en ciernes y la inflación disparada, en el 10,2% en junio, el nivel más alto desde 1985.
A año y medio para el fin de la legislatura, si no se adelantan las elecciones, la receta de Sánchez, basada en más ayudas sociales y nuevos impuestos a banca y energéticas, le reconcilia con su socio, el izquierdista Unidas Podemos.
Unas medidas económicas dirigidas “a las clases medias trabajadoras” que recibieron el aplauso de Unidas Podemos pero las críticas de la oposición, que las tacharon de “populistas”.
Para Sánchez, “el gran reto que tiene España es la inflación”, al reconocer que la economía española se comportará en los próximos trimestres peor de lo esperado, aunque dependerá de cómo evolucione la guerra en Ucrania y de si Rusia cierra completamente el suministro de gas a Europa. Ante esta amenaza, dijo que será necesario reforzar el ahorro energético, promoviendo el teletrabajo y el transporte público.
Sánchez anunció un impuesto temporal que gravará los beneficios de los bancos por el aumento de los tipos de interés, sobre los ejercicios de 2022 y 2023 y que se estima que recaudará 1.500 millones de euros anuales.
Este tributo se suma al ya anunciado el pasado junio para las grandes empresas eléctricas, gasistas y petroleras, que gravará los beneficios extraordinarios por el alza de precios de la energía, también con dos años de vigencia y una recaudación estimada de 2.000 millones de euros anuales.
En el lado del gasto, habrá gratuidad en bonos para trenes de la empresa estatal Renfe desde septiembre hasta final de año.
La principal fuerza de oposición, el Partido Popular, tuvo a su líder, Alberto Núñez Feijóo, sentado en el Congreso de los Diputados pero sin poder intervenir, pues es senador, no diputado.
Sin posibilidad de “cara a cara” entre presidente y líder de la oposición, algo que no había ocurrido en los 26 debates anteriores desde que los instauró Felipe González en 1983, la encargada de replicar fue la portavoz del PP, Cuca Gamarra.
La portavoz le criticó a Sánchez que “cuando la crisis les sobrepasa” no se deje “ayudar” con el plan que propone el PP: bajadas de impuestos, contención del gasto, reducción de la burocracia y una buena gestión de fondos europeos. “El Gobierno Frankenstein no da más de sí, es un proyecto fallido y agotado”, sostuvo Gamarra.
Pero por lo oído en el debate, el Gobierno refuerza su cohesión interna con unas medidas económicas claramente a la izquierda que eran reclamadas por Unidas Podemos.
La secretaria general de Podemos y ministra de Derechos Sociales, Ione Belarra, valoró que Sánchez haya “reorientado” el rumbo del Gobierno tras semanas de tensión.