Pekín | El regreso precipitado a China del presidente Hu Jintao, que acortó su visita oficial a Italia para la cumbre del G8 debido a las violencias en Xinjiang, es un gesto sin precedentes. El jefe de Estado llegó por la mañana "a la luz de la situación actual en Xinjiang", indicó el Ministerio chino de Relaciones Exteriores.
El Gobierno chino desplegó miles de miembros de las fuerzas de seguridad ayer en Urumqi, capital de Xinjiang, luego de tres días de enfrentamientos entre hanes (etnia mayoritaria en China) y uigures (etnia musulmana que es mayoritaria en la región). Desde helicópteros se lanzaron panfletos llamando a la calma a los 2,3 millones de ciudadanos de Urumqi.
La situación de violencia, al parecer incontrolable, llevó al jefe municipal del Partido Comunista de Xinjiang, Li Zhi, a amenazar con la pena de muerte a los responsables. "A aquellos que cometieron crímenes por medios crueles, los ejecutaremos", dijo y añadió que las fuerzas del gobierno reprimirían cualquier riesgo a la seguridad, sin dar detalles.
Según las autoridades chinas, el balance de los enfrentamientos es de 156 muertos, pero los uigures denuncian más de 400. AFP y AP