Washington | Daniel Herrera Lussich (Corresponsal permanente)
El hombre conducía a velocidad superior a la autorizada por la autovía, 40 millas es lo permitido, no se había ajustado el cinturón de seguridad, la radio en tono fuerte y hablaba simultáneamente por un teléfono celular.
El policía observó el número de la matrícula, automáticamente recurrió en el patrullero al archivo informático y "saltó" que el dueño del vehículo no se había presentado a pagar una multa por exceso de velocidad, de seis meses atrás.
La sirena y el patrullero que detiene al conductor con su vehículo a un costado de la ruta. El hombre se molesta, pega algún grito, otro policía se incorpora al procedimiento, esposa al infractor y lo llevan detenido, acusado de felonía menor: no cumplió con el pago de una multa, no llevaba cinturón de seguridad, conducía hablando por celular y corría a más del máximo de velocidad autorizado.
El conductor deberá ahora ir a la corte. Lo más probable es que termine pagando una fuerte multa, hasta 1.000 dólares, se comprometerá a cumplir determinados trabajos para la comunidad y a notificarse de una rebaja de puntos en la libreta de conducir y como consecuencia a enfrentar una suba en la prima del auto, inquietante para cualquier bolsillo.
En todo Estados Unidos el tránsito es abrumador, hay grandes embotellamientos en las "horas pico", pero la gran generalidad respeta rigurosamente las normas, se detiene ante los abundantes carteles de "Pare". Cede el paso cuando no tiene preferencia, pocos son los que violan los topes de velocidad y prácticamente nadie conduce alcoholizado. Todo se hace en un congénito orden. Es sin discusión uno o el país más respetuoso de las normas de tránsito y en proporción al número de vehículos que circulan, los choques o accidentes son escasos.
¿Qué lleva a esos resultados positivos? No hay duda que existe una educación inculcada desde la época escolar, de absoluto respeto a la calle y a las normas de circulación vehicular. Y también es notorio el temor al monto de las sanciones: multas astronómicas y el riesgo de perder la licencia de conducir. Ni qué hablar que son muy pocos los que se animan a conducir ebrios o a alta velocidad. En caso de ser sorprendidos se pierde automáticamente el derecho a conducir y lo más factible es terminar tras las rejas. Si en un accidente hay heridos o muertos, el responsable conoce que las consecuencias son gravísimas. Sin pensar en los costos gigantescos: fuertes multas y el contrato de un abogado defensor que cobra por la primera infracción 2 mil dólares al instante más 200 dólares la hora de trabajo. En estos casos la prisión puede ir de 72 horas a 180 días. Si es una falta reiterada el abogado aumenta los honorarios a 4 mil dólares, mantiene los 200 dólares por hora y la cárcel oscilará, según la gravedad del incidente entre 30 días a un año.
No se entrega una libreta de conducir ni se vende un automóvil sin garantizar la existencia de seguros contra terceros. El que conduce y no tiene ese seguro obligatorio por ley arriesga la multa, el retiro de la libreta y el arresto.
COSTOSA CARRERA. En Estados Unidos para aspirar a senador o presidente hay que tener un buen capital o ser casi millonario, los gastos de una carrera política son cuantiosos. Además todo el proceso electoral está estrictamente reglamentado. Existen severas normas sobre límites de tiempo de las campañas, sobre la recaudación de los fondos partidarios, se busca dar la mayor cristalinidad y evitar la corrupción. Y obviamente los infractores enfrentan el riesgo de serias sanciones que lo alejan de toda actividad política y lo aproximan a la cárcel. Los tribunales de ética funcionan con rigurosidad y ni que hablar de la hora de la intervención de los tribunales de Justicia. Hace pocos días uno de los hombres de mayor confianza del presidente George W. Bush, el líder republicano de la Cámara de Diputados, Tom DeLay, se vio obligado a renunciar y enfrenta las acusaciones del fiscal y el magistrado de Texas de "conspiración y blanqueo de capitales", procesamiento que lo obligó a pagar 10 dólares por la libertad condicional. Asimismo el comité de Ética del Congreso lo amonestó "por aceptar pasajes y regalos" de gente aparentemente con intereses en proyectos parlamentarios.
Una idea concreta de los costos de publicidad que implica una campaña electoral surge de los recientes comicios por la Alcal-día de Nueva York, el ganador, el reelecto republicano, Michael Bloomberg, reconoció que había gastado 80 millones de dólares.
¿Hay apasionamiento por la vida política?
En general se escucha poco o nada sobre temas partidarios, ni hablar del mínimo atisbo de polémicas entre la gente, en un restorán, un bar, un club o aún en casas de familia. Se analizan asuntos puntuales, que afectan directamente al americano, como ahora el caso de las tropas y la guerra de Irak. Sólo en pleno período electoral los ánimos toman más calor, debido en mucho a la gran publicidad de los medios. No hay actos multitudinarios, salvo las convenciones finales, los candidatos a senador, diputado y hasta a presidente, de pronto aparecen en una terminal de subterráneo para estrechar la mano del público que llega desde las afueras a sus oficinas. En general hay más inquietud por la elección lugareña, en especial por el "Mayor, el alcalde o intendente de la ciudad o las cámaras municipales o locales".
Se da especial difusión a la actividad de la Casa Blanca, George W. Bush, diariamente ofrece una conferencia de prensa y también el vocero presidencial, Scott McClellan, responde a última hora, oficialmente y sin objetividad, sobre todos los temas de actualidad.
La mayoría de los americanos medio desconoce el nombre de los ministros, salvo un porcentaje mediano a los Secretarios de Estado o de Defensa, por su reiterada aparición en los diarios o en las pantallas y sólo un pequeño porcentaje a legisladores más allegados o influyentes en las cúpulas partidarias.
La frialdad sobre los temas políticos se observa en los "subtes" o en los ómnibus, los pasajeros leen en los diarios las dos secciones preferidas, muchas veces quedan las restantes sobre los asientos, son las de Deportes y la del "Metro", que trata los temas de la ciudad o localidad y lo mismo ocurre en la televisión, los "picos" de audiencia se dan cuando exhiben partidos de fútbol americano, béisbol o básquetbol y se hace referencia a problemas de la zona, impositivos, de precios, seguridad, enseñanza, salud o ciencia.
VIDA FAMILIAR. Los medios de difusión tienen enorme peso en la ciudadanía. En las esquinas están las famosas cajas ofreciendo amplia variedad de diarios, donde se insertan las monedas, se levanta una tapa y se extrae el ejemplar del día. Los artículos de prensa se basan en un análisis de los hechos ciudadanos, son prácticamente inexistentes las noticias internacionales salvo una catástrofe o guerra, se publican sólo los temas vinculados a EE.UU.: o a los países del entorno. A Europa rara vez se la menciona. Una excepción fueron los graves incidentes en los suburbios de las ciudades francesas u obviamente el viaje de Bush por los países asiáticos. Puede pasar una y hasta dos semanas para leer alguna línea sobre la vida de París, Londres, Madrid o Berlín. Hay dos páginas de opinión, una con dos o tres editoriales de la propia publicación y enfrente una página con artículos firmados por figuras de renombre, en general especialistas o analistas, que tratan temas de absoluta actualidad.
La vida familiar existe hasta ciertas edades, padres e hijos niños están muy unidos, a la llegada de la etapa universitaria o de trabajo, todos se dispersan a distintos estados y de allí en adelante, en general, padres e hijos mayores o casados sólo se ven una vez al año, o el Día de Acción de Gracias o Navidad.
Hay cosas sagradas en la familia (aparte de la multiplicidad de religiones, la protestante es la mayoritaria, hay una iglesia en cada esquina), como el cuidado del jardín o las plantas interiores los fines de semana y el ejercicio físico a diario, entre las 6 y 7 de la mañana o de tardecita, se hace " jogging" o bicicleta por senderos especiales, se practican deportes y en las casas a la mañana está el diario cerca de la puerta envuelto en un plástico y se observa a toda hora la televisión encendida.
LAS DOS CARAS. Las entradas para los espectáculos, ópera, ballet, orquestas sinfónicas, música popular, se venden hasta con un año de anticipación y es raro 15 días o un mes antes lograr una ubicación. Lo mismo ocurre con los deportes preferidos, rugby, béisbol, básquetbol, hockey en canchas de hielo, siempre con localidades agotadas y con coloridos "shows" en los tiempos intermedios. Las entradas lógicamente oscilan entre los 30, 60, 80, 100 dólares y a veces hasta los mil dólares. Y se venden todas.
Normalmente se trabaja y estudia a "full", no hay pérdida de tiempo, la jornada comienza a muy temprana hora, las vías de acceso al centro de las ciudades y las calles entre las 6 y 8 de la mañana están colapsadas y los "transportes colectivos", buses o subtes, desbordados, pero se repiten cada tres minutos, no hay esperas largas.
No se permite fumar en ningún lugar cerrado, sea oficina, restorán, supermercado, etc. y nadie viola la norma, no pasa por la imaginación dar una "pitada" robada, también la veda se extiende a lugares abiertos cuando hay gran concentración de público. En las calles al costado de las puertas de los edificios se observan grupitos de cuatro o cinco personas fumando con un cenicero de piedra lleno de arena; nadie se anima o no entra en su cabeza, tirarlo en la vereda o apagarlo en el piso con el zapato.
El americano medio vive bien, pero ajustadamente, los ingresos familiares dan para llegar hasta fin de mes, sin baches, pero tampoco a casi nadie se le ocurre cometer excesos, si puede gastar 200 gasta 200 y no 201 o 250.
Es muy fácil alcanzar el crédito para la compra de una casa o del auto y ni qué hablar para el alhajamiento de la vivienda. Por ejemplo el banco otorga para comprar una camioneta cuatro por cuatro 20 mil dólares a 5 años al 7% de interés anual, la cuota ronda los 400 dólares y el seguro 120 dólares mensuales.
La casa propia es sagrada, por ejemplo en caso de una quiebra o cesación de pagos, todos los bienes se entregan para amortizar las deudas, salvo la vivienda, que sólo si se deja de pagar el préstamo hipotecario (a 15 años y a un interés entre el 5 a 7% anual), al otro día se sabe que implacable llega el desalojo por el banco acreedor.
El auto es un aparato que casi nace con la gente, cada familia tiene su vehículo y es una costumbre tradicional ir a las gasolineras y llenar el tanque pagando con tarjeta de crédito. Todo funciona como autoservicio. El litro promedio de gasolina ronda los 0.70 centavos de dólar.
La comida es exquisita para el americano medio y muy poco potable para el sudamericano o europeo. En un restorán de nivel correcto, autoservice o de los que ofrecen la llamada "comida chatarra", los precios oscilan entre 8, 10 a 20 dólares. La generalidad que se ofrece son fritos, muchos platos con grasas y frijoles con salsas muy picantes, la carne cubierta por mezclas de verduras, también picantes y arroz. Y están los tradicionales sandwiches de jamón, queso, pavo, combinados con mil tipos de ketchup, más o menos fuerte y luego mucha fruta, sin exuberantes sabores naturales y lo inimaginable en materia de panqueques, waffles, las "donuts" con crema de vainilla, de chocolate y los dulces y más dulces, casi todos con salsas de frambuesas o el famoso "sirup", una especie de jarabe de chocolate, miel u otra rara combinación, que encanta a los americanos exprimir el frasco hasta desbordar el plato.
La obesidad es hoy en día uno de los graves problemas para la salud y la especial atención de médicos. Y cuando hablamos de obesidad nos referimos a niños y mayores de más de 100 quilos de peso.
Pero la generalidad de la gente vive bien, es un gran consumidor, casi insaciable, tiene acceso a las técnicas y adelantos más modernos y lo disfruta.
Los inmigrantes, hablando de los legales, la vida de los clandestinos es otro cantar, aún cumpliendo las tareas más pesadas en la recolección de cosechas en el campo, en los servicios o en la jardinería, al poco tiempo tienen su celular y el auto usado en buen estado y pagan un alquiler, según los ambientes, entre 500 y mil dólares en un barrio medio alejado y con sacrificio ahorran dólares para enviar a las familias en sus respectivos países.
Pero está la otra cara de los americanos, en especial de los afroamericanos, que viven en gran pobreza. Estadísticas recientes sitúan a los pobres, que viven mal en precarias viviendas en los suburbios, como se observó después del huracán Katrina en Nueva Orleans, en un 12,3% de la población, unos 37 millones de habitantes, hoy radiados y sin seguro médico. Muchos hacen colas frente a los ómnibus de instituciones de caridad que todas las tardecitas se detienen al costado de una plaza, para dar platos de comida, pan y agua. Normalmente no molestan a la gente que camina en las calles o cruza en sus autos en las esquinas. Pero ¡cuidado!, en algunas ciudades alertan de no ingresar a determinadas zonas, especialmente cuando cae la noche.