Dios y el hombre en Bagdad

| Prácticamente todos estos Estados árabes padecen el mismo problema: no existe una clase media viable y tampoco partidos políticos legítimos

¿Está sentado?... Hemos encontrado muchas sorpresas desde que invadimos Irak pero, ahora que el proceso político está en curso, la mayor sorpresa pudiera estar justo a la vuelta de la esquina, y es la siguiente: el primer gobierno democrático posterior a Saddam Hussein, el que Estados Unidos origina en Irak, pudiera llamarse "La República Islámica de Irak", y eso no necesariamente es algo negativo. (Le dije que se sentara).

El desafío de reformar cualquiera de los 22 estados árabes no democráticos se reduce a una cuestión muy simple: cómo pasar de aquí hacia allá, esto es, ¿cómo se avanza de una monarquía autoritaria o un régimen militar hacia un gobierno más representativo, sin terminar con una teocracia similar a la de Jomeini en Irán o una guerra civil como en Argelia?

Prácticamente todos estos estados árabes padecen el mismo problema: debido a decenios de represión política, el dominio de un solo hombre y el estancamiento económico, no existe una clase media viable y tampoco partidos políticos que sean legítimos e independientes, ni instituciones que llenen el vacío una vez que se remueve a la dirigencia autoritaria. Irak presenta este problema en un grado considerable.

Uno de los resultados de lo anterior es que, en las áreas sunnita y chiíta de Irak, las fuentes más importantes de legitimidad, así como de expresión política, son tribales y religiosas. Esta dependencia de la autoridad religiosa se reflejará en el primer gobierno posterior a Saddam, sea que provenga de elecciones directas o indirectas. Debido a que los chiítas conforman el 60 por ciento de Irak, y puesto que los únicos líderes con legitimidad en el chiísmo son figuras religiosas, sus opiniones y aspiraciones tendrán que ser tomadas en cuenta.

Existen, con todo, buenas razones para creer que el Gran Ayatolá Alí al-Sistani, el clérigo chiíta más reverenciado en Irak y el único que puede afirmar que habla por los chiítas iraquíes en general, no aspira a ser Jomeini. Muchos clérigos del chiísmo en Irak han vivido en Irán y han jurado que no desean seguir su camino autoritario. Más aun, debido a que los chiítas constituyen la mayoría en Irak, son los que más arriesgan al mantener a Irak como un Estado unificado. Dados sus porcentajes, cualquier Irak democrático será uno donde los chiítas, sean liberales o conservadores, tendrán gran influencia. Con todo, si los chiítas quieren mantener unificado a Irak, tendrán que respetar los derechos y aspiraciones de los kurdos y de los sunnitas, así como los de otras minorías.

Lo que se está desarrollando en Irak hoy día —una lucha por la supremacía entre el Ayatolá Sistani y el Consejo Gobernante con respecto a cómo debería elegirse un gobierno provisional— es algo inevitable, esencial e inexorablemente desordenado.

El Ayatolá Sistani no es un "Jomeini", explica Yitzhak Nakash, el catedrático de la Universidad de Brandeis que también es el autor de El chiísmo de Irak. Sistani proviene de la escuela del quietismo de los clérigos chiítas, los cuales tradicionalmente han tratado de resguardarse de la política. Al exigir elecciones, obviamente él está procurando los intereses del chiísmo, pero también está insistiendo en que el nuevo gobierno sea, hasta donde sea posible, legítimo y estable.

Si las cosas salen razonablemente bien, el resultado sería un gobierno inicial en Irak que sería más religioso que Turquía, pero más democrático que Irán. No está mal.

No debemos tratar de abortar esta discusión en ciernes entre los iraquíes. De hecho, deberíamos estar orgullosos de ella. Estamos fomentando un diálogo político muy necesario en el corazón el mundo árabe. Nuestra tarea consiste en asegurar que exista seguridad suficiente para sostener esta discusión crucial, así que, en lo personal, reubicaría a cada soldado estadounidense que está destacado en Europa y Japón hacia Irak, con el fin de llevar a cabo dicha tarea.

En el mundo actual, no existe ningún proyecto político que tenga mayor importancia para Estados Unidos que ver si Irak puede hacer la transición de Saddam a Jefferson sin pasar por Jomeini.

© "The New York Times"

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar