Crece el temor en EE.UU. ante aumento de casos

DANIEL HERRERA LUSSICH

En WASHINGTON

CORRESPONSAL PERMANENTE

Seríamos diez personas en el ascensor y ninguno hacía ayer la menor señal de apretar el botón del piso de destino. Hasta que, sin imaginar el motivo de la inmovilidad de los demás, me acerqué y puse mi dedo sobre el once. El gigantesco ascensor inició la rápida subida. Me dio la impresión que hubo un suspiro de desahogo.

Ese quietismo lo explicó uno de los colegas del Grupo de Diarios América. "El temor ha ganado a todos, no el pánico, pero sí una gran inquietud y no ponen su mano sobre nada que haya sido tocado antes por otra persona. Ocurre en los ascensores y en los baños, donde nadie oprime la cisterna, no utilizan las canillas ni los secadores de aire. Cada uno lleva una toalla pequeña húmeda con alcohol o una crema que venden en farmacias y la utiliza para la higiene", indicó.

¿Qué acentuó ese salto en la gente de la preocupación hacia el temor y alarma ? Sin duda se sumaron varios motivos. El primero y fundamental fue la noticia de la muerte del bebé mexicano de 23 meses en Houston. Luego el incremento de los casos en varios estados, en principio ninguno grave, pero que obligó a internar a casi dos decenas de enfermos durante más de 24 horas a la espera del resultado de los laboratorios.

También provocó nerviosismo la noticia de que se le había realizado un "chequeo" a Barack Obama, con resultado plenamente satisfactorio. En cambio confirmaron el virus en uno de los miembros de su seguridad, el cual había integrado la comitiva presidencial a México. El funcionario afectado vive en Anne Arundael County, en las afueras de esta ciudad, y ha contagiado a su esposa, hijo y un sobrino. Ninguno corre riesgos. El resto de la comitiva que integró la delegación presidencial está siendo sometida, para alejar dudas, a exámenes.

El vicepresidente Joe Biden, muy amigo de los "furcios", ayudó a incrementar la inquietud. Hablando por televisión de la fiebre porcina señalo que no "permitiría que su familia viajara en tren o en bus". Las llamadas a los servicios de salud y mismo a la Casa Blanca recrudecieron, todos preguntaban si estaba prohibido trasladarse en el transporte público. Una pequeña y suave aclaración de Biden no redujo la intranquilidad.

A un funcionario del Banco Mundial, donde trabajan más de 10 mil personas, se le detectaron síntomas del virus al retornar de una misión de trabajo en México. Ayer no abrió sus puertas y agregó otro elemento para inquietar a todo DC.

En Estados Unidos se han multiplicado los casos en las últimas horas, todos diagnósticos benignos, de los cuales hay confirmados 141 en los once estados afectados. Se han cerrado 400 escuelas y más de 200 mil estudiantes han vuelto a sus casas con la recomendación de no concurrir a lugares con aglomeraciones. La mayoría de las farmacias agotaron la oferta de tapabocas y las urgencias han colapsado, pero por una mayoría que no exhibía ningún síntoma. Se señalaba como ejemplo el caso de un aparato, llegado de México en las últimas horas, cuyo pasaje y tripulación, sin que nadie oficialmente lo recomendara, se presentó directo del aeropuerto en el hospital de una Universidad de la zona. No hay argumentos firmes para que cunda una gran inquietud en el público, pero las noticias, que se divulgan por los medios en forma constante, sobre lo que ocurre en EE.UU. y el resto del mundo, preocupan y elevan el grado de "miedo y nerviosismo" cuando un "caso de fiebre porcina comprobado, golpea en las cercanías".

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