Podría ser más temprano o podría estirarse un poco más; el quiebre todavía puede ser impedido. Pero, la semana siguiente al domingo 17 de junio, cuando Grecia realizará las nuevas elecciones, parece destinada a ser el momento en que la fiebre que debilita a la eurozona llegue a su pico y el pronóstico sobre el paciente resultará claro. La pregunta que surge es: ¿Cuánto pueden perder Grecia y el resto de Europa?
Las elecciones podrían producir un gobierno decidido a rechazar o renegociar radicalmente las reformas y medidas de austeridad comprometidas por su antecesor en el momento del segundo rescate. Si eso ocurre, el resto de la Unión Europea deberá decidir si quiere ser parte de esas negociaciones o alejarse.
Si los líderes europeos cumplen con sus amenazas, cesará el flujo de dinero del rescate al gobierno griego. Desde marzo, Grecia ha recibido la mitad de los 145.000 millones de euros (equivalentes a US$ 185.000 millones) que debería recibir del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) para fines de 2014. Ya recibió un primer desembolso por 1.600 millones de euros (US$ 2.000 millones) de un total de 28.000 millones de euros(US$ 35.000 millones) pendientes del Fondo Monetario Internacional (FMI) para comienzos de 2016.
Si bien el gobierno de Grecia está cerca de tener un excedente presupuestal primario (antes del pago de intereses) todavía necesita más créditos oficiales para cumplir con las obligaciones que enfrenta este año, principalmente los pagos de bonos que están en poder del Banco Central Europeo (BCE), y fueron excluidos de la reestructura en marzo que recortó en más de la mitad el valor de US$ 250.000 millones en deuda que estaba en manos de tenedores de bonos privados.
Si el flujo vital del FEEF fuera cortado por las naciones acreedoras, Grecia no podría pagar esas deudas. Si el BCE hiciera una cuestión de principios de no prestar (o permitir que el Banco de Grecia prestara) a los bancos contra tenencias de bonos y garantías de un gobierno en cesación de pagos, eso significaría cortar a Grecia.
Los bancos griegos actualmente dependen de unos US$ 162.500 millones de financiamiento bancocentralista. Sin el dinero del BCE la totalidad del sistema bancario colapsaría. Si se redujera el flujo de dinero y las condiciones para prestar fueran más estrictas, el gobierno griego podría comenzar a emitir pagarés a sus trabajadores para compensar el faltante. Si el flujo es frenado, dejando a los bancos sin euros para realizar los pagos, una nueva moneda sería la única alternativa.
En ese caso, el gobierno volvería a denominar los activos y pasivos de los bancos en dracmas e insistir que los contratos locales, como pagos de sueldos y precios, también fueran fijados en dracmas. Se necesitarían controles de capital, debido a que el dracma caería de inmediato en relación con el euro, posiblemente perdiendo, de inmediato, más del 50% (algunos estiman el 70%) de su valor.
A corto plazo, la agonía de Grecia -su economía se contrajo 13% entre 2007 y 2011 y se espera que caiga casi 5% este año- se intensificaría. Una salida precipitada del euro, sin preparativos, dejaría al país sin billetes ni monedas. El caos consiguiente paralizaría la actividad económica, provocando el cese del gasto por parte de consumidores y negocios. Economistas del banco suizo UBS han estimado que el costo de una salida catastrófica podría equivaler a entre 40% y 50% del PIB, en el primer año.
GOLPE. Esa cifra asume que Grecia debería abandonar tanto a la UE como al euro y por tanto, perdería acceso al mercado único. En función de bases estrictamente legales, ese puede ser el caso, en parte, porque salir requiere controles de capital y esos controles son ilegales bajo los tratados de la UE. En la práctica, quienes definen las políticas en la UE dejan en claro que haránhj lo máximo posible para mantener a Grecia dentro del bloque. Presumiendo esa actitud de ayuda, Mark Cliffe, un economista del banco holandés ING, calcula que el efecto sería menor. Sitúa la pérdida extra de producción en el primer año en 7,5%.
Si la nueva moneda de Grecia lograra evitar el salto a la hiperinflación -en un país caótico con un gobierno débil y una nueva moneda, sería un serio riesgo- podría recuperar alguna de sus pérdidas al año siguiente. En lugar de tener que pasar años abatiendo los costos internos, la caída del tipo de cambio lo proveería de la noche a la mañana, impulsando la competitividad. Si el país pareciera seguro, estable y acogedor, otros europeos concurrirían masivamente a pasar las vacaciones en el Mar Egeo.
Pero, esa es otra gran duda. Y, quizás los europeos tengan que preocuparse bastante más que de planificar las vacaciones. Los gobiernos europeos cargarían con pérdidas por los créditos que dieron a Grecia en los diferentes rescates. Por su parte, el BCE queda expuesto por dos causas principales. La primera es que, para calmar la tensión de los mercados después del rescate de mayo de 2010, compró bonos griegos por un valor de US$ 50.000 millones. La segunda es que, el Banco de Grecia debe al BCE alrededor de U$S 162.500 millones por concepto de obligaciones internas dentro del sistema de bancos centrales europeo, lo que se convertiría en deuda real ante la eventualidad de una salida de los griegos del euro. En total, el gobierno griego debe a los gobiernos e instituciones de la eurozona más de US$ 362.500 millones. Si Grecia abandonara al euro, la mayor parte de ese monto probablemente nunca se devuelva.
Además, existe la exposición del sector privado. A fines de 2011, las empresas y hogares griegos debían US$ 69.000 millones a bancos internacionales. Más difícil de cuantificar, pero tan real como esa deuda, son las pérdidas derivadas de la incertidumbre y de los crecientes rendimientos de los bonos de otros países vulnerables, que se sucederían después que quedara demostrado que un país realmente puede abandonar al euro.
¿Cómo se traduce esto en cifras? Recientes pronósticos realizados por la Comisión Europea, apuntan a una caída del Producto Interno Bruto (PIB) de la eurozona de 0,3% este año y luego creciendo 1% en 2013.
Cliff estima que después de una salida griega ordenada y bien administrada -una que generaría muy poco contagio y mantendría algún apoyo a Grecia de la eurozona y del FMI- se produciría en la eurozona una pérdida adicional del 1,6% del PIB en el primer año, agudizando lo que es una recesión suave. Las otras economías periféricas en problemas sufrirían un golpe mucho más duro, aunque en función de este modelo aumentarían su compromiso de realizar reformas estructurales, ya que habrán visto cuál es la alternativa.
Alemania sería la menos afectada, ya que se pronostica que su economía tendría mejor resultado que la eurozona, creciendo 0,7% en 2010 y 1,7% en 2013. En relación con esa base, incurriría en una caída de producción del 1% en el primer año. Considera que Estados Unidos sufriría un golpe la mitad de duro.
EXTENSIÓN. ¿Una salida de Grecia del euro, podría realmente ser contenida en sus fronteras? Los bancos europeos tienen una debilidad preocupante, no solo en las economías pequeñas como Chipre -ya está en dificultades y muy expuesta a Grecia- sino también en las grandes, como España, la cuarta mayor de la eurozona.
Se estima que los bancos españoles necesitan una inyección de capital público de al menos US$ 37.500 millones (3% del PIB) y quizás mucho más. Lograr créditos por ese monto resultaría una tarea difícil para el gobierno español afectado por el déficit (volvió a aumentar su estimación de déficit del año pasado al 8,9% del PIB).
Debido a que los males de la banca de España son tan prominentes, existe el peligro de corridas bancarias a medida que los ciudadanos de las economías vulnerables teman terminar con depósitos devaluados.
Esas corridas serían mucho más probables después de que Grecia saliera del euro y volviera al dracma, pero es posible que comenzaran antes y hasta precipitara esa salida, lo que es posiblemente la peor de todas las opciones que son malas. La situación sería manejable si quedara confinada a economías relativamente pequeñas como las ya rescatadas de Irlanda y Portugal. En una economía del tamaño de la de España o de Italia, las corridas serían un peligro terrible.
El cortafuegos que supuestamente protegería contra el contagio no está diseñado ni para corridas bancarias no es apropiado a las necesidades de grandes economías. En la actualidad, el FEEF, el fondo de rescate temporario, tiene recursos no comprometidos por US$ 312.500 millones, que podría destinar a proveer financiamiento a los gobiernos que se encuentren cortados de los mercados o enfrenten tasas punitivas a medida que intentan salvar sus sistemas bancarios.
La facilidad de rescate permanente, el Mecanismo de Estabilidad Europeo (MEDE) está previsto que comience a funcionar en julio, pero todavía no ha sido ratificado por varios países, entre los cuales el más notorio es Alemania. Aún cuando se ponga en funcionamiento, la nueva capacidad de prestar disponible de los dos fondos estará topeada en US$ 725.000 millones, suplementado por un posible apoyo del FMI de hasta US$ 537.500 millones.
Más allá de si el tamaño del fondo es adecuado y de otras consideraciones, existe el problema de en qué se pueden gastar los recursos. Si fueran usados para rescatar directamente a bancos comerciales, podría quebrarse el círculo pernicioso por el cual los bancos inestables usan la deuda de gobiernos apenas solventes para fortalecer su propia situación. Pero, ante el cariz de la situación, ni el MEDE ni el FEEF tienen permiso para hacer eso. Liberarlos en ese sentido, requeriría de acuerdos que deberían ser ratificados nuevamente, lo que implica un proceso políticamente riesgoso y que consumiría mucho tiempo.
PÉRDIDAS. Eso deja al BCE como el último baluarte. Podría comprar bonos nuevamente, aunque esa táctica sería menos eficaz que antes, a menos que dejara de lado su insistencia de estar protegido contra cualquier recorte futuro del valor de los bonos. Si no lo hace, los inversores en bonos verán cada compra que haga como castigándolos, y por tanto reduciendo el apetito residual que podrían tener. También podría proveer liquidez casi ilimitada a través de otra enorme operación de refinanciación de largo plazo. Pero, ello involucraría flexibilizar sus condiciones de garantía y exponer a los bancos centrales a mayor riesgo.
Si los fondos de rescate y el BCE no pueden hacer lo suficiente, podría producirse un quiebre aún mayor, con enormes costos para todos. Cliffe señala que la desintegración del euro sería catastrófica hasta para el núcleo central de Europa, con pérdidas de producción en el primer año de 8,9% para la eurozona (sería la exeurozona).
En ese caso, Alemania no quedaría a salvo, e incurriría en una pérdida del 8,2% de su PIB, debido a que sus exportadores deberían enfrentar la fortaleza de una moneda alemana renacida. A lo largo de lo que sería la exeurozona, habría una ola de quiebras, a medida que las empresas se encontrarían, de pronto, que les deben dinero en una moneda que se deprecia o debiendo en una moneda que se aprecia.
Las uniones monetarias se han quebrado antes, pero ninguna con la escala, ambición e interconexión de la eurozona. Contemplar las consecuencias terribles de una desintegración de esas características puede promover concesiones tanto de Grecia como de sus acreedores, que impidan que ocurra lo peor. Pero, ¿el nivel de temor puede ser apropiado para generar ese cambio de actitud, en tanto no es tan poderoso como para desatar el pánico? Otra vez, el pronóstico es incierto.
LAS CIFRAS
52%
Es el porcentaje de italianos que apoya continuar en el euro, según Pew Research.
6%
Es la tasa de interés de los bonos de España a 10 años. Estados Unidos paga 1,75%.
71%
Es el porcentaje de griegos que quiere mantener al euro como su moneda.
55%
Es la caída que tendría el ingreso per cápita si Grecia abandonara la zona euro.
Desempleo crece en la UE
El desempleo en la zona euro alcanzó un 11% en abril, un máximo histórico desde la creación de la Unión Monetaria, y los expertos predicen que seguirá creciendo, arrastrado por la situación en España donde el paro duplica la media europea (24,3%).
"La tasa de desempleo, corregida por las variables estacionarias, se elevó en la zona euro al 11% de la población activa en abril de 2012", señaló la oficina de estadísticas Eurostat.
Desde la creación de la Unión Monetaria en 1999, el desempleo nunca había alcanzado estos niveles. Y por doce meses consecutivos, la tasa de desempleo ha sobrepasado el umbral del 10% en la zona euro.
"Nos tomamos muy en serio estos datos, que confirman la urgencia de la situación, que alcanzó niveles inaceptables", señaló la portavoz de la Comisión Europea, Pia Ahrenkilde.
Según los cálculos de Eurostat, 17,40 millones de personas estaban sin trabajo en abril en la zona euro, es decir, 110.000 más que el mes anterior.
"Con la zona euro dirigiéndose hacia una contracción del PIB en el segundo trimestre, y la confianza de las empresas en declive, es muy probable que el desempleo en la Unión Monetaria siga aumentando, hasta alcanzar el 11,5% a fines de este año", vaticinó Howard Archer, de IHS Global Insight.
España lidera las cifras de desempleo de los 17 países de la zona euro, con el 24,3%, seguida de Grecia (21,7% en febrero), según Eurostat. Del otro lado Austria (3,9%), Holanda y Luxemburgo (ambos 5,2%) y Alemania (5,4%) tienen los menores índices de desempleo.
El desempleo en Portugal subirá al 15,5% este año y en Italia afecta al 10,2% de la población activa, un porcentaje récord en la tercera economía de la zona euro, según un cálculo provisional publicado por el instituto de estadísticas Istat.
"Esto refleja las crecientes disparidades entre los miembros de la unión monetaria", opinó Martin van Vliet, de la banca ING. "Muestra que la economía de la zona euro necesita desesperadamente políticas expansionistas" y tomar "cuanto antes medidas drásticas para frenar la crisis", añadió. (ANSA)
España provoca riesgo adicional para sostener la moneda única
BERLÍN | A medida que se profundizan los problemas económicos y financieros de España, lo mismo ocurre con la sensación de que la crisis de Europa va más allá de una situación aislada en Grecia y podría requerir una solución sistémica completa. El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, hizo un llamado a un plan concreto para incrementar la integración europea como medio de dar seguridad a los inversores, que han empujado al euro hacia sus niveles más bajos en dos años.
"Resulta muy importante, aunque no se crea que pueda llegar de inmediato, definir una tendencia, el objetivo", dijo Barroso, en Bruselas. "También resulta muy importante en términos de confianza para las inversiones en la eurozona ahora", indicó. "Apoyaremos un enfoque ambicioso y estructural que debería incluir una hoja de ruta y un cronograma para una unión económica y monetaria completa en la eurozona". Sin embargo, no solo los mercados financieros necesitan un bálsamo, para que la economía de la eurozona vuelva a tomar el rumbo.
A medida que el alcance de los problemas de su sector bancario quedó en foco, la economía de España mostró signos de derrumbe ante un implacable programa de austeridad. Los consumidores hicieron aguda reducción del gasto, el mes pasado, y las ventas al por menor cayeron en abril 9,8% en comparación con un año antes, lo que constituyó un récord. Fue el 22° mes consecutivo de declinación, señaló el gobierno. En un informe separado, el Banco de España pronosticó que la economía continuará en proceso de contracción a lo largo del primer semestre de este año, después de caer 0,3% en el primer trimestre. "Esperan por una suerte de milagro para resolver el problema y mientras van llevando la situación. Eso no es una estrategia", dijo Klaus Adam, profesor de economía de la Universidad de Mannheim.
A medida que la crisis se ha asentado, los expertos en finanzas hacen crecientes llamados para un enfoque más amplio antes de que el euro colapse por su propio peso. "Estas son todas las consecuencias de la misma crisis y es por ello que necesitamos pensar en esto en su totalidad", señaló Fabian Zuleeg, economista jefe del Centro de Política Europea. "De alguna manera, tropezamos de crisis en crisis, teniendo que abordar cada tema cuando surge, lo que nos impide salir al frente o encontrar las soluciones de largo plazo que necesitamos".
Las exhortaciones a algún tipo de deuda emitida en conjunto, conocida como eurobonos, son cada vez más fuertes desde la elección de Francois Hollande como presidente de Francia. Hollande cambió el debate sobre cómo responder a la crisis, pasando del énfasis en la reducción del déficit, -apoyado por la canciller de Alemania, Angela Merkel-, pero cada vez más rechazado por los votantes, a un enfoque de promoción del crecimiento.
Hasta el público alemán, que ha resistido los eurobonos, sería más receptivo a la idea en el contexto de un plan más grande y no como arreglo, producto del pánico, a la inestabilidad financiera de corto plazo. "Los alemanes son, en general, todavía europeos instintivos", dijo Zuleeg. "Quieren tener una hoja de ruta que muestre claramente si avanzamos hacia la integración, si los países aplican más limitaciones a las finanzas y si habrá más coordinación".
Parte del problema en Alemania ha sido el énfasis en Grecia, una nación que no tiene una reputación estelar en los medios de comunicación alemanes. Grecia ha sido el foco de atención desde que el gobierno de Atenas reveló en 2009 que sus ya pobres finanzas estaban en peor situación de lo que se creyó.
ESCEPTICISMO. La atención se ha dirigido cada vez más hacia España, donde ahora es el turno de las autoridades españolas de insistir que pueden manejar las consecuencias de la burbuja inmobiliaria y enfrentar creciente escepticismo. Los problemas se están convirtiendo en un círculo vicioso.
La economía se contrae a medida que el gobierno central en Madrid y las autoridades regionales recortan los gastos para cumplir con las metas presupuestales. Para empeorar las cosas, el sector inmobiliario continúa en declinación y las ventas a otros países, que han ayudado a sostener a los exportadores, probablemente se debiliten ante el estancamiento del bloque económico. Los problemas del sector bancario hacen difícil que hasta las empresas saludables puedan conseguir créditos.
El presidente del gobierno de España, Mariano Rajoy, sostiene que puede manejar al sector bancario y no necesita ninguna forma de rescate ni el tipo de supervisión que la troika -el FMI, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo- ha intentado ejercer en Grecia. "El gobierno de España no quiere tener a la troika corriendo por Madrid, diciéndole al presidente lo que debe hacer", dijo Charles Wyplosz, profesor de economía internacional en el Instituto de Estudios Internacionales y de Desarrollo, con sede en Ginebra. Señala que ese es un serio error.
"Perdemos el tiempo porque España debió haber ido la semana pasada, el mes pasado o el año pasado al FMI para obtener financiamiento para rescatar a sus bancos", agregó Wyplosz.
Norbert Walter, quien fue economista jefe de Deutsche Bank, dijo que aunque España está en problemas, podrá salir de los mismos, en un proceso que Alemania estaría mucho más ansiosa de apoyar que a Grecia. Quizás haya llegado el momento para que las expresiones de solidaridad evolucionen hacia el próximo gran paso de cooperación europea. Zuleeg dijo que se llegó al momento, en el que los europeos necesitan examinar lo que pretendieron de la UE, un sistema más integrado a una acción hacia la desintegración. "Cualquiera de los dos es posible, pero esta situación es insostenible", dijo. "Debemos avanzar en una u otra dirección". THE NEW YORK TIMES.