ANÁLISIS

La decisión de Trump es correcta

La decisión de Donald Trump de reconocer a Jerusalén como la capital de Israel, ha provocado temor sobre la posibilidad de violencia árabe generalizada. Se añade a eso la preocupación de que tal medida pueda socavar las posibilidades de avanzar en los esfuerzos de paz.

Donald Trump. Foto: AFP
Donald Trump. Foto: AFP

Los argumentos que se oponen a la decisión de Trump no han analizado el panorama general de la situación ni los precedentes ya registrados en esta compleja situación.

Israel ofreció soluciones al tema de Jerusalén durante las negociaciones con los palestinos en varias ocasiones. En 2000, durante la Conferencia de Camp David, el primer ministro israelí Ehud Barak ofreció soberanía palestina sobre la Jerusalén árabe y también la custodia de los lugares sagrados musulmanes. Esa oferta fue de largo alcance y sin precedentes, donde Israel rompió el dogma de una Jerusalén unificada, un gesto que el presidente Bill Clinton reconoció con mucha admiración.

Asimismo, Israel aceptó conceder territorios en Jerusalén Oriental, en la Ciudad Vieja y en el Monte del Templo. Sin embargo, el entonces líder palestino, Yasser Arafat, exigió soberanía palestina sobre toda Jerusalén Oriental incluyendo los lugares sagrados judíos. Para defender esta posición, Arafat llegó a negar el indisputable hecho de que las ruinas del antiguo templo judío se encontraban en Jerusalén. Esa negociación no solo fracasó por intransigencia palestina, sino que culminó en una violencia de 5 años, conocida como la Segunda Intifada.

Aún bajo estas circunstancias de violencia, menos de medio año después del colapso de Camp David, Israel aceptó los "Parámetros de Clinton". Esto era un conjunto de propuestas para una paz final entre las partes que incluía el reconocimiento de Jerusalén Oriental como la capital del Estado palestino, cuyo territorio incluía los suburbios árabes, así como los barrios árabes de la Ciudad Vieja.

Sin embargo, Arafat respondió nuevamente exigiendo el control de la mezquita de al-Aqsa y de la totalidad del Monte del Templo. En otras palabras, exigió el control de todos los lugares santos: musulmanes, judíos, cristianos (incluido el Muro de los Lamentos, el sitio más sagrado para el pueblo judío).

La realidad es que la insistencia en la retención del 100 por ciento de Jerusalén no parece una estrategia de negociación apropiada.

Nuevamente en el año 2008, el primer ministro israelí, Ehud Olmert, propuso otra oferta a Mahmoud Abbas, sucesor de Arafat. Según esta propuesta, la capital palestina estaría en Jerusalén Oriental. Los barrios árabes serían parte del Estado palestino y los barrios judíos de Israel. Israel, los palestinos, Jordania y los Estados Unidos gobernarían conjuntamente la Ciudad Vieja y los lugares sagrados. Esta increíble oferta no recibió respuesta alguna de Abbas.

¿Podemos decir realmente que no se han intentado soluciones razonables? ¿Una embajada norteamericana en Jerusalén Occidental va a cambiar una actitud palestina que ha sido negativa desde el principio? ¿Qué gesto o paso EE.UU. o Israel deberían tomar para satisfacer a los líderes palestinos?

La decisión de Trump sobre Jerusalén envía un mensaje claro a los palestinos y a los países árabes de que ya no tendrán más poderes de veto sobre Jerusalén y de que deberán cumplir de una vez por todas un papel positivo en la promoción de la paz.

Una política guiada por el miedo a la ira árabe habría sido un signo de debilidad y una peligrosa y defectuosa política exterior. Trump tomó la decisión correcta.

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