David E. Sanger / The New York Times
Henry A. Kissinger, el académico convertido en diplomático que diseñó la apertura de Estados Unidos hacia China, negoció su salida de Vietnam y utilizó la astucia, la ambición y el intelecto para rehacer las relaciones de poder con la Unión Soviética en el apogeo de la Guerra Fría, murió el miércoles en su casa en Kent, Connecticut. Tenía 100 años.
Pocos diplomáticos han sido celebrados y vilipendiados con tanta pasión como Kissinger. Considerado el secretario de Estado más poderoso en la era posterior a la Segunda Guerra Mundial, fue aclamado alternativamente como un ultrarrealista que reformuló la diplomacia para reflejar los intereses estadounidenses y fue denunciado por abandonar valores, particularmente en el ámbito de los derechos humanos, si pensaba que servía a los propósitos de la nación.
Aconsejó a 12 presidentes (más de una cuarta parte de los que han ocupado el cargo) desde John F. Kennedy hasta Joe Biden. Se incorporó a la Casa Blanca de Richad Nixon en enero de 1969 como asesor de seguridad nacional y, tras su nombramiento como secretario de Estado en 1973, conservó ambos títulos, una rareza. Cuando Nixon renunció, permaneció bajo el gobierno del presidente Gerald Ford.
Las negociaciones secretas de Kissinger con lo que entonces todavía se llamaba la China Roja llevaron al logro de política exterior más famoso de Nixon. Concebido como un movimiento decisivo de la Guerra Fría para aislar a la Unión Soviética, abrió el camino para la relación más compleja del mundo, entre países que a la muerte de Kissinger eran la mayor economía del mundo (Estados Unidos) y la segunda economía más grande, completamente entrelazadas pero constantemente en desacuerdo a medida que se avecinaba una nueva Guerra Fría.
Fue el único estadounidense que trató con todos los líderes chinos, desde Mao Zedong hasta Xi Jinping. En julio, cuando tenía 100 años, se reunió con Xi y otros líderes chinos en Beijing, donde lo trataron como a un miembro de la realeza, incluso cuando las relaciones con Washington se habían vuelto conflictivas.
Involucró a la Unión Soviética en un diálogo que se conoció como distensión, que condujo a los primeros tratados importantes de control de armas nucleares entre las dos naciones. Con su diplomacia itinerante, sacó a Moscú de su posición como potencia importante en Medio Oriente, pero no logró negociar una paz más amplia en esa región.
Durante años de reuniones en París, negoció los acuerdos de paz que pusieron fin a la participación de Estados Unidos en la guerra de Vietnam, logro por el que compartió el Premio Nobel de la Paz de 1973. Lo llamó “paz con honor”.
Con la vista puesta en la rivalidad entre las grandes potencias, a menudo estaba dispuesto a ser crudamente maquiavélico, especialmente cuando trataba con naciones más pequeñas a las que a menudo consideraba peones en la batalla mayor. Fue el arquitecto de los esfuerzos de la administración Nixon para derrocar al presidente socialista democráticamente elegido de Chile, Salvador Allende.
Ha sido acusado de violar el derecho internacional al autorizar el bombardeo secreto de Camboya en 1969-70, una guerra no declarada contra una nación aparentemente neutral.
Pocas figuras de la historia estadounidense moderna siguieron siendo tan relevantes durante tanto tiempo como Kissinger. Hasta bien entrados los 90 años siguió hablando y escribiendo, y cobrando honorarios astronómicos a los clientes que buscaban su análisis geopolítico.
Para sus admiradores, él era el brillante arquitecto de la Pax Americana. Para sus detractores era vanidoso, conspirador, arrogante y de mal genio, un hombre capaz de elogiar a un alto asesor como indispensable mientras ordenaba al FBI que interviniera ilegalmente los teléfonos de su casa.
Kissinger no estuvo involucrado en el asunto Watergate. Sin embargo, el allanamiento de las oficinas del Comité Nacional Demócrata por parte de un equipo de la Casa Blanca y los intentos del gobierno de encubrir el asunto surgieron de una cultura de sospecha y secretismo que muchos sostienen que él ayudó a fomentar.
En la vejez, Kissinger a veces hablaba de los peligros comparativos del orden global que él había moldeado y de un mundo mucho más desordenado al que se enfrentaban sus sucesores.
“La Guerra Fría fue más peligrosa”, dijo Kissinger en una aparición en 2016 en la Sociedad Histórica de Nueva York. “Ambas partes estaban dispuestas a ir a una guerra nuclear general”. Pero, añadió, “hoy es más complejo”.
Heinz Alfred Kissinger nació el 27 de mayo de 1923 en la ciudad bávara de Fürth. En 1938, cuando aún faltaba un año para la guerra, los nazis permitieron a su familia salir de Alemania hacia Nueva York.
Divorciado en 1964 después de un matrimonio de 15 años con Ann Fleischer, Kissinger se casó con Nancy Maginnes en 1974. Su residencia principal estaba en Manhattan.
A Kissinger le sobreviven Maginnes y sus hijos con Fleischer, David y Elizabeth.
Kissinger nunca reanudó la enseñanza después de dejar el servicio gubernamental. Pero continuó escribiendo a un ritmo que avergonzó a sus antiguos colegas académicos. Produjo tres volúmenes de memorias que ocupan 3.800 páginas.
Orden Mundial, publicado en 2014, fue una especie de evaluación de despedida de la geopolítica en la segunda década del siglo XXI. En él expresó preocupación por la capacidad de liderazgo de EE.UU.
A los 96 años, se sumergió en cuestiones relacionadas con la inteligencia artificial y se asoció con Eric Schmidt, ex director ejecutivo de Google, y el científico informático Daniel Huttenlocher para escribir La era de la IA: y nuestro futuro humano (2019). El último libro de Kissinger, Liderazgo: seis estudios sobre estrategia mundial, se publicó en 2022.
Continuó ejerciendo influencia en los asuntos mundiales y, a través de su firma, Kissinger Associates, asesoró a corporaciones y ejecutivos sobre tendencias internacionales y dificultades inminentes.
“Henry es sin duda uno de los personajes más complejos de la historia reciente de Estados Unidos”, dijo David Rothkopf, ex director general de la firma consultora de Kissinger. “Y creo que es alguien que ha estado justificadamente en el centro de atención por su extraordinaria brillantez y competencia y, al mismo tiempo, por sus claros defectos”.
"El viejo y buen amigo" y el estadista
El Ministerio de Relaciones Exteriores chino elogió a Henry Kissinger por sus “contribuciones históricas” a las relaciones entre China y Estados Unidos, y describió al exsecretario de Estado como un “viejo y buen amigo del pueblo chino”.
Por su parte, el presidente ruso, Vladimir Putin, elogió a Kissinger por su contribución a las relaciones entre Estados Unidos y la Unión Soviética y lo describió como un “estadista sabio y visionario”. (AFP)
-
Estados Unidos y China aflojan tensiones comerciales y acuerdan formar grupo de trabajo para evitar crisis
China corteja a “viejos amigos” como Kissinger "para persuadir a las élites políticas" de Estados Unidos
Visita sorpresa de Henry Kissinger a China para "eliminar malentendidos" con Estados Unidos