TEHERAN EL PAIS DE MADRID y ANSA
"Viernes, ¿sí-no?" El breve mensaje de texto que ayer inundó los teléfonos celulares resume el dilema que muchos de los 46,8 millones de iraníes con derecho a voto afrontan hoy ante las elecciones presidenciales.
No se trata de un plebiscito, pero la duda es votar o no votar. Sometido a una gran presión interna y externa, el régimen ha convertido la participación en una prueba de legitimidad, en tanto que los sectores más críticos promueven el boicot. Tras la campaña más competitiva desde la revolución islámica, no está claro que ni siquiera el favorito salga elegido en la primera vuelta.
Los ocho candidatos fueron aceptados por el Consejo de los Guardianes, corte constitucional conservadora, sobre un total de 1.014 que habían solicitado participar de los comicios.
La campaña electoral se vio empañada en las últimas semanas por varios atentados y hechos de violencia que causaron muertos y heridos.
Como ocurre desde la revolución de 1979, se les prohibió presentarse como candidatas a las mujeres. Este año eran 89 las que habían solicitado permiso para postularse. Ayer la policía dispersó una manifestacion de mujeres que reclamaban más derechos.
La carrera se inició con un ganador claro, el ex presidente Alí Akbar Hashemí Rafsanyani, y siete comparsas. Sin embargo, a lo largo de tres semanas de campaña, dos de los candidatos iniciales han logrado hacerse con un hueco más que simbólico en las intenciones de voto.
Más allá de unas encuestas cuya fiabilidad resulta dudosa, son las movilizaciones populares y los apoyos obtenidos los que han colocado al reformista Mostafa Moin y al conservador Mohamed Qalibaf en distintos puestos del podio junto al esperado triunfador.
Ayer fue dispersada una manifestación de un centenar de mujeres iraníes que reclamaban libertad y democracia y se efectuaron algunos arrestos, informaron fuentes locales. El favorito para ganar es Ali Akbar Hashemi Rafsanjani, quien según las encuestas no logrará obtener una mayoría absoluta, y deberá a ir a segunda vuelta.
Muchos candidatos, y en particular Rafsanjani, han recurrido a tácticas populares para llamar la atención del público.
En días recientes, muchachos y muchachas muy maquilladas, algunos de ellos ataviados con turbantes multicolores y provistos de patines, distribuyeron carteles de propaganda en favor de Rafsanjani y pegaron fotos del candidato en los automóviles de sus seguidores.
Rafsanjani, un candidato que ha fluctuado entre los campos reformista y conservador, trata ahora de presentarse con una agenda moderada, y dijo que, de ganar la presidencia, responderá positivamente a cualquier gesto de buena voluntad de Washington.
Muchas jóvenes defienden a Rafsanjani, por temor de que las libertades obtenidas durante el gobierno del presidente saliente Mohammad Jatami sean abolidas tras la victoria de un candidato intransigente.
Una elevada asistencia a las urnas reforzaría a Teherán en las negociaciones nucleares con Europa y ante las poco veladas amenazas de cambio de régimen por parte de Estados Unidos. El presidente George W. Bush calificó de poco democráticos los comicios de hoy.