Constructor de "lujoso" búnker revela los secretos del escondite

Guerra en Libia. En la década del 80 el coronel Muamar Gadafi encargó las construcciones de búnkeres en varias ciudades El régimen cuenta con 2.000 kilómetros de canales subterráneos | w La frontera con Túnez se llena de miles de refugiados

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BENGASI | EL PAÍS DE MADRID

Muamar Gadafi lleva muchos años preparando lugares donde refugiarse. Un ingeniero holandés, que prefiere mantener el anonimato, trabajó en los años ochenta en la construcción de un búnker para el dictador libio en la ciudad de Brega.

Este ingeniero había trabajado haciendo puentes y carreteras, hasta que, a través de la empresa holandesa Interbeton, le ofrecieron colaborar en la ampliación de una casa de huéspedes. "Sonaba bonito, pero luego resultó estar bajo tierra", explicó a un medio holandés.

Se trataba de un búnker resistente a un ataque atómico, "lleno de aparatos de comunicación y escucha" y "extraordinariamente lujoso", añadió el ingeniero. El recinto tiene 60 metros de largo por 20 de ancho y capacidad para alojar a 20 personas.

No bastaba con un lugar donde refugiarse de los bombardeos. Después de un ataque, Gadafi "tiene que enseñar que está vivo, por lo que el búnker cuenta con un estudio de televisión". Una antena oculta, que después del ataque sobresale de un techo que se abre, sirve para que el dictador pueda decir: "Eh, que estoy vivo", señaló el arquitecto.

Conseguir materiales para el búnker y las instalaciones de comunicación "no costó mucho", aunque Gadafi en los ochenta era acusado por la comunidad internacional de participar en atentados terroristas en Europa. En algunos países "rechistaban un poco", pero para Libia "podías conseguir de todo, con tal de que no pidieses los últimos modelos", relató el ingeniero.

Interbeton no era la única empresa que trabajaba en Libia. De hecho, en un pueblo de Brega se alojaban muchos trabajadores extranjeros, y "justo allí, en el subsuelo" se encuentra la instalación fortificada.

La construcción del búnker comenzó poco antes del atentado de Lockerbie en Escocia (1988) y fue diseñada en los Países Bajos por arquitectos holandeses.

La situación "era esquizofrénica. Todo el mundo sabía que allí se estaba construyendo algo, pero a la vez debía ser secreto"; además, "los planos están todavía en los Países Bajos".

El ingeniero holandés recuerda la historia "de los constructores de pirámides en Egipto, que eran sepultados vivos". "Puede que se les olvidara", apunta, pero, por si acaso, no quiso tentar la suerte y nunca volvió a Libia.

Preguntado por si Gadafi puede esconderse en el búnker que ayudó a construir, el entrevistado respondió que "probablemente" el dictador tenga "búnkeres más modernos". "No sé de armamento, pero seguro que hay bombas más potentes que a finales de los ochenta, por lo que también habrá fortificaciones más resistentes", aventuró.

El búnker de la ciudad de Brega, sin embargo, no es la única construcción europea que puede servirle de refugio a Gadafi. Ingenieros alemanes participaron en la elaboración de lo que ya son más de 2.000 kilómetros de canales subterráneos, informó el semanario Der Spiegel.

Quienes huyeron, intentan volver

Túnez | Miles de refugiados libios que huyeron a Túnez tras el estallido de la guerra contra el régimen gadafista están ahora en la frontera tunecina esperando regresar a sus casas de Trípoli y otras ciudades, llevando en sus autos todo lo que pudieron rescatar del desastre.

Abu Emam es uno de ellos. Al volante de su pick-up blanca, cargada con colchones y bidones de combustible, viaja rumbo a Mirata, una de las ciudades escenario de ásperos combates entre los insurgentes y las fuerzas leales al régimen.

"Me siento renacido tras la salida de Gadafi. Estamos tan reprimidos que no conseguimos ni siquiera quejarnos", contó mientras se iba.

Representantes de la agencia de la ONU para los refugiados (Acnur) confirmaron que en las últimas 24 horas miles de libios regresan a sus casas, tras la noticia de que los rebeldes tomaron el búnker de Bab al-Aziziya.

En los rostros de los refugiados se lee alivio y alegría, pero también miedo por lo que dejaron antes de huir. No saben si encontrarán sus casas, o a sus parientes. ANSa

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