Jorge Abbondanza
En España el desempleo "ha hecho desaparecer de un plumazo la sensación de riqueza colectiva que vivió la población hasta hace dos años". Con 4.444.000 desocupados -que representan el 20% de la fuerza laboral- ese país refleja como pocos el castigo de la crisis económica mundial y duplica el promedio de los índices de paro del resto de la Unión Europea.
Las cifras más sombrías refieren a la juventud, porque los trabajadores españoles que tienen entre 16 y 24 años y que carecen de empleo, eran hace tres años un 17,5%, pero son ahora el 43,8%. Con razón los ciudadanos -y hasta los gobernantes- están asustados.
Lo peor de todo es que los expertos en asuntos laborales, pronostican para 2010 un panorama tan desalentador como el del año pasado, situación en la cual "se está perdiendo mucho capital humano, cuya recuperación llevará largo tiempo". Aunque más agudo, ese cuadro es similar al de Estados Unidos, donde el desempleo juvenil en los últimos doce meses saltó del 13,9% al 19,2%, aunque la tasa general de desocupación es del 10%, mientras siguen perdiéndose mensualmente miles de fuentes de trabajo.
España gasta 30.000 millones de euros al año en seguros de desempleo, un beneficio del que viven actualmente cientos de miles de jóvenes. Pero el director de una empresa consultora de Madrid, lamenta que su país no invierta en "entrenar y orientar vocacionalmente a los jóvenes sin trabajo o en exigirles que se capaciten". Lo grave es que "los sectores de actividad que contratan mayor cantidad de personal joven, como la industria de la construcción o el comercio minorista, son los que tardarán más en recuperarse".
En Grecia, el desempleo juvenil es del 25%, en Irlanda es un 28%, en Italia el 27%, en Eslovaquia el 29%, lo cual demuestra que el colosal motor económico de la Unión Europea está fallando en su zona más sensible y ya no parece capaz de mantener su ritmo de marcha ni su curva de crecimiento del pasado cercano.
Mientras en Calabria se produce una violenta protesta de 2.000 jóvenes africanos, que son inmigrantes ilegales y viven sujetos a un régimen laboral que roza la esclavitud, enfrentándose a la creciente xenofobia de los italianos del sur, el panorama en el resto de Europa sigue delatando tremendas dificultades para asimilar a los menores de 25 años. Esos muchachos son el dramático reverso de la sociedad del bienestar y la cara casi oculta de un mundo rico que ahora comienza a crujir.