GEORGIA, EE.UU.
La cuestión excita a los medios y divide a los estadounidenses: ¿hay que inculpar a Jennifer, que cuatro días antes de su casamiento se arrepintió, viajó secretamente al otro lado de Estados Unidos, provocando que la policía la buscara, y que cuando apareció fingió haber sido secuestrada?
Desde hace una semana "la novia fugitiva" —una linda joven de pelo oscuro asustada por el compromiso de tener que darle el "Sí" a su novio, John Mason— moviliza a la prensa estadounidense.
El 26 de abril, Jennifer Wilbanks —de Duluth, pequeña ciudad de Georgia— salió a correr y no volvió. Cuatro días más tarde, el sábado, se iba a casar.
Cientos de los invitados a lo que iba a ser una boda fastuosa contribuyeron a su búsqueda, pero no había rastros hasta que, el viernes, la joven se comunicó: estaba en Nuevo México, en el otro extremo del país. Tenía el pelo corto, lloraba y decía que había sido secuestrada.
El asunto conmocionó a los medios, pero pronto se supo que lo que en realidad ocurrió es que en vez de salir a hacer ejercicio, Jennifer entro en pánico pre boda: se cortó el pelo y subió a un ómnibus hacia Las Vegas.
El final de la historia es increíble, pues la novia apareció arrepentida, el novio la perdonó, confía en ella y mantiene la oferta de matrimonio —aunque sus padres aún dudan—, pero las autoridades y gran aparte de la población opinan que Jennifer debe ir a la cárcel por haber simulado un secuestro y ser obligada a pagar el costo de su búsqueda policial a nivel nacional. AFP