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Los temas clave de la economía y la política internacional ya no se discuten entre algunos países individuales y Estados Unidos: ahora China aparece como un jugador de peso en las grandes lides mundiales.
"China ha sido decisiva en el cambio de enfoque de Asia-Pacífico, que en gran medida se refería a Estados Unidos y Japón, al Este de Asia, que tiene a China en el centro", señala Martin Jacques, autor del libro "Cuando China gobierna el mundo".
Es justo: todo el mundo entiende que China merece una gran participación en lo que ocurre en su barrio. Pero lo que la mayoría de la gente no ha advertido es que China también quiere escribir -o, al menos, ayudar a escribir- nuevas normas del camino que debe seguir el mundo entero.
"China ahora quiere sentarse a la cabecera de la mesa", indica Cheng Li, director de investigaciones sobre China en la Brookings Institution. "Sus líderes esperan estar entre los arquitectos decisivos de las instituciones globales".
Es el mayor poder mundial y la opinión pública ha asumido un tono combativo. Por lo tanto, con un ojo en los intereses nacionales de China y el otro en las críticas internas que acusan al régimen de cortejar a Occidente, Beijing ha empezado a empujar más fuerte para remodelar los sistemas internacionales para que sean más amigables a sí y, en el proceso, aumentar las posibilidades de supervivencia del régimen.
En efecto, los esfuerzos de Beijing por impulsar al yuan como rival del dólar logran avances tentativos: en los últimos meses China firmó acuerdos de intercambio de divisas con seis países por un total de US$ 100.000 millones.
El yuan se ha convertido en la moneda oficial de comercio entre el sudeste de Asia y dos provincias chinas a lo largo de su periferia. "El yuan será usado, a continuación, como moneda para el comercio con India, Pakistán, Rusia, Japón y Corea del Sur", señala Gu Xiasong, director del Instituto de Estudios del Sudeste de Asia, con sede en Nanning. Esos países, eventualmente, podrán usar la moneda china para realizar acuerdos entre sí.
Beijing dio otro paso importante en el camino de la libre convertibilidad del yuan al emitir su primera oferta internacional de bonos en Hong Kong a fines del año pasado.
MEZCLA. También de manera silenciosa, Beijing está ayudando a rediseñar internet. La atención ha estado centrada en los últimos días en su choque con Google, que se niega a aceptar las normas de censura locales y redireccionó a sus usuarios chinos hacia Hong Kong, donde no hay filtros.
Pero, de manera separada, los chinos han estado trabajando intensamente en la generación de estándares para la red: lo que se llama IPv6, que significa Protocolo de Internet versión 6.
La versión actual, IPv4, se espera que agote el año que viene las direcciones IP utilizables. IPv6 proveerá billones de nuevas direcciones que podrán ser utilizadas por todos, tanto sitios web como electrodomésticos inteligentes y unidades militares.
Además, China puede lograr una nueva oportunidad para perfeccionar el ciber-espionaje: contrariamente a la estructura anterior, IPv6 permite que las direcciones sean agregadas a computadoras específicas o a aparatos móviles, lo que daría al régimen una mayor capacidad de vigilar a los ciudadanos que usan la web.
Todos esos esfuerzos son motivados por una extraña mezcla de confianza, orgullo e inseguridad. Por un lado, China sabe que su capacidad tecnológica está aumentando y ve la oportunidad de superar a Occidente en algunos campos.
"Siempre ha existido la sensación en China y en numerosos países en vías de desarrollo de que Occidente era el lugar donde se debía estar, pero ahora, de pronto, dejó de serlo", dice Ruchir Sharma, jefe de mercados emergentes de Morgan Stanley Investment Management.
Los científicos e investigadores chinos regresan en masa a su país para dirigir investigaciones originales en laboratorios bien financiados.
Por otro lado, los chinos están preocupados porque si no están involucrados en la definición de los nuevos estándares, éstos podrían ser manipulados por sus enemigos.
Por ejemplo, el régimen ha intentado prohibir que las computadoras del gobierno utilicen software de Microsoft, en gran medida porque supone que esos programas pueden convertirse en una "puerta trasera" que permita a Estados Unidos lanzar ciber-ataques contra Oriente.
Si bien China no necesariamente intenta dominar el mundo, sus acciones siempre anteponen los intereses chinos a todo lo demás. Los programas espaciales de Beijing son secretos, pero han sido impulsados en años recientes por la primera prueba exitosa de un arma antisatélites en 2007, seguida este año del lanzamiento de un misil que algunos expertos en seguridad occidentales creen que en realidad es una nueva arma para destruir satélites.
A comienzos de este mes, China confirmó sus planes de enviar la primera sonda sin tripulación a la Luna en octubre y el lanzamiento de un módulo espacial para el primer ejercicio de acople que realiza ese país. Todo esto hará que aterrice en la Luna en 2013. Y dado que la NASA redujo su presupuesto, China es ahora el único país que hace grandes inversiones en la exploración del espacio.
AMBICIÓN. ¿Por qué el gran impulso para llegar a la Luna? China espera más ganancias materiales de las aventuras en los cielos que los ingresos que obtuvieron los estadounidenses.
Algunos científicos chinos tienen la seguridad de que el espacio es el lugar para encontrar potenciales fuentes de energía, como el helio-3, así como nuevas cantidades de minerales que actualmente son deglutidos por la producción industrial en la Tierra.
Se ha citado a Ye Zili, de la Sociedad de Ciencia Espacial, diciendo que cuando los chinos lleguen a la Luna no querrán "sólo recoger una piedra", en una clara alusión irónica a las misiones estadounidenses.
Las normas que regularán la explotación de recursos fuera de la Tierra todavía no han sido escritas. Cuando lo sean, China quiere que sus intereses estén bien representados.
El mismo principio explica el impulso general del país por superar al resto del mundo: quiere estar seguro de tener una participación decisiva en el establecimiento de los estándares y normas futuros; sabe que con las tecnologías nuevas y en desarrollo puede subir la escalera económica con mayor facilidad que si se apoya solamente en las industrias tradicionales.
Es por esto que China, el mayor contaminador del mundo, también se ha convertido en el Estado que apoya más las tecnologías verdes. Gracias a masivos subsidios del gobierno, ahora es líder mundial en equipos de energía solar y eólica y avanza con rapidez para establecer el estándar de la próxima generación de vehículos de energía limpia.
Las baterías producidas por la empresa china BYR ya se usan en al menos la cuarta parte del mercado de telefonía móvil. Y la empresa actualmente lidera la carrera global para adaptar esas baterías para autos, el último gran obstáculo que se levanta ante un futuro mercado viable de autos híbridos y eléctricos.
Como consecuencia de ciertas políticas oficiales, China ya tiene la mayor flota de vehículos de energía limpia en el mundo. A medida que mejora la tecnología, no caben dudas de que impulsará los autos ecológicos en su mercado de consumo, que el año pasado superó a Estados Unidos en cantidad de autos vendidos.
Si los chinos tienen éxito, no sólo al desarrollar la tecnología apropiada para ese campo automotriz, sino también un mercado de esa magnitud, podrán mantener la expectativa de controlar el negocio global de los vehículos en el futuro.
Si ese día llega, será interesante ver si los chinos -y el planeta- continúan sosteniendo las normas actuales de libre comercio y de competencia global abierta que ayudaron a crear el actual nivel de paz y prosperidad.
De hecho, ya se aprecian algunos gestos poco amistosos hacia los extranjeros: los principales estímulos fiscales fueron atribuidos a empresas dirigidas por el Estado y no a las privadas y las leyes chinas de fusiones dificultan a las empresas extranjeras la adquisición de compañías orientales.
Parece equivocada la idea de que, a medida que se hiciera rica, China sería más parecida a Estados Unidos, o al menos, más afín a su acción. China nunca ha sido transformada desde el exterior, y parece poco probable que lo sea ahora. Para el ciudadano medio, el orgullo por las perspectivas de su país es equivalente al inquietante sentimiento de que aún hay muchas cosas nuevas y precarias.
El alucinante ritmo de cambio tiene un efecto especialmente dramático en los jóvenes, haciendo que miren hacia adentro y sean más nacionalistas, una tendencia que expertos como John Lee, del Instituto Hudson, creen es un factor de las políticas nuevas y más agresivas en materia de seguridad, comercio y relaciones exteriores. Esa agresividad probablemente crezca entre ahora y 2012, cuando cambiará el máximo liderazgo del Partido Comunista.
Las autoridades que pugnan por posiciones "perderán puntos si se le ve como demasiado blandos en cualquier tipo de negociación con Estados Unidos", sostiene Li.
China todavía está definiendo su identidad: ¿es un país rico o pobre?, ¿una gran potencia que debe liderar en temas globales o una en proceso de desarrollo que simplemente cuidará de sí misma?
Esa confusión seguramente llevará a más desastres como el que ocurrió en diciembre, cuando en la cumbre de cambio climático en Copenhague China frustró un acuerdo al negarse a reducir las emisiones de gases nocivos para el efecto invernadero.
No está claro cómo será el mundo cuando China haya contribuido en el proceso por darle una nueva forma. Lo que sí parece cierto es que el camino hacia ese final estará lleno de baches.
La cifra
9,5 Es el porcentaje de crecimiento que tendrá el Producto Interno Bruto de China este año, según lo que estimó el Banco Mundial.
La cifra
2,4 Son los millones de empleos que le ha costado a EE.UU. el déficit comercial con China, según el Instituto de Política Económica.
La censura a internet no es nueva para los chinos
La decisión de Google puede no provocarle grandes problemas a China en lo inmediato, señalan expertos. Pero, a la larga, la posición intransigente de filtrar el flujo de información dentro de sus fronteras tiene el potencial de debilitar los vínculos de China con la economía global.
También puede degradar su imagen -promovida ante su propio pueblo y ante la comunidad internacional- de un país autoritario que avanza económicamente, quizá más que el esclerosado y democrático Occidente.
"¿Qué significa la salida de Google? Significa públicamente lo que todo el mundo que actúa en China sabe en privado", indicó Kenneth G. Lieberthal, académico de la Brookings Institution y asesor del gobierno de Clinton en temas referidos a China. "Este es un sistema con imperfecciones internas sustanciales. La visión desde lejos de que es simplemente un rompecabezas incontenible -que han encontrado las llaves del reino mágico- no es correcta. Los líderes chinos entienden esto tan bien como cualquier otro".
El final del experimento de cuatro años de Google en China -un esfuerzo por trasplantar las normas de libre expresión de Occidente- nunca fue fluido. Y cuando esta semana comenzó a redireccionar a decenas de millones usuarios, partes de las operaciones de la empresas que permanecían en el continente fueron presionadas por los socios chinos de Google y por el propio gobierno.
Se espera que China Mobile, la mayor empresa de comunicación celular del país, cancelara un acuerdo por el cual había colocado el motor de búsqueda de Google en su sitio móvil de internet, que es usado por millones de personas cada día. Un jerarca del sector de medios de China dijo que la empresa terminaba el acuerdo bajo presión del gobierno, pese a que no tenía ningún reemplazante a la vista.
Por cierto, la censura no es nueva en China. El gobierno nunca aflojó su control del sector de información y, de manera sostenida, ha afianzado la supervisión de la red en los últimos dos años, aunque nunca explicó directamente a sus ciudadanos que lo hace. De todas maneras, esas restricciones no han inhibido el crecimiento económico, que se mantuvo robusto mientras Occidente suspiraba en su peor recesión en décadas. THE NEW YORK TIMES