JIEGU | Centenares de cuerpos fueron incinerados ayer en la provincia china de Qinghai para evitar la propagación de epidemias, tres días después del sismo que causó 1.339 muertos, más de 400 desaparecidos y dejó 11.849 heridos, según el gobierno.
Los cuerpos de hombres, mujeres y niños fueron llevados en camiones hasta el lugar de la incineración, en Jiegu, cerca del epicentro del sismo, y alineados por monjes budistas en una zanja de 150 metros, sobre un lecho de maderos. Para las autoridades, la preocupación es sobre todo sanitaria, con el fin de evitar que se propaguen las enfermedades con la presencia de cuerpos en descomposición.
Tras la visita del primer ministro chino Wen Jiabao, los socorristas comenzaron a organizar la ayuda para los 100.000 damnificados que carecen de alimentos, agua y electricidad y en condiciones climáticas difíciles. AFP