Engañó al marido y su tío le pegó un tiro en la boca

Horror. Fue en Gaza; antes la obligó a beber un herbicida

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La policía de Gaza encontró el mes pasado a K. K. en una barraca de playa con su supuesto amante cerca de Jan Yunis, al sur de la franja. Los detuvieron, los interrogaron y después los soltaron. La pareja sabía que el castigo no acababa ahí.

Ellos sabían que en Gaza, una mujer casada no puede dejarse ver con un hombre que no sea su marido o su familiar. Sabían también que en Jan Yunis, una zona muy conservadora de la franja, el castigo no tardaría en llegar. Lo que desconocían es el grado de brutalidad que iba a alcanzar. "Lo que pasó fue grave, incluso para los estándares de Gaza", dijo una activista de derechos humanos de la franja.

Esa misma noche, ya en casa, K. K., universitaria de 22 años, casada con su primo y madre de una niña de año y medio, tuvo que enfrentarse al interrogatorio de su familia. K. K. confesó su supuesto crimen, consciente de que había violado las estrictas normas de moral. Horas después de la confesión, su tío la obligó a beber de una botella de herbicida, hasta que la muchacha cayó inconsciente. En ese estado, el tío la llevó hasta el hospital Nasser de Jan Yunis, donde a las 21.00 la ingresaron en cuidados intensivos. Intento de suicidio, explicó el tío a los médicos. La dejó moribunda, convencido de que aquel era el final de su sobrina, según el testimonio de personas cercanas al caso.

Pero K. K. empezó a mostrar signos de recuperación. De madrugada, su tío se presentó de nuevo en la sala de cuidados intensivos. El médico corrió a transmitirle la buena noticia. La chica estaba mejorando. Al tío no le gustó el diagnóstico. Sacó una pistola y amenazó al médico y a la enfermera. Después, metió el arma en la boca de su sobrina y disparó. K. K. murió en el acto.

La policía tuvo conocimiento de la muerte. La familia, en un intento de minimizar daños, le entregó a un hermano enfermo mental, acusándole del crimen, pero los médicos identificaron al tío. El asesino confesó y ahora espera en prisión una sentencia que castigue el asesinato, indica Ayman Batniji, portavoz de la policía de Gaza.

La ley. Batniji explica en su despacho que cuando un vecino les da cuenta que alguna mujer está en un restaurante con alguien que no es su marido, las patrullas policiales acuden raudas. Si no ha habido relación sexual de por medio los sueltan pronto. Si la ha habido, irán a juicio. En el caso de los mal llamados "asesinatos por honor", Batniji explica que la ley es generosa con el agresor porque se entiende que trata de "limpiar la honra" de la familia.

El tío de K. K. también sabe, como cualquiera en la franja, que por tratarse de un "crimen de honor" su paso por la cárcel será breve. La pena máxima en estos casos puede llegar a tres años, pero lo más corriente es que no supere unos meses, señala Zeinab el Ghunaimi, del centro de asistencia e investigación legal para mujeres de Gaza. "Aquí se aplica una ley que se remonta a los tiempos del mandato británico y que considera que los asesinatos por honor no son intencionales. Mientras que los demás pueden acarrear la cadena perpetua; cuando se trata de un crimen de honor lo más normal es que la pena sea de entre uno y tres meses". La idea que subyace en el artículo 18 de la ley de 1936, que debía haberse derogado el año pasado, y de otros que regulan esta cuestión, es que un hombre que presencia la infidelidad de su mujer puede perder el control y volverse violento, aunque el atenuante por honor se aplica tanto si el hombre presenció la infidelidad como si no. Muchos casos se resuelven en negociaciones a puerta cerrada entre los miembros de las grandes familias y clanes de la franja.

Las cifras oficiosas difieren a la hora de contabilizar este tipo de crímenes. Unas fuentes hablan de cerca de una veintena al año -una cifra similar a la de la vecina Jordania y algo menor que en Líbano-. Otras sostienen que el número de casos es menor. La opacidad es la mayor característica. Muchos casos, como el de K. K., se camuflan como intento de suicidio, para evitar la deshonra social. Cuando la mujer sobrevive tampoco se cuenta en estas estadísticas, ya que temen represalias de sus familias si hablan.

"Es un tema muy sensible", dicen en Jan Yunis, donde nadie quiere identificarse por miedo a verse asociado con el caso. Es vergonzoso para la familia, añaden. No se refieren al asesinato. La vergüenza tiene que ver con el supuesto engaño de K. K.

Ghunaimi: "La ley considera que los asesinatos por honor no son intencionales".

Piden por presos en Israel

Una manifestación de mujeres residentes de Gaza realizó ayer una protesta, frente a las oficinas de la Cruz Roja en la franja, para reclamarle a Israel la liberación de prisioneros palestinos.

La protesta se realiza luego que el Estado judío, la semana pasada, entregara a las autoridades de la milicia de Hamas en Gaza a Hanaa Shalabi, detenido el febrero y sin cargos, luego que hiciera una huelga de hambre que duró 43 días.

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