Constanza Mazzina: “No es lo mismo conservador que liberal, y hoy todos están en ese paquete que llamamos derecha”

La politóloga argentina repasa el giro electoral regional: el rechazo a los oficialismos, la derrota de Lula en Brasil, el fracaso de las encuestas y la situación de Cristina Kirchner.

Constanza Mazzina, politóloga argentina.
Constanza Mazzina, politóloga argentina.
Foto: Estefanía Leal.

Constanza Mazzina es doctora en Ciencia Política (UCA). Realizó su postdoctorado en Política Latinoamericana en IBEI (Barcelona, España) y es Magíster en Economía y Ciencia Política (ESEADE). Actualmente es directora de la carrera de Ciencia Política en la UCEMA. Es columnista habitual en medios argentinos e internacionales y autora de numerosos artículos y capítulos de libros sobre democracia, retroceso democrático, autocratización, liberalismo y política latinoamericana.

En Uruguay, es docente invitada en la Licenciatura en Estudios Internacionales de la Universidad ORT. En entrevista con El País, abordó las elecciones en Brasil y los liderazgos de la región.

—Hace un año, en diálogo con El País, decías que no te mostrabas optimista con la calidad democrática de la región. ¿Cómo la ves ahora?

—Un año después me parece que hay un cambio en el mapa político regional. Si sacamos la foto 2022 - 2026, es completamente distinta la “tendencia ideológica”. Lo que sí me queda claro es que en todos estos procesos electorales del año pasado para acá —Bolivia, Colombia, Brasil, Chile—, antes que el cambio, hay un rechazo a los oficialismos. Esa es la primera nota. Quizá donde más se hizo sentir fue en la elección del domingo (4 de octubre) de Brasil. (Luiz Inácio) Lula da Silva está prometiendo que él va a terminar con la inseguridad, que va a terminar con la criminalidad, pero este ya es su tercer mandato, y del PT es el quinto mandato, contando los dos primeros suyos, los dos de Dilma (Rousseff) y el tercero de Lula. Hay un hartazgo generalizado con esos oficialismos. Esto puede ser un problema porque si demandamos soluciones rápidas, las soluciones de corto plazo son siempre un problema. El camino corto te da resultados rápidos, pero en el mediano o largo plazo puede ser más problemático. Hay dos partes: está el cortoplacismo del ciudadano que quiere cada vez más instantaneidad y está la incapacidad de nuestros partidos y de nuestras élites de dar respuestas a mediano plazo, a largo plazo. Tienen características particulares.

—Observemos el típico mapa de América Latina pintado casi de un solo color, ¿ves a la derecha actuando como bloque, así como alguna vez actuó la izquierda latinoamericana? ¿O hay diferencias sustanciales?

—Así como había distintas izquierdas, que poníamos todo dentro de la izquierda —y no era lo mismo la izquierda de (Hugo) Chávez que la izquierda de Tabaré Vázquez, que la izquierda de Lula o incluso el primer (José) Mujica—, las derechas también son distintas. Y algo que repito mucho es que no es lo mismo el conservador que el liberal. Hoy están todos dentro de ese paquete enorme que llamamos la derecha. Lo cual es un problema, porque yo estudié que a la derecha está el fascismo. Y fascismo es una forma de colectivismo. El comunismo, que está a la izquierda, también es otra forma de colectivismo. El liberalismo es individualista. Desconfía del poder y desconfía del Estado. Ahora, cuando vos imponés alguna forma de paternalismo, le cruzás nacionalismo, le cruzás algo de religión, que puede ser de Iglesia Católica o de iglesias evangelistas, tenés algo más conservador que liberal. Entonces me parece que ahí tenemos un problema. Está bueno que, así como no hicimos el ejercicio de distinguir esas izquierdas moderadas, centristas, esas izquierdas que pensaban en el mediano y en el largo plazo respecto de aquellas que solo querían construir poder alrededor del líder y eran más radicales, y que muchas terminaron no solo erosionando la democracia sino autocratizándose, hoy tenemos que hacer el esfuerzo de distinguir que no es lo mismo (Niyab) Bukele que (José Antonio) Kast, Kast que (Javier) Milei, Milei que (Flávio) Bolsonaro, y así. Para afuera, entiendo que actúen como bloque.

—En cuanto a Brasil, lo primero que salta a la vista es cómo le erraron las encuestas al ganador de la primera vuelta.

—Todos dicen que todas las encuestas, en la ficha técnica, te dicen que tienen un 3 o un 5% de margen de error. Ok, pero ninguno puso que “dado este 3 o 5 % puede ganar Bolsonaro”. Todos dijeron que ganaba Lula. Lo que vemos ahora es la película con nuestro diario del lunes. Por otro lado, lo que se desprende es que, si esto es así, significa que lo que te transmiten las encuestas tiene sesgo, porque te están marcando que, en este caso, gana Lula. Y algo que no me queda claro es, si no es esta la explicación, si al ciudadano le da vergüenza expresar su voto. Como pasó en el 2023 con las PASO: nadie vio venir a Milei.

—Jair Bolsonaro está preso y su candidato, camino al balotaje. ¿Se puede leer esto como una buena noticia para Cristina Kircher?

—Yo le leí así también. El mensaje para Cristina es que le podés transferir tus votos a alguien. Antes que nada, es importante decir que tiene condena firme. No estamos hablando de un lawfare, un proceso de persecución política. Está probado el delito. Dicho esto, podría ser una buena noticia. El problema es: supongamos que Cristina dice que (Axel) Kicillof es su candidato. Yo no sé si Kicillof quiere estar condicionado por que ella le “prestó” los votos, que los votos son de ella. No sé quién sería capaz de aceptarlo, quién sería el Alberto Fernández capaz de aceptar de que los votos son prestados y que en todo caso sería un títere de Cristina. No sé si es Máximo (Kirchner). Por otro lado, gran parte del militante argentino, pero también hay mucho periodismo, dice que que Cristina esté presa le hace un daño a la democracia. No: el delito de corrupción no condenado le hace un daño a la democracia.

Constanza Mazzina, politóloga argentina.

Constanza Mazzina, politóloga argentina.
Foto: Estefanía Leal.

—¿Qué lectura que debería hacer el peronismo de Brasil, ahora que probablemente Flávio gane el balotaje? O el Frente Amplio, que también se jugaba todo a que ganara Lula, y de no ser así, puede que el gobierno tenga que reconfigurar su posición hacia afuera.

—En primer lugar, Lula es un hombre de 80 años a punto de cumplir 81. Es del 1945. Es decir, no es un buen candidato. Y el problema de Cristina, de Lula, que acá pasó con Tabaré Vázquez y Mujica, es que no tienen sucesores. No han creado nuevos liderazgos que se instalen o que tengan ese mismo acompañamiento por parte de la sociedad. Eso es un problema. ¿Cristina va a poner a Máximo solo porque se llama Kirchner? Ahí tenemos un problema de obturación de nuevos cuadros, de nuevos liderazgos. El caso de Lula es el más patente, porque hace 60 años que pivotea en la política de Brasil y nunca apoyó un sucesor excepto a Dilma, y le salió horrible. Pero desde Dilma hasta acá pasaron más de 10 años y tampoco tenés hay hoy un buen candidato del PT. Eso también explica por qué Lula perdió: porque fue solo. Y tenés todo el resto de los partidos presentándose en las otras 12 listas. Más la de Lula, eran 13 candidatos a la presidencia en total, que no le sacaron votos, pero tampoco acompañaron. Yo creo que Lula se quedó con la imagen de sí mismo de 2003 -2010, con la imagen del PT fuerte en los estados del nordeste y que con eso alcanzaba. Y ahora, tanto en el Frente como en peronismo, ¿cuál es la renovación generacional? Porque acá está el otro punto que Lula no entendió. El que te votó en el 2003, en el 2000, o supongamos, en el 2010… Ya pasaron 16 años. El chico que hoy tiene 18 años, esa parte no la vivió. Lula es un hombre de 80 años al que conocen sus abuelos, o al que estudió en la escuela. También hay un problema generacional de este discurso de en términos peronistas de “combatiendo al capital”. Eso no interpela hoy a un chico de 18, 20 años. ¿Y qué problema tiene ese chico que quizá vive en cualquier estado de Brasil, cualquier provincia de la Argentina, clase media, media-baja? El problema de la inseguridad. Y a ese chico Lula no le habla. Al chico que hace Rappi, tampoco. Y el peronismo tampoco le está hablando.

Una de las cosas que hizo Lula, que muestra la desconexión con el humor social fue el tema de las apuestas, en un país donde lo que mueve millones es el fútbol. Y los clubes de fútbol se le plantan a Lula. Lo otro fue su planteo de que cada uno puede tener una sola tarjeta de crédito por el índice de endeudamiento en Brasil. Es horrible. Si vos querés tener tres tarjetas de crédito, trabajar con tres bancos, no te pueden coartar esa libertad, que es parte de tu libertad económica de disponer de tu plata. Eso tampoco lo entendió. Es muy parecido al peronismo 1947-50; Perón diciendo por la radio “del trabajo a casa y de casa al trabajo” para que la gente justamente no apostara, no despilfarrara y todo fuera al ahorro. Es la misma lógica, solo que pasaron 70 años y otra vez le vas a enseñar al ciudadano, al individuo, qué es lo que tiene que hacer con su plata. Si esto es así; si en el 2026 le tenés que enseñar eso, es porque tus 20 años de políticas fracasaron.

—En general, ¿estás de acuerdo con que ya no hay grandes líderes democráticos?

—A mí me faltan esos líderes. No solo que promuevan la democracia, sino que también digan que hay una ética democrática, una ética de la política. A pesar de no ser alfonsinista, y de que me parece que (Raúl) Alfonsín fue malo en muchos sentidos, sobre todo económico, si yo miro nuestros 40 años de democracia argentina, los veo con Alfonsín, ustedes con (Julio María) Sanguinetti, (José) Sarney en Brasil, después vino (Patricio) Aylwin en Chile, pero también vino (Ricardo) Lagos, y en todo lo que vino después hay una decadencia cada vez más pronunciada. Y no encuentro un liderazgo ni en el Secretario General de las Naciones Unidas, por ejemplo. No esos liderazgos democráticos, prodemocráticos, referentes. Y eso también explica por qué nos agarramos de lo que podemos. Los de ahora son los líderes que supimos construir, de alguna manera.

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