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Fue "una hazaña que cambió a la humanidad". O "el inicio de una nueva era". Ninguna comparación resulta exagerada. Hace 40 años el hombre pisó la luna por primera vez, tras una aventura que paralizó al mundo durante cuatro días.
Cuando Julio Verne escribió "De la Tierra a la Luna" en 1865 no podía imaginar que un siglo después esa historia se iba a hacer realidad, así como tampoco podía prever que ese satélite de la Tierra iba a ser observado por televisión en millones de hogares alrededor del mundo.
"Houston, el Águila ha alunizado". El anuncio paralizó al mundo el 20 de julio de 1969 y, apenas unos minutos antes de las once de la noche, el astronauta estadounidense Neil Armstrong pisó suelo lunar por primera vez en la historia. Lo siguió su compañero espacial, Buzz Aldrin, así como unos 500 millones de personas que compartían la hazaña desde radios y televisores en blanco y negro.
El entonces presidente estadounidense, Richard Nixon, confiado en el éxito de la misión Apolo 11, rezó junto a toda la nación ese domingo 20 de julio pidiendo un exitoso alunizaje y el regreso a salvo de los astronautas. Ese día se cumplían sus primeros seis meses en la Casa Blanca. El mandatario sonrió cuando le preguntaron si había alguna relación entre el aniversario y el alunizaje.
Entrada la madrugada del lunes, Nixon se comunicó con el mundo, en el preludio de las horas más emocionantes de su mandato. "Este es un día histórico, el día en que el hombre por primera vez pondrá un pie sobre la Luna", afirmó.
Durante largos minutos la expectativa fue casi insoportable. Desde el espacio los tranquilos pilotos rompieron el silencio proporcionando datos técnicos, mientras caían hacia la superficie lunar.
"Bajamos bien", indicaron a los 65 metros de distancia. A los 20 destacaron el "buen aspecto" y a los 10 metros anunciaron que el Apolo 11 recogía "algo de polvo". Finalmente, a las 16:17, se escuchó: "La luz de contacto encendida. El motor apagado. El Águila ha alunizado".
El punto de contacto fue el Mar de la Tranquilidad, casi exactamente en el lugar elegido previamente. El alunizaje del Águila fue acompañado de una pequeña nube de polvo. "Un descenso muy suave", confirmó Aldrin, mientras el encargado de las comunicaciones en la base de Houston, Charles Duke, le avisaba a Michael Collins -el tercer tripulante y piloto del cohete Saturno V de la misión Apolo 11- que "El Águila está en Tranquilidad".
Cinco horas y media después del alunizaje, los astronautas estaban preparados para salir de la nave. El primero en hacerlo fue Neil Armstrong, que al desplegar la escalera del módulo sobre la superficie lunar pronunció la frase que quedó grabada en los libros de historia: "Éste es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad". Los datos médicos recibidos en Houston decían que Armstrong tenía 110 latidos cardíacos por minuto al iniciar el descenso y que el ritmo de pulsaciones aumentó rápidamente y llegó a 156 en el instante de alunizaje.
El mundo entero aplaudió el momento, que además de ser un hito en la historia de la humanidad, enviaba un poderoso mensaje al mundo: EE.UU. le ganaba la carrera espacial a la Unión Soviética al colocar la bandera estadounidense en la superficie lunar.
cuenta regresiva. Pero la hazaña había comenzado casi una década antes. El 25 de mayo de 1961, las palabras más significativas se pronunciaron en el Congreso de EE.UU. El presidente Kennedy le habló al pueblo estadounidense y al mundo cuando fijó una gran meta. "Creo", dijo Kennedy, "que esta nación debe comprometerse a lograr la meta de aterrizar a un hombre en la Luna, y devolverlo sano y salvo a la Tierra, antes de terminar esta década". Ocho años y 24 mil millones de dólares más tarde, el sueño se hizo realidad. El objetivo principal de Kennedy era el de superar a la Unión Soviética a los ojos de su país y del mundo, luego de que ésta nación pusiera por primera vez un satélite en órbita en 1957 -el Sputnik- y luego de que en 1961 el ruso Yuri Gagarin se convirtiera en el primer hombre en viajar al espacio.
Gracias a la creciente prosperidad de EE.UU. y a sus logros científicos y técnicos, ese país puso rápidamente en marcha el programa "Apolo". Los 24 mil millones de dólares que costó en 1969 equivaldrían hoy a unos 115.000 millones, o más de seis veces el presupuesto actual de la NASA. Así se planteó la carrera espacial que escaló y se convirtió en el símbolo de la batalla de la Guerra Fría por el dominio entre ideologías enfrentadas y poderes mundiales polarizados. "La Unión Soviética definió al logro espacial como la medida de poder y atractivo de una sociedad moderna, y Kennedy decidió que dejar un espectacular logro espacial sólo a la URSS no era del interés de EE.UU.", dijo Logsdon, experto del Museo Nacional de Aire y el Espacio.
Pero ese lunes 21 de julio hace cuarenta años, al mundo no le interesaban las rivalidades de la Guerra Fría, el hombre había llegado a la Luna. Así comenzó Los Ángeles Times su nota de tapa ese día: "Ha llegado el momento para que el hombre abandone el mundo. Bueno, no toda la humanidad, sino sólo tres de ellos. El número no importa; algún día el resto los seguirá. Toda persona desearía ser uno de ellos ahora".
La luna prometida. Las predicciones y esperanzas que se mostraron a partir de entonces definieron la llegada a la Luna como un "salto de gigante". El sueño de colonizar la Luna, ir de luna de miel a Marte y explorar las lunas de Júpiter ya no eran tema para guiones de ficción sino una posibilidad tangible, producto de un evento que cambió la percepción del hombre, de la tierra, y del universo. Pero, en retrospectiva, la pregunta es si ese lunes de fines de los años 60 no fue en realidad el día del punto culminante.
En el año 2009, "las verdaderas exploraciones espaciales las realizan los robots, mientras que los humanos están atascados en la rutina", dice Francis Rocard, un astrofísico encargado de la exploración del Sistema Solar en el Centro Nacional de Estudios del Espacio (CNES) de Francia. La línea de horizonte finaliza en la Estación Espacial Internacional (ISS), a unos 350 kilómetros de la Tierra. Los expertos dicen que hay varios motivos para explicar por qué las expectativas han decaído. El principal es que ya no hay rivalidad entre superpotencias, y sin ella, desaparecen las colosales cantidades de dinero destinadas a viajes habitados. "No fuimos a la Luna para las sartenes de teflón o las rocas lunares. Fuimos a la Luna para ganarles a los `sucios rojos`". Así es como Bill Anders, astronauta de Apolo 8, describió el viaje.
La vida después. Una vez que EE.UU. ganó la carrera a la Luna, el interés del público decayó, al igual que el presupuesto de la NASA. Las tres últimas misiones de Apolo se suprimieron, dejando que Apolo 17, en diciembre de 1972, cerrara esta época dorada de logros. Entonces, llegó el tiempo de decidir hacia dónde ir. Otros mundos, incluso el cercano de Marte, estaban demasiado lejos.
La NASA guardó los impresionantes cohetes Saturno V al igual que el módulo lunar. En su lugar, llegaron los transbordadores, basados en la idea de ofrecer una forma barata y fiable de transporte reutilizable. Pero los transbordadores no tenían dónde ir, a no ser que dieran vueltas alrededor de la Tierra, a kilómetros de casa.
Estos problemas explican en parte la precaución que hoy rodea el proyecto Constellation, el objetivo del ex presidente George W. Bush de volver a la Luna antes de 2020 y luego aventurarse en Marte. A menos que Barack Obama actúe, a la NASA le faltarán unos 100.000 millones de dólares para lograr la meta de 2020, dice Rocard.
Lejos han quedado los titulares de aquel histórico lunes de 1969, como "El hombre conquista la Luna" y "Huella humana abre mundo lunar". Hoy queda en la atmósfera la esperanza y algunas lamentaciones. "Si hubiésemos mejorado la tecnología del Apolo hoy estaríamos haciendo seis viajes espaciales habitados cada año, dos de ellos a la Luna y probablemente hoy estaríamos en Marte", sentenció Mike Griffin, ex jefe de la NASA.
Razones para volver a viajar
Estados Unidos, China y Rusia anunciaron su ambición de llegar a la Luna, un satélite de la Tierra que hoy representa un tesoro geológico potencialmente rico en recursos naturales y que algún día podría servir de base para vuelos habitados hacia Marte y más allá. Desprovista de atmósfera, la Luna es como una memoria geológica virgen, que no fue afectada por las interacciones del agua y el aire, como la Tierra. Los científicos descubrieron allí una roca bautizada "génesis", de unos 4.500 millones de años, cuando se estima que se generó el sistema solar. Los recursos lunares representan un motivo para volver. El ex astronauta Harrison Schmitt subraya que el suelo lunar es rico en helio 3 proveniente de las capas externas del Sol y proyectado con los vientos solares en todo el sistema solar. "Este elemento raro en la Tierra es muy requerido para la fusión nuclear, cuya tecnología aún es incipiente y será una de las soluciones ante la demanda de energía", añadió. Las reservas de la Luna serían del orden de un millón de toneladas y se estima que alcanzarían 25 toneladas para satisfacer las necesidades de la Unión Europea o EE.UU. durante un año. Finalmente, la Luna es un lugar ideal de entrenamiento y preparación para misiones espaciales habitadas lejanas, cuyo primer destino es Marte, explicó la NASA. "La exploración lunar nos permitirá probar nuestra tecnología y explorar técnicas que reducirán el riesgo y el costo potencial de futuras misiones humanas".
El viaje: el mundo siguió los cuatro días que hicieron historia
16 de julio
El Saturno V y sus tres tripulantes dejaron la Tierra acompañados por un ensordecedor sonido y una gigantesca llama roja. Los cinco motores del vehículo espacial en conjunto alcanzaron una velocidad de 40 mil kilómetros por hora, impulso necesario para vencer la fuerza de gravedad. El Saturno V impulsó la nave a 160 metros de altura, colocándola en la órbita del planeta. Cuando habían transcurrido 21 horas desde que dejaron la plataforma de despegue ya habían recorrido 170.000 km. La velocidad era de 7.100 km/h.
17 de julio
Con la tripulación más relajada, la misión cruzó el punto medio del viaje. La velocidad era de casi 5.800 km/h.
18 de julio
Houston anunció que la misión entró en la fuerza gravitacional de la Luna, cobrando aún mayor velocidad.
19 de julio
El Apolo 11 estaba a sólo 15.000 mil kilómetros del objetivo. Los astronautas durmieron tranquilos.
20 de julio
Luego de 102 horas 45 minutos y 39 segundos de vuelo para recorrer más de 389.000 km y trece órbitas, el módulo se posó en el "Mar de la Tranquilidad".
Cinco horas después Neil Armstrong pisó la Luna y lo siguió Edwin Aldrin. La caminata lunar duró unas 2 horas y media. Los astronautas recorrieron algo más de 110 kilómetros sobre la superficie de la Luna en ese tiempo. El Apolo 11 amerizó a salvo en el Océano Pacífico el 24 de julio, a 434 kilómetros de distancia de su lugar original de aterrizaje para evitar una tormenta.
Neil Armstrong.
Hoy tiene 78 años, pero se hizo héroe mundial a los 39. Su frase "Es un pequeño paso para el hombre, un salto gigante para la humanidad", fue objeto de debate por mucho tiempo. El registro de audio dio a entender que omitió un artículo antes de la palabra hombre. En 2006, un experto australiano probó que no, al recuperar la palabra que faltaba gracias a un sofisticado software.
Edwin E. (Buzz) Aldrin.
Cristiano devoto, el astronauta tomó la comunión en la Luna usando un kit otorgado por su pastor presbiteriano. "No. En aquel tiempo no estaba buscando más laureles", respondió Buzz Aldrin, a fines de junio, cuando en una entrevista con The New York Times le preguntaron si le molestó ser el segundo hombre, después de Neil Armstrong, en caminar por la Luna.
Michael Collins.
No pisó la Luna pues era el piloto y permaneció en el módulo de comando, en órbita alrededor del satélite. Cuando Houston informa que "todo el mundo se siente muy feliz por la hazaña lograda". Armstrong dice: "Aquí también hay dos muy contentos". Collins añade: "No se olviden del que está en el Módulo de Mando". En 1970 Collins se retiró de la NASA y escribió varios libros.
La cifra
382 Son los kilos de rocas y suelo lunar traídos por los astronautas en las seis misiones "Apolo" llevadas a cabo entre 1969 y 1972.
¿Mentira de acá a la Luna?
La proximidad de la fecha en que la humanidad celebra los 40 años de la llegada del hombre a la Luna disparó la vieja teoría de que eso nunca ocurrió, y que todo se trató de un montaje para darle un "golpe sicológico" a la Unión Soviética.
Como argumento, algunos esgrimen las diferencias en las sombras de Aldrin y Armstrong. Siendo el Sol la única fuente de luz directa y con estaturas similares, las sombras deberían parecerse. La respuesta es que la topografía en la Luna varía y una sombra se proyectaba sobre terreno ondulado y otra, sobre tierra plana.
¿Se movía la bandera?. La bandera no podría flamear por la ausencia de viento en la Luna, así que quienes defienden el alunizaje dicen que la bandera no se está moviendo, sino que los quiebres corresponden a las arrugas que la tela (nailon) adquirió en el viaje.
¿Cómo puede haber dejado una huella el hombre y no la nave?, se preguntan otros. Por la ausencia de gravedad, los objetos pesan seis veces menos y por eso en el espacio la nave se hacía muy liviana. La huella fue fotografiada muy de cerca y da la sensación de ser profunda.
Los astronautas describieron estrellas brillantes, pero en las imágenes de la NASA el cielo es negro. Los minerales blancos de la Luna, al reflejo del Sol, opacan la luz de las estrellas, dicen oficialmente. El Tiempo/GDA