Será una cumbre con mucho ruido y hasta algún incidente pesado en las calles, con coincidencias y conversaciones en buen tono entre Estados Unidos y los restantes 32 países americanos (Cuba es el único ausente y se desconoce la actitud individual de Venezuela) sobre acuerdos bilaterales, habrá una lavada declaración final y el ALCA verá cómo se empieza a redactar su partida de defunción.
La mirada de todos estará dirigida a la decisión que surja en diciembre en la reunión de Doha, de la OMC en Qatar, con la esperanza de que favorezca la rebaja —lo más aceleradamente posible en el tiempo— de los subsidios y sistemas de protección que Europa y los propios americanos otorgan a los productos agropecuarios y de que se abran las puertas a una intensificación del comercio entre bloques regionales y al intercambio de las grandes potencias con los países emergentes.
El tema Hugo Chávez, que desde que se comenzó a agendar la Cumbre de las Américas ha sido uno de los que ha centralizado la atención de gobiernos, políticos, público en general y de la prensa, se ha ido diluyendo. La Casa Blanca ha sido muy clara en su definición: no se escucharán y por lógica no se responderán los planteos virulentos del Sr. Chávez, mientras la gran mayoría de los países latinoamericanos, sin marcar una línea de distanciamiento ni de choque con el presidente venezolano, deja traslucir que, de ninguna manera, le seguirán "el tren de ataques personales a Bush" y, más aun, se observa que Lula y Kirchner oficiarán de apaciguadores y no dejarán subir las revoluciones con el proyecto de la "Alternativa bolivariana".
Todas estas conclusiones nacen de conversaciones al más alto nivel político, diplomático, de recientes charlas en fundaciones de diálogo, muy habituales en EE.UU., y de los diarios intercambios de información entre los centenares de periodistas que circulan por corredores, ascensores y restaurantes del gigantesco edificio del Nacional Press Building en Washington, donde están instaladas las oficinas del Grupo de Diarios de América (GDA), entre ellos El País.
LIMAR ASPEREZAS. En las últimas horas se sucedieron hasta anoche conferencias de prensa, entrevistas periodísticas, debates televisivos y numerosas declaraciones nacidas desde el propio presidente George Bush, el secretario de Estado adjunto para Asuntos Hemisféricos, Thomas Shannon, el líder demócrata del Senado Harry Reid, corporaciones empresariales y asociaciones latinas.
Hasta el mismísimo Bush admitió que el "casi cien por ciento" de los resultados de la Cumbre de Mar del Plata dependerán del "talante y las propuestas que lleve en su maletín para desarrollar el comercio".
Desde los primeros pasos del comienzo de su gobierno el presidente americano anunció y reiteró que una de sus prioridades sería Latinoamérica, hoy absolutamente relegada por los graves problemas de la guerra de Irak, los huracanes que arrasaron tres estados sureños y dificultades internas en el propio Partido Republicano que han, indudablemente, centrado la atención de la Administración.
Bush considera especialmente importante mantener una relación fluida con Latinoamérica, sabe que debe tener un entorno de países que no le creen constantemente "dolores de cabeza", por eso reafirma su interés en apoyar la firmeza de los gobiernos democráticos y mira con cierta desconfianza posibles "polos de crisis" nacidos de Cuba, Venezuela (con un gobierno democrático pero caminando en el filo de la navaja), Bolivia si gana las elecciones Evo Morales o Nicaragua con Daniel Ortega.
Y Bush y su equipo de asesores saben perfectamente que la tranquilidad de los países latinoamericanos se alcanza con la apertura comercial en condiciones equilibradas, por ahora sólo por la vía bilateral, tanto en el intercambio como en el terreno de las inversiones de empresas americanas.
Habrá que esperar las conclusiones sobre el proteccionismo que surjan de Doha, en la Organización Mundial de Comercio, aunque no hay que "dejar sonar las campanas al viento con demasiado optimismo cuando se mantienen posiciones casi intransigentes, como la de Francia dentro de la Unión Europea, e incluso de EE.UU. en algunos sectores agrícolas".
SEGURO APACIGUADOR. En varias ciudades de países latinoamericanos se suceden protestas y a veces violentos incidentes por la presencia de George W. Bush en Argentina. No es novedad con respecto a Bush, y hechos similares vienen ocurriendo desde hace décadas con otros presidentes americanos. En general los gobiernos piensan que se podrán controlar todos los desmanes, especialmente las autoridades argentinas en Buenos Aires y Mar del Plata. El presidente de EE.UU. en entrevistas concedidas en las últimos horas no se inquietó demasiado con el tema: "Entiendo que no todo el mundo esté de acuerdo conmigo, eso no es exclusivo tampoco de América Latina; hay gente que está en desacuerdo en todo el mundo. No importa, eso ocurre cuando uno toma decisiones.
Bush se ha encargado en sus últimas declaraciones de destacar la "buena relación" que mantiene con Brasil (se piensa que Lula es el aliado para actuar como equilibrio entre los países latinoamericanos y EE.UU.), aclarando que "podemos tener diferentes sentidos políticos, pero compartimos las mismas metas y establecimos una vinculación buena, cordial y franca. Brasil es un país muy, muy importante en el mundo y Estados Unidos reconoce eso".
También el subsecretario de Asuntos Hemisféricos, Tom Shannon, se encargó de aclarar ante la requisitoria periodística: "No preocupa a mi gobierno la tendencia izquierdista de buena parte de Argentina, Brasil y Uruguay, porque todos respetan las normas democráticas".
El Partido Demócrata, por medio de su líder del Senado, Larry Reid, pocos minutos antes de la partida de Bush hacia Mar de Plata le envió una carta, que señala que "se debe usar esta oportunidad para desarrollar finalmente una política amplia hacia América Latina, una región que ha buscado el cumplimiento de promesas hechas por esta Administración hace tiempo, pero que ha sido gravemente ignorada.
Reid agrega que "América Latina es críticamente importante para Estados Unidos por su posición como nuestra vecina y porque es una fuente de flujo migratorio hacia nuestro país", y más adelante le dice a Bush: "Le hago un llamado urgente a que cumpla con su promesa original y haga que Latinoamérica sea una prioridad en la política exterior..., se deben incluir políticas para promover la democracia, reducir la pobreza, fortalecer la seguridad fronteriza y asegurar leyes justas de inmigración".
Marplatenses
PREPARADOS. Una provocación o un ataque de grupos radicalizados puede producirse contra la IV Cumbre de Américas en Mar del Plata, pero las fuerzas de seguridad "están preparadas" para enfrentarlos, dijo ayer el ministro argentino del Interior, Aníbal Fernández. El alto funcionario confirmó que unos 8.000 efectivos de las policías federal, bonaerense, militarizada y guardacostas han sido desplegados.
INTOXICADOS. Unos 70 efectivos policiales que custodian la Cumbre sufrieron una intoxicación en una cena con alimentos en mal estado, según se informó ayer. El ministro del Interior argentino dijo en rueda de prensa que "el agua" que bebieron pudo ser el causante del malestar.
SITIADOS. Por tratarse del Día de los Difuntos, familiares de personas fallecidos dispusieron ayer de unas pocas horas para visitar el Cementerio de Mar del Plata que se encuentra en la zona de exclusión de la Cumbre. Los visitantes fueron trasladados en buses especiales. A partir del mediodía de ayer, la necrópolis volvió a estar sitiada.
EN DUDA. Citando razones de seguridad, el presidente de Venezuela puso en duda su participación en la III Cumbre de los Pueblos, denominada "anticumbre". Aún así, el mandatario declaró en Telesur su intención de asistir.